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Los gatos del feminismo radical y sus cretinos útiles

La prédica de igualdad entre hombres y mujeres naufraga en un mar de contradicciones

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30 de noviembre de 2017 a las 05:00

Para el feminismo militante y sobre todo para el radical, todo el que no esté de acuerdo con él es un machista y otras cosas, expresadas en estos días tan sensibles a través de las redes sociales en forma de insulto y de esta modalidad, alentada por la hidra anónima, que es el linchamiento público. Es la hora de la turba.

Las agrupaciones feministas locales –sin las cuales no habría habido marchas ni lobby de presión sobre el sistema político– lograron instalar en la agenda la violencia ejercida contra las mujeres. Es un gran logro.

Buena parte de quienes lideran esas organizaciones saben mucho de militancia, ya que provienen de partidos de izquierda, algunos con proyectos políticos frustrados y otros que siguen bregando en la actualidad.

Pero la oportunidad de este debate –con ribetes violentos por parte de quienes dicen propender a la tolerancia– viene al caso para señalar cómo en una clara estrategia en la que el fin justifica los medios, las agrupaciones feministas –no digo las militantes de a pie que acompañaron algunas marchas– metieron, en este discurso único que pretenden imponer, varias liebres, que en realidad son gatos.

El gato político

Me llamó la atención en las reacciones leídas en algunas redes la falta de autocrítica contra este discurso único exhibida por algunas mujeres a las que conozco personalmente y sé qué piensan de la libertad y sé la ideología que profesan.

No sé si todas quienes participan tienen idea de qué concepción ideológica anida detrás de las justas consignas que piden fin a la violencia contra las mujeres.

En una publicación de Cotidiano Mujer se recuerda a la investigadora feminista uruguaya Silvia Rodríguez Villamil en una de cuyas publicaciones señala que la segunda ola feminista se caracterizó entre otras cosas por "el progresismo político y la influencia de las ideas de los partidos de izquierda".

Aparece el vínculo entre patriarcado y capitalismo que rige hoy en el discurso de las feministas locales, y que en una ausencia absoluta de autocrítica nunca vi cuestionado por mujeres militantes que, lo sé, no osarían cuestionar el capitalismo, y que en algunos casos hasta integran movimientos políticos que lo reivindican.

"El feminismo cobra pleno sentido cuando se integra a un gran proyecto político liberador (...) teóricamente (al menos) es imposible ser comunista y no ser feminista", dice Rodríguez en este trabajo.

En las últimas semanas, en una nota en La Diaria, Ana Laura de Giorgi escribió: "Si no queremos un feminismo neoliberal, necesitamos uno de izquierda y, para eso, la izquierda tiene que estar dispuesta a incorporar la cuestión del patriarcado en su agenda de denuncia e intervención política".

¿Qué opinarán de esto algunas señoras a las que vi indignadas por mis discrepancias con determinada forma de feminismo? Doy por sentado que ellas no las tienen, pero también que más de una está comprando gato por liebre acerca de las intenciones detrás de algunas reivindicaciones, repito, más que defendibles, como la no violencia.

El gato de la igualdad

El diccionario dice que el feminismo es la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres. Pues bien, no es eso lo que veo en los dichos y acciones de los últimos tiempos en Uruguay.

¿Cómo va a ser búsqueda de la igualdad impulsar una norma que lo que consagra es una agresión al principio de igualdad ante la ley de todos los seres humanos?

Dice la ley de femicidio que es más grave matar a una mujer en su condición de tal que a un hombre, pero sobre todo a seres mucho más frágiles que las mujeres, como los niños.

Dicho sea de paso, ley votada a presión gracias al lobby que logra la organización de las mujeres y que no servirá para nada como no han servido otras leyes represivas.

Militantes feministas (y también legisladores) que criaban colibríes y en su condición de progresistas estaban en contra de aumentar las penas, impulsaron la ley de femicidio que aumenta penas, ingresando en una contradicción que lo único que busca es una señal política de triunfo, porque en los hechos, como ellas mismas lo señalaban cuando hablaban de rapiñas u otros delitos, aumentar penas no cambiará nada y no está cambiándolo.

¿Cómo van a impulsar la igualdad si dejaron a los niños no solo fuera de la ley sino de las reivindicaciones y de las marchas?

Cuando planteé en Twitter que mi prioridad son los niños, hubo algunas mujeres (no sé si de puro mentirosas o porque se lo creen) que dijeron que las marchas son por todos y que hubo pancartas por los niños.

La convocatoria fue bajo dos consignas: "Tocan a una, tocan a todas" y "Ni una menos".

Tan sensibles que son con el lenguaje inclusivo, justo acá, en una cosa globalizadora, donde dan la señal de lo que reclaman y esperan, justo en esto, ¿se les fue la tortuga con lo del lenguaje inclusivo? ¿Dónde cuernos entra en "tocan a una" y en "una menos" este nene, este otro y este otro?

