22 de marzo de 2013 22:07 hs

Después de Lost, muchos deconfiaban de la capacidad de J.J. Abrams para controlar sus propios desmadres narrativos y los de sus guionistas. Llamado a ser el Rey Midas de la industria del entretenimiento audiovisual, Abrams capitaneó junto con Alex Kurtzman y Roberto Orci Fringe, una muy ambiciosa serie de ciencia ficción que culminó en enero, y que –ahora sí– dejó a los fans más que satisfechos.

Fringe (límite en inglés) alude a la llamada ciencia límite: esas prácticas científicas que se desarrollan en los bordes de la ortodoxia y que no son aprobadas (por defender hipótesis descabelladas o usar métodos de investigación poco éticos, por ejemplo) por la institución científica.

Posibles imposibles

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Con esta piedra de toque los guionistas se blindaron para hacer verosímiles hechos increíbles, que tenían que ser resueltos por una división secreta del FBI. Bebiendo de muchas fuentes, Fringe tiene claros ecos de Los archivos X: constantemente suceden hechos paranormales y misteriosos, pero donde la serie de los años noventa los justificaba con alienígenas, esta lo hace desde la ciencia y la tecnología.

Aunque en un principio buscaron atrapar a todo tipo de públicos, a medida que avanzó, Fringe tomó el camino que le correspondía. Los arcos narrativos se fueron haciendo más grandes, las dosis de mitología propia de la historia fueron ganando peso, y la presencia de inequívocos rasgos de la mejor ciencia ficción fueron tomando mayor protagonismo, de modo que su público se redujo, pero se volvió cada vez más fiel.

Es sabido que las series son un laboratorio para la creatividad de los guionistas, que pueden llegar a hacer verdaderas virguerías con la ingente cantidad de horas de metraje de las que disponen. Aunque a ratos parecía imposible, con el cierre de la última temporada, se puede decir que han logrado (en algunos casos, eso sí, forzándolo un poquito) hacer justicia a la máxima “todo está relacionado”, pero eso no es lo más notable.

En su desdoblamiento de dimensiones y líneas temporales, o en la combinación de realidades, ucronías, utopías, distopías y otros juegos de posibilidades, la serie ha desafiado la capacidad de comprensión de los espectadores, sacándolos a menudo de su zona de confort y exigiéndoles más de lo que normalmente se espera del público medio.

Según afirman los creadores, Fringe ha evolucionado como ninguna otra, y ha construido un enorme universo que va mucho mas allá de la serie de televisión. Navegando en internet se pueden encontrar sitios web de instituciones o fenómenos que suceden en la serie, hay publicadas tres colecciones de cómics, en YouTube se puede ver una serie de cinco mobisodes, e incluso se editó un disco de pasta de Violet Sedan Chair, una banda ficticia de Fringe.

Último round

Por suerte para aquellos que, a pesar de las cinco temporadas y todas las extensiones de la serie se quedaron con sabor a poco, aún hay más. Para mayo y julio de este año se prevé el lanzamiento de dos precuelas de la serie en forma de novela. Ambas estarán firmadas por Christina Faust, conocida por haber escrito novelas relacionadas a Supernatural o Pesadilla en Elm Street, y quien ha trabajado codo a codo con los guionistas para llevar las historias a buen puerto.

La primera, titulada The Zodiac Paradox, contará las crónicas de Walter Bishop, el carismático científico loco que colabora con la División Fringe, y William Bell, su socio y amigo, cuando en los años 1970 empezaron a experimentar con la ciencia límite, crearon el Cortexiphan y descubrieron la dimensión alternativa.

En la segunda novela, The Burning Man, se relatará con detalle el momento de la infancia donde Olivia Dunham, la protagonista y líder del equipo de investigación del FBI, era inoculada con Cortexiphan, una droga que le dio poderes mentales, además de la capacidad de viajar entre dimensiones.

Con estas dos novelas es muy posible que Fringe cierre definitivamente el telón. Durante sus cinco años de desarrollo, esta serie se ha consolidado como un encomiable ejemplo de a dónde puede llegar la ciencia ficción en el show business televisivo, y ha vuelto a demostrar a la industria del entretenimiento cómo se puede generar valor sin mantenerse en el top ten de la grilla de rating.

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