10 de junio 2011 - 18:00hs

Luego de las novelas gráficas Los últimos días del Graf Spee y Acto de guerra, Rodolfo Santullo –guionista, periodista y director del grupo editorial Belerofonte– vuelve al ruedo con Valizas, un libro en el que retrata la difícil historia que vive una familia durante la dictadura uruguaya, que desde su no presencia se instala en las páginas como una sombra mucho más desoladora que el cruel e inhóspito paisaje del balneario durante uno de los inviernