El año 2020 arranca con presión, desde distintos ángulos, sobre el mercado de granos. China está afectada por dos virus, el de la fiebre de los cerdos y el corona, técnicamente Covid19. Ambos significan menos demanda de granos, uno porque mata a los cerdos, el otro porque aleja a la gente de los restaurantes, donde se consume mayoritariamente carne, producida en base a granos. Y el coronavirus se dispersa fronteras afuera alimentando un freno fuerte en la economía mundial. Es decir que la demanda, para todas las materias primas, está complicada.
Por otro lado, la oferta de Estados Unidos se recuperará tras un 2019 en el que las siembras fueron afectadas por exceso de lluvias. Si el clima es normal, como parece, la producción será récord para maíz y crecerá muy fuerte en soja. Los bajos precios no quitan optimismo a los agricultores estadounidenses, que todavía celebran las ayudas del presidente Donald Trump y el acuerdo con China.
Esperando que pase el sacudón para ver el rebote
Pasado el sacudón, es posible que la demanda de carne se recupere muy fuertemente. En China la ración ni siquiera puede transportarse y a las anteriores muertes de cerdos ahora se agrega la muerte de millones de pollos que se han quedado sin comida. Y, mientras, también cae la demanda de granos, porque la carne se come principalmente en restaurantes y la gente no concurre a un lugar que genera riesgo de infección.
La demanda, pasada la epidemia rebotará, y eso sostiene al precio del ternero, partiendo de que en un plazo mayor a un año seguramente esto quedará superado. Pero en el corto plazo hay pocas chances de recuperación de precios.
Otro enemigo: falta de lluvias en muchas zonas del país
A lo anterior, en el caso uruguayo, se suma y con urgencia la falta de agua. Las lluvias han sido muy justas hasta ahora, favorables desde Young al norte, aceptables entre Young y Mercedes, completamente deficitarias en una amplia franja en el sur del país que abarca el sur de Colonia, casi todo San José y Canelones y partes de Lavalleja, Maldonado, Rocha, Treinta y Tres y Cerro Largo. Será fuerte la caída de la producción, no solo en Uruguay, también en Río Grande del Sur y zonas de Argentina. Si las lluvias no llegan en la segunda quincena de marzo, el riesgo se irá expandiendo sobre Uruguay y Argentina.
A nivel privado en Uruguay las estimaciones de producción de soja y maíz bajan día a día, aunque en opinión del agrónomo Esteban Hoffman, director de la consultora Unicampo, solo se podrán estimar una vez que llueva.
Empresas exportadoras ubican las pérdidas en el orden de 500 mil toneladas hasta el momento, desde algo más de tres millones a un rango posible de 2,5 a 2,6 millones.
Con cotizaciones que apenas superan US$ 300 por tonelada, los bajos rendimientos harán muy cuesta arriba la cuenta de los productores arrendatarios que absorberán los US$ 150 millones que se perderían en soja y los US$ 40 millones que se perderían en maíz.
No son, claro está, los únicos que pierden. Los productores lecheros están consumiendo las reservas que tenían para el invierno, tratando de que las vacas que están pariendo mantengan una buena situación nutricional. Y los problemas en la carne son conocidos.
La novedad de febrero fue la confirmación de un fuerte aumento del área agrícola de Estados Unidos, que puede poner paños fríos a los precios. Se agregará a una buena producción en Brasil y Paraguay y una aceptable en Argentina.
Brasil va rumbo a una gran cosecha en casi todo el territorio. De Porto Alegre al sur habrán daños importantes. Pero en el resto del territorio cabe esperar una gran cosecha.
Por ahora la estimación es de un récord de 125 millones de toneladas, que seguramente se recorte a niveles similares a la mayor cosecha que ha tenido hasta ahora, 122 millones.
Con esa cosecha ya levantándose en el norte de Brasil, la perspectiva de una siembra importante en Estados Unidos compicará.
La expansión del área de producción en Estados Unidos
La primera proyección conocida el viernes pasado por parte del Departamento de Agricultura de Estados Unido (USDA) proyecta que el área de soja en ese país aumentará en casi 4 millones de hectáreas en la próxima primavera, a 34,4 millones de hectáreas, casi 12% de aumento respecto a las 30,8 millones del año pasado.
Cabe recordar que la del año pasado fue una superficie sembrada excepcionalmente baja por la guerra comercial con China, que supuso un desestímulo muy importante.
Ahora está restablecida en teoría la exportación de Estados Unidos a China, pero con grandes dudas respecto a cuándo ese comercio se podrá hacer efectivo dados los problemas que causa el coronavirus.
También aumentaría en maíz, posiblemente llegando a un récord histórico, al pasar de 36,3 a 38 millones de hectáreas un aumento de 4,8%. Esto llevaría a producciones récord de maíz, que se acercarán por primera vez a los 400 millones de toneladas. La primera proyección es de 393 millones de toneladas, lo que supone un aumento de 43 millones de toneladas o 13% respecto al año pasado.
En el caso de la soja el aumento de la producción sería absorbido por la exportación, según las primeras proyecciones del USDA. Una mirada que muchos analistas consideran excesivamente optimista, porque hasta el momento China no ha concretado las compras acordadas en la fase 1 del acuerdo firmado con Estados Unidos.
Corona virus mediante, en lo que va del año las exportaciones de soja de Estados Unidos vienen en un nivel bajo.
Si se cumpliera la proyección de los técnicos del USDA, aún aumentando la producción, el stock de soja de Estados Unidos bajaría y quedaría por debajo de 10 millones de toneladas, algo que daría soporte al mercado. Pero eso no sucederá.
El USDA pronostica un crecimiento leve en las exportaciones de maíz de Estados Unidos, lo que llevaría a un fuerte aumento del maíz en stock, el mayor registro desde fines de los años 80. Algo no tan grave para el mercado uruguayo que ve años tras año un crecimiento fuerte de la demanda de maíz, aunque sí complica la perspectiva de un Uruguay exportador del cereal.
El intervencionismo irrumpe
Para complicar más los pronósticos, Donald Trump ha planteado ayudas extraordinarias para hacer un puente entre la situación actual de comercio paralizado y la situación futura de compras mayores de China. Las ayudas pueden ser otro factor distorsionador de las decisiones de siembra que se están tomando en estos días, a la espera de la primavera del hemisferio Norte.
La sugerencia del presidente Trump de que si sus acuerdos comerciales con China y otras naciones son lentos, “la ayuda será pagada por el gobierno federal”, alienta a los agricultores a plantar más superficie esta primavera de lo que estaría justificado.
A pesar de los bajos precios el sentimiento de los agricultores es eufórico, según el Barómetro de Economía Agrícola de la Universidad de Purdue. La lectura de febrero subió un punto por encima de enero para alcanzar un récord de 168 (cualquier número superior a 100 se considera positivo).
En síntesis, cosechas más magras a las del año anterior en Uruguay es un dato ya seguro. Y precios más bajos son también un dato casi seguro.
Las perspectivas
La agricultura uruguaya tuvo un año terrible en 2018, uno muy favorable en 2019 y en 2020 al sur ya es seguro que será adverso, mientras que en el resto dependerá, si es mediocre para abajo o para arriba, de las lluvias de lo que queda de marzo. Pero en general, los problemas financieros de los que empezaba a salir la agricultura permanecerán un año más. Y es factible que el poder remontar tenga que ser con persistencia de precios flojos en el mercado internacional por un período prolongado para el principal cultivo de Uruguay.
Juan Samuelle