3 de julio de 2014 9:38 hs

Fede Graña y Javier Cardellino se cruzaron en varias ocasiones pero recién ahora, y sin querer, crearon un disco. “Nos conocimos hace ocho años más o menos en una banda de covers de barrio. Y ahí nos enamoramos. Musicalmente hablando”, contó Graña a El Observador. A lo largo de los años coincidieron en Cursi y tocaron junto a Nicolás Klisich. En 2011 decidieron saltearse el invierno y pasar una temporada de mochileros en Europa. Como buenos músicos, en su equipaje llevaron sus instrumentos y una suerte de estudio de grabación portable.

“Intuíamos que iba a haber mucho tiempo libre e íbamos a componer. Pero nunca pensamos en un disco. Al tiempo ya teníamos un repertorio de canciones que compusimos a lo largo del viaje”, contó Cardellino. Diario de viaje –que se consigue aquí– surgió de esas primeras tomas y varios meses de trabajo posterior en Montevideo.

El viaje fluyó de manera improvisada. Comenzaron en Barcelona, por tener conocidos allí. Siguió Suecia –que fue para ellos una decepción–, Dinamarca e Italia. “Fue sin mucha planificación. Hay lugares donde caímos que no sabía ni que existían”, agregó Cardellino.

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Si bien la idea inicial era llegar a Ibiza, un turista argentino les indicó que correrían mejor suerte en la isla italiana de Cerdeña. A lo largo del viaje se manejaron tocando en restaurantes y boliches o en las plazas y a la gorra. El repertorio variaba entre Bob Marley y The Beatles. “Nos dimos cuenta de que tocar en la calle nos dejaba mucha más plata que por caché. Hay más cultura de artista callejero”, dijo Cardellino. “La gente es muy receptiva, muy buena onda. Arrancábamos a tocar y la gente achicaba. Terminábamos y nos aplaudían. Son cosas que acá nunca pasarían. Son más hinchas de la música”, agregó Graña.

De hecho, como artistas callejeros supieron tener suerte: les llegaron a dar € 50 de propina por tocar una canción.

Entre shows y tardes en la playa, las canciones no demoraron en aparecer. “La inspiración surge gracias al tiempo libre. Tenés tiempo para reflexionar, te alejás de los problemas de todos los días. Había días que estábamos a merced de las cosas que tuviéramos ganas de hacer”, explicó Graña.

Los temas de Diario de viaje, ordenados cronológicamente, revelan ese proceso paulatino de desapego de la vida diaria. I’m driving fue su primera composición. “Es un bajón. Estaba en una situación amorosa complicada y seguía medio mal”, contó Cardellino. La segunda, según afirma Graña, fue “un poquito más avispada”. “Everybody thinks salió porque Javier se compró un ukelele en Barcelona y ahí empezamos a remontar un poquito”, dijo el guitarrista.

Del otro lado del espectro se ubican los funks del disco: Breaking like a dry sausage y Tang juice, compuestas cuando ya estaban instalados en Italia.

Breaking like a dry sausage es un funk que hace honor a su modo de vida en contraste con el de los italianos: a pesar de no tener las mejores pintas, ellos “quebraban” a la par de los lugareños más chic. Por su parte, Tang juice, según afirman, también es otro ejemplo de letras “en joda”. “El funk tiene eso: lo que lo lleva es el ritmo”, detalló Cardellino.

Durante los 15 días que estuvieron en Suecia, surgió A kruna for the train, el tema que abre el disco y que se asemeja más al trabajo que Graña viene realizando junto a su banda, Los Prolijos. “Nos habían pintado a Suecia como un mundo maravilloso y al final era gris y hostil. Lo mejor de todo fue ese tema”, afirmó Cardellino.

En cada locación, los músicos grabaron a colegas que se encontraban en el camino. Italia es representado por un poeta; Senegal aparece gracias a un vendedor de lentes de sol que les regaló una canción; Rumania aparece sin saberlo: un músico les pidió US$ 50 para participar, pero lo terminaron grabando a sus espaldas; y Estados Unidos –país visitado por Cardellino en otra ocasión– prestó sus vientos.

“Todo lo que trajimos del viaje quería editarlo, mezclarlo y que ya saliera el disco”, contó Graña, “pero Javier prefirió grabar los instrumentos mejor. Y terminó siendo una superproducción, por así decirlo. Iba a tener un sonido más bruto, más rústico y ahora se suena todo”.

Tras meses de trabajo encontraron un equilibrio. “El disco mantuvo la frescura que Fede quería y el sonido potente y clarito que quería yo”, afirmó Cardellino.

De hecho, fueron agregando cada vez más instrumentos y se apoyaron en músicos amigos para vestir las canciones. Nicolás Román –miembro de Los Prolijos–, Francisco Fattoruso, Fran Nasser, Micaela Sapín y Sebastián Gavilanés prestaron su ayuda para este proyecto.

El resultado es un puzle musical cosmopolita que revela, entre capas de sonido, los rumbos personales de ambos músicos.

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