¿Dónde entran, señoras, en su particular búsqueda de la igualdad?

Cuando pregunté por qué no había marchas por los niños me respondieron con desprecio que las organizara yo, como si los pibes fueran una cosa que puede pasar de mano en mano. Yo no voy a organizar nada, primero porque las militantes rentadas por ONG y expertas en esto están de su lado y luego porque no creo en las marchas. ¿Tengo derecho a no creer en las marchas o el discurso único me dirá displicente? Pero ustedes que sí creen...: igualdad.

La mirada de estas organizaciones huele a veces a venganza y a poca eficiencia, a regodeo en el dolor y pocas ideas que salgan del momento concreto de la puñalada o el tiro fatal, algo que ya no tiene marcha atrás.

Por eso cuando digo que preocupándome de los niños pienso que me preocupo más por la violencia de género, algunos no entienden o se hacen los que no, sabiendo como ya se sabe cuáles pueden ser los efectos en el futuro de un niño violentado (ver notas al pie de esta columna).

Cuando digo que el 72% de los menores asesinados son varones no lo hago para engañar con cifras sino para contextualizar que si lo que de verdad les importa es la violencia toda y no solo contra las mujeres (igualdad ¿no?) esa cifra asusta. ¿De verdad creen que esa violencia que mató a niños aunque fuera en el contexto de un ajuste de cuentas no tiene ninguna relación con la otra, con la violencia entre cuatro paredes? Gasten un poco de lo que reciben del exterior en asesores que aporten algo más que consignas.

No hablemos del 72%. Si nos centramos en las niñas asesinadas, fueron 17, contra 12 varones, una diferencia que no le hace en ningún sentido y que si fuera mayor en uno u otro sentido deberíamos usarla para considerar a las niñas como lo que son, niñas y no mujeres, así como son niños y no hombres.

Así como sabemos que los asesinos son minoría, sabemos que los niños violentados en sus hogares son mayoría (60%).

¿Cuántos reclamos se centran en educar desde pequeños en la no violencia? ¿Cuántos en el victimario no como un animal despreciable sino como un tipo que va a salir en libertad y para el que hay que pedir atención aunque duela y los ursos de la red te digan pro chorro?

Si el debate se agota en que los hombres violentos son producto del machismo, ¿qué lugar les damos a las mujeres que, en mucho menor grado, dos por tres asesinan a sus hijos como a perros? Hay un casillero para ellas y para tratar de comprender que las razones de la violencia ejercida por una mujer pueden tener el mismo origen que la ejercida por algunos hombres (igualdad).

¿En qué momento y lugar esta búsqueda de la igualdad analizó el dato según el cual entre los niños que sufren algún tipo de violencia la principal agresora es la madre que vive sola? No lo digo para minimizar la responsabilidad de los hombres. Pero no se les va a caer ninguna medalla porque por un momento saquen del foco a los hombres y analicen ciertos comportamientos de la mujer (igualdad).

Lograron colocar el tema de la violencia contra la mujer en el centro del debate. Muy bien. Ahora están siendo ineficientes en recorrer caminos de prevención y tratamiento porque para eso hay que aflojar el puño cerrado, pero la manija es grande y parece que se está en pleno combate.

Sé que vendrán más insultos, pero volví a escribir sobre esto por dos o tres razones: desprecio la mentira solapada de buenas intenciones; desprecio los intentos por imponer un discurso único a los ponchazos; y pienso que en ocasiones el acto más revolucionario es molestar, algo que a la vez no me disgusta. Y sabiendo, como sé, que los mentirosos, los cultores de la doble moral que te habla de igualdad y te contrabandea lucha de clases (¿lucha de géneros?), y los autoritarios del discurso único con su cohorte de cretinos útiles, son propensos a enojarse cuando los contradicen, no me queda otra que, si tengo tiempo y ganas, sentarme a disfrutar del rebote.

Nota del autor: si les interesa leer artículos que refieran a los uruguayos más frágiles y el trato que reciben, tienen aquí cinco notas publicadas en El Observador al respecto.

1- https://www.elobservador.com.uy/uruguay-y-sus-abuelos-egoistas-la-venganza-sera-terrible-n1141887

2- https://www.elobservador.com.uy/el-uso-y-abuso-una-nina-parte-las-bandas-feministas-n1129224

3- https://www.elobservador.com.uy/uruguayos-condenados-antes-nacer-n1101233

4- https://www.elobservador.com.uy/a-los-seis-meses-los-ninos-ya-estan-socializados-n1095146

5- https://www.elobservador.com.uy/felipe-y-los-otros-ninos-olvidados-n1061745

6- https://www.elobservador.com.uy/lustemberg-el-80-del-partido-la-seguridad-publica-se-juega-la-ninez-n1010126.

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