2 de noviembre de 2013 18:39 hs

La Argentina es así. Apenas pasó una semana de la elección legislativa que cambió el panorama político del país, pero parece que hubiese ocurrido hace siglos.

Los debates sobre la recomposición legislativa y los candidatos que aparentaban estar mejor posicionados para 2015 duraron exactamente dos días. En las tapas de los diarios del miércoles ya era imposible encontrar el nombre Sergio Massa. Y la agenda pública había cambiado drásticamente: el fallo de la Corte Suprema, que daba la razón al gobierno y ratificaba la constitucionalidad de la ley de medios pasaba a ser el nuevo centro de la atención pública.

Casualmente, el miércoles la presidenta Cristina Kirchner recibió, por parte de sus médicos y su familia, el permiso para volver a leer diarios e interiorizarse de temas políticos. No podía haber sido un mejor día: en vez de encontrarse con noticias deprimentes –como un revés electoral–, la noticia con la que reinició su vuelta a la política fue la victoria en una batalla político-jurídica de cuatro años contra el multimedios Clarín.

Más noticias

Para el kirchnerismo como movimiento político, el “timing” no podía haber sido más adecuado: el fallo judicial que confirmó la ley de medios provee una excelente excusa para dejar rápidamente atrás la derrota electoral, insuflar de nuevos argumentos al alicaído “relato” y reeditar la mística militante.

De manera que, con más de diez meses de retraso, el gobierno finalmente se dio el gusto de festejar el malogrado 7-D, como se había denominado al pasado 7 de diciembre, el día en el que vencía la medida cautelar que protegía a Clarín. Con una intensa campaña publicitaria, el gobierno había generado una expectativa en el sentido de que a partir de esa fecha el multimedios sería intervenido, pero la justicia impidió ese objetivo, al fallar a favor de Clarín justo cuando estaba por vencer la cautelar.

En un intento por levantar la moral de la militancia, Víctor Hugo Morales –que se ha transformado en uno de los comunicadores más influyentes del universo K–, exponía el argumento oficialista: “La ley de medios tuvo anoche su mayor victoria: la de demostrar como nunca su razón de ser”. Pero hoy la nueva fecha histórica dentro del “relato” es el 29-O.

En consecuencia, hubo un acto de festejo en la plaza del Congreso, donde los mismos candidatos derrotados, que el domingo no habían logrado disimular su pesar por la derrota, ahora tuvieron un motivo auténtico de celebración.

Gabriel Mariotto, vicegobernador de la provincia de Buenos Aires –y ex director del organismo supervisor de medios–, declaró que se le había “piantado un lagrimón” por haber ganado “la madre de todas las batallas”. Y Martín Sabatella, director de Afsca (Asociación Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual), quien tiene a su cargo la aplicación de la ley, pronunció un discurso destinado a insuflar de entusiasmo a la militancia K.

Ese cambio de clima es una de las mayores habilidades que los politólogos le reconocen al kirchnerismo: ser capaz de rehacerse de una dura derrota electoral por la vía de retomar con agresividad la iniciativa política.

“Tras el conflicto del campo, el gobierno reestatizó las administradoras de fondos jubilatorios. En el 2009, luego de perder la elección legislativa, sacó la ley de medios. Este mensaje de poder llega a sus protagonistas, que son los gobernadores, intendentes, sindicalistas y empresarios”, resume el analista de opinión pública Rosendo Fraga.

Ayudita de los enemigos
La mayor paradoja es que al final, el mayor favor político que se le podía hacer a Cristina Kirchner vino desde la Corte Suprema de Justicia. Esa misma que, según se queja desde hace tiempo la presidenta, es en sí misma una corporación, representa los intereses de las otras corporaciones y antepone la defensa de los “grupos económicos concentrados” por sobre el interés popular.

“Ningún presidente, antes de Cristina, había intentado con semejante determinación domesticar al Poder Judicial. Lo hizo mediante la aprobación de seis leyes, en un intento que finalmente se frustró porque la propia Justicia las consideró inconstitucionales”, analiza Sergio Berensztein, director de la consultora Poliarquía.

Lo cierto es que el alicaído kirchnerismo no está como para ponerse exquisito y negar una oportunidad como la que se presenta, de manera que asumió sin complejos la contradicción de su argumento, y salió a reivindicar el accionar de la Justicia.

Así, el propio Víctor Hugo Morales pidió disculpas públicas a Ricardo Lorenzetti, el presidente de la Corte, por haber puesto en duda su independencia.“Este fallo, unas semanas antes, podría haber cambiado el panorama de las elecciones. Si antes de la audiencia era una barbaridad fallar en contra, después ni te cuento. La buena noticia es que el Estado tenía razón en esta disputa”, dijo.

Mientras tanto, Horacio Verbitsky, titular del Centro de Estudios Legales y Sociales, otra figura de fuerte prédica sobre la militancia K, también tuvo expresiones de “buena onda” para con la Justicia.

“La Corte Suprema permitió a la democracia cristalizar un deseo social de 30 años: surgió de una propuesta de 21 puntos de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, debatido en 24 foros, recogidos por el gobierno en un anteproyecto, que se convirtió en un proyecto debatido en las dos cámaras del Congreso donde todos los que quisieron pudieron opinar, y luego aprobado con una amplia y heterogénea mayoría en el Parlamento”, destacó Verbitsky.
En definitiva, lo que advierten los analistas es que, una vez más, el kirchnerismo ha dado muestras de que nunca debe subestimarse su capacidad de recuperación luego de un traspié político.

“Ha demostrado que ni el Congreso ni la Justicia son un límite infranqueable para sus objetivos políticos. El kirchnerismo desafía y le funciona. Para quien esperaba el derrumbe del oficialismo o una fuga masiva del peronismo advierto que no se va a dar”, observó Rosendo Fraga.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos