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Los líderes de los partidos tradicionales son timoratos

Voto y apoyo al FA, y sostengo que es necesario que se forme una alianza entre el PN y el PC; querría tener la opción de oposición electoralmente viable

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18 de junio de 2018 a las 05:00

Por Nicasio del Castillo *

Los que titubean son los tímidos políticos. El electorado que apoya a los partidos tradicionales ya acepta en forma generalizada la necesidad imperiosa de que formen una alianza, no sólo para gobernar, sino también para poder acceder al poder. El mayor obstáculo a esa alianza es el desmedido temor de los políticos a perder peso relativo dentro de sus respectivos grupos. Esta patética actitud, que Guillermo Stirling calificó de "autismo político", maximiza la posibilidad de que el FA vuelva a prevalecer en las elecciones presidenciales de 2019.

Resulta irrisorio observar la cautela, el tacto y la diplomacia que debió utilizar el expresidente Julio María Sanguinetti para explorar con Luis Lacalle Pou y Jorge Larrañaga la posibilidad de un eventual gobierno de coalición "a partir de 2020". Quizás para no alarmarlos demasiado limitó la duración de la reunión a solo media hora. Les aclaró también que no estaba proponiendo el tabú de una alianza electoral para "ir todos juntos" a las elecciones de 2019.

Para no inquietar a sus propios correligionarios, Sanguinetti resaltó que no asistía en representación del Partido Colorado y que su participación era en calidad de "ciudadano colorado y batllista". Lacalle Pou y Larrañaga se limitaron a mencionar vaguedades sobre "entendimientos programáticos" y "ejes fundamentales". Es difícil imaginar cuáles puedan ser las diferencias sustantivas que hoy separen a blancos y colorados.
El mayor obstáculo a una alianza entre los partidos tradicionales es el desmedido temor de los políticos a perder peso relativo dentro de sus respectivos grupos
Lacalle Pou señaló: "A nadie escapa que vamos a competir". En junio del 2019 los partidos tradicionales tendrán sus internas y elegirán sus respectivos candidatos a la presidencia. De ahí hasta octubre competirán entre ellos por el derecho a enfrentarse con el FA en el balotaje. En esa competencia intentarán fútilmente mostrarle al electorado que las diferencias ideológicas que históricamente los distinguían siguen siendo relevantes en el siglo XXI.

El FA, por su parte, volverá a utilizar la fórmula que le permitió triunfar en las últimas tres elecciones. Las diferencias entre sus distintos grupos, quizá más profundas que las que hoy separan a los partidos tradicionales, se harán evidentes en los próximos meses. La lucha en su interna seguramente será cruenta. A partir de ella, los distintos grupos mantendrán sus respectivos perfiles y continuarán compitiendo duramente por los cargos al Senado y a la Cámara de Diputados. Con respecto a la presidencia y vice presidencia, sin embargo, esas diferencias quedarán a completamente sumergidas y el apoyo será unánime.
Es difícil imaginar cuáles puedan ser las diferencias sustantivas que hoy separen a blancos y colorados.
Dado este ejemplo consistentemente exitoso, uno se pregunta por qué los partidos tradicionales no tratan seriamente de acordar una fórmula similar. De lograrlo, podrían desarrollar un programa de gobierno conjunto y enfocarse, durante ese período crucial entre junio y octubre, a tratar de demostrar que tal programa es superior al del FA.

La excusa que se escucha más frecuentemente es que el sistema del balotaje hace que una alianza entre blancos y colorados no sea necesaria. Los resultados de las últimas elecciones muestran la falacia de este argumento. En 2009, Luis Alberto Lacalle obtuvo en el balotaje casi 68.000 menos que la suma de los votos del PN y el PC en la primera vuelta. En 2014, la pérdida para Luis Lacalle Pou fue de más de 82.000 votos. La promesa de Pedro Bordaberry de ayudarlo para "hacer mierda" a Tabaré Vázquez en el balotaje no sirvió de mucho.

Tengo amigos que me acusan de ser inconsistente ya que, por un lado, voto y apoyo al FA y, por otro, sostengo que existe una necesidad para que se forme una alianza entre el PN y el PC; alianza que, dadas sus posiciones de centroderecha, quizá también debería incluir al Partido Independiente y al Partido de la Gente. Esta posición la baso principalmente en dos razones.

Primero, el FA ha logrado importantes mejoras sociales implementando, al mismo tiempo, políticas económicas que han permitido al país mantener altas tasas de crecimiento en forma sustentable. No hay por qué asumir, sin embargo, que la nueva generación de líderes del FA logrará gobernar al país con la misma efectividad y probidad con que lo hizo la terna de Astori, Mujica y Vázquez. Si esos futuros líderes del FA bajaran el nivel significativamente, yo querría tener la opción de poder votar por una oposición electoralmente viable.

Segundo, toda democracia necesita la posibilidad de una alternancia en el gobierno entre partidos con distintas ideologías y no es saludable que uno de ellos adquiera una posición hegemónica. Con una oposición cada vez más fragmentada, el FA se ha ido consolidando en el gobierno y esa eventual alternancia se torna cada vez más efímera.
El FA ha logrado importantes mejoras sociales con políticas económicas que han permitido mantener altas tasas de crecimiento en forma sustentable, pero no hay por qué asumir que la nueva generación de líderes del FA logrará gobernar con la misma efectividad y probidad con que lo hizo la terna de Astori, Mujica y Vázquez
Como toda sociedad, la uruguaya tiene también problemas serios. Sería ingenuo para los partidos tradicionales creer que podrán llegar al poder simplemente enfatizando esos problemas sin reconocer al mismo tiempo los importantes logros del FA. La senadora Verónica Alonso mostró coraje y honestidad intelectual al comentar recientemente: "Hay compañeros que tienen la tesitura de que cuanto peor le vaya la país mejor". La oposición necesitará líderes como la senadora para poder desarrollar la visión conjunta y positiva de gobierno que el país requiere para mantener tanto su sólida posición económica y social, como su excelente imagen internacional.

* Contador uruguayo que completó el International Tax Program en la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard y ejerció su profesión desde Nueva York.
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