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Los hitos de la errática campaña de Daniel Martínez

El frenteamplista se había destacado en la IMM por tener detrás una sólida estrategia comunicacional; la carrera presidencial mostró todo lo contrario

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25 de noviembre de 2019 a las 05:01

Por Gonzalo Charquero y Martín Tocar

Daniel Martínez decía que no sabía, pero todos sabían que sí. Desde que le arrebató a Lucía Topolansky la Intendencia de Montevideo en 2015, y mucho más a partir de la caída en desgracia del vicepresidente Raúl Sendic, el nombre del ingeniero socialista se ganó su lugar como opción firme para liderar en 2019 la lucha del Frente Amplio por un cuarto gobierno consecutivo.

Desde el sillón municipal –consciente de que una buena gestión lo proyectaría como presidenciable– Martínez reforzó su imagen de buen gestor y hombre de diálogo; de director de equipos que trascendieran los equilibrios sectoriales. 

Detrás tenía una sólida estrategia comunicacional, pero la carrera presidencial mostró todo lo contrario. Durante el último mes y más allá del ajustado resultado final, tanto en el Frente Amplio como en el entorno de Martínez asumieron que la estrategia fue errática y nunca logró imponer los tiempos de la campaña. El conflictivo proceso de elección de la fórmula, la polémica por el título de Graciela Villar, sus dichos sobre oligarquía y pueblo que se alejaban del libreto de campaña, los cuestionamientos por la irrupción del Gucci, cambios en el comando y otros varios mensajes contradictorios tiñeron de incongruencias la campaña del oficialismo.

Hacia junio

Con la prédica de evitar la “campaña eterna”, Martínez demoró en salir al ruedo a tiempo completo. Incluso después de que el Frente Amplio lo proclamara precandidato a fines de 2018, el intendente remarcaba su intención de dilatar lo más posible la permanencia al frente de la comuna. 

Ya por entonces generaba incertidumbre quién quedaría en su cargo una vez que se lanzara de lleno a la campaña electoral. Los coqueteos del astorista Óscar Curutchet con la AUF y la falta de confianza en Fabiana Goyeneche hicieron que la tarea recayera en el tercer suplente, Christian Di Candia. 

Cuando Martínez renunció finalmente a la IMM en abril y pisó el acelerador de su campaña, el nacionalista Luis Lacalle Pou le llevaba varios meses de ventaja en kilómetros recorridos. Ya antes el expresidente José Mujica –que amagó hasta al final con postularse– había advertido que Martínez no calzaba con el interior del país. En el equipo del candidato contestaban a sus dichos con encuestas que mostraban al intendente de Montevideo con guarismos de conocimiento en todo el país similares al líder del MPP. 

Como precandidato tomó algunas licencias en los primeros meses de 2019 para hacer giras pero su foco en Montevideo en los últimos años lo distanció del interior, el feudo electoral donde los nacionalistas se hicieron fuertes en octubre y en noviembre. 

Si bien Lacalle Pou terminaría el año habiendo recorrido muchas más localidades que Martínez, dirigentes cercanos al frenteamplista señalaron a El Observador que no creen que volver una y otra vez a cada lugar hubiera movido demasiado la aguja. 

Lo cierto es que sin una interna competitiva, en la que además reinó la calma y la unidad entre los frenteamplistas, el entonces precandidato no se vio obligado a quemar las naves hasta junio. “El Pelado” ganó la interna casi sin despeinarse y evitando los errores no forzados, pero la carrera hacia octubre exigiría tomar la iniciativa. 

Cuesta arriba

A diferencia de lo que había sido el trayecto hasta junio, tras las internas todo se hizo cuesta arriba. 

El primer gran escollo, visible desde el propio 30 de junio, fue la elección de su vice. Mientras que Lacalle Pou aprovechó los días anteriores a las internas para definir la fórmula presidencial y dejar atrás las heridas entre los blancos, Martínez dejó para julio esa decisión –argumentando que haber anticipado una estrategia implicaba una actitud “soberbia”– y tuvo una ronda de reuniones a los ojos de la prensa, en la que dejó claro que pretendía guiarse con sus propias recetas, incluso contra los consejos de Vázquez, Mujica y Astori. 

La gira mediática generó gran malestar en el oficialismo, al punto que el dirigente comunista Juan Castillo se quejó de que Martínez había hecho “un casting” para elegir, finalmente, a Graciela Villar, una exedila poco conocida por la opinión pública y a quien Carolina Cosse –que había reclamado ese lugar– tuvo que “googlear” para recordar su rostro.

 

Cuando parecía que esas fisuras habían quedado atrás, otros tropezones aparecieron en el camino. Primero salió a la luz que Villar se presentaba como psicóloga social, un título que nunca tuvo formalmente. Luego la candidata a vicepresidenta se salió del libreto durante el Plenario del FA cuando anunció que la elección sería “entre oligarquía o pueblo”. Martínez, que la había elegido en parte por su capacidad oratoria, tuvo que bajarle el perfil debido a la polémica, y desde entonces Villar tuvo escaso protagonismo en la campaña.

A todo ello se sumaban los cambios en el equipo. Eduardo “Lalo” Fernández, dirigente de extrema confianza de Martínez y su jefe político de su campaña en la interna, se alejó del comando operativo diario tras las internas. El candidato pidió a Yamandú Orsi que asumiera ese rol, pero el intendente de Canelones dijo que su cargo le impedía una tarea de alta dedicación. Jorge “Chileno” Rodríguez, asesor de Martínez en la Intendencia, asumió como "coordinador" entre el comando y la fuerza política pero la campaña se mantuvo sin un jefe claro. El comando político, creado para articular la estrategia con los sectores del FA, perdió peso a los pocos meses. El puesto de encargado de prensa, nexo entre el candidato y los medios, cambió de mando al menos tres veces desde junio. 

Esas idas y vueltas no demoraron en pasarle factura a Martínez, y hasta con protagonistas inesperados como “El Gucci”. El cantante de música tropical se reunió con Martínez para comunicarle que se presentaría a Diputados con el grupo Baluarte Progresista. Cuando la foto entre ambos llegó a los medios de comunicación, arreciaron las críticas de sectores feministas que recordaron las denuncias del artista por acoso sexual. Martínez, que había quedado involucrado directamente en el asunto, se vio presionado a pedirle que retirara su candidatura, pero el Gucci respondió con declaraciones incendiarias y un juicio por difamación. Allegados a Martínez dijeron que su “dificultad para decir que no” lo puso en ese tipo de aprietos. 

Mientras esos traspiés debilitaban el liderazgo de Martínez, el Frente Amplio tampoco terminaba de encontrar el mensaje adecuado para conquistar votantes. El candidato, que había empezado la campaña con un tono conciliador y abierto a los acuerdos interpartidarios, pasó gradualmente a un terreno confrontativo que le era ajeno. Llamó a acordar políticas de Estado pero al mismo tiempo expresó su desconfianza respecto a las promesas de la oposición. Insistió que de un lado estaban los “progresistas” y del otro los “conservadores”. 

Aunque en las semanas anteriores a la primera vuelta el FA se confió en que el triunfo era posible, el mazazo del 27 de octubre dejó a Martínez al borde del nocaut y en la campaña del balotaje los errores se exacerbaron. Volvieron los cambios en el comando –esta vez Orsi aceptó asumir como jefe– pero tampoco se encontró un mensaje efectivo. Un día se presentó un gabinete renovador –con figuras como Mario Bergara y Cristina Lustemberg– y a las 24 horas Martínez anunció a Mujica y a Astori como eventuales ministros. 

Con el FA en la cuerda floja, el candidato lució cada vez más aislado y desautorizado por sus propios compañeros de equipo. Visitó a Zabalza y se llevó una crítica ante todas las cámaras y los micrófonos. Su insistencia en su peripecia personal y la relativización del programa frenteamplista le generó cuestionamientos y enojos internos. Remarcó que una victoria de Lacalle suponía el riesgo de una nueva crisis como en 2002 y su jefe de campaña dijo que no estaba de acuerdo. Prometió 90 mil puestos de trabajo y su eventual ministro de Economía dijo no ser amigo de comprometer cifras. 

El miércoles 20 de noviembre, cuando Martínez apareció por primera vez en toda la campaña acompañado en el escenario por la plana mayor del Frente Amplio,  los miembros del comando asumían que estaba “todo el pescado vendido”. La paridad de la elección de este domingo y la euforia del candidato borraron todas esas críticas que cualquier autopsia de campaña podría encontrar con facilidad. 

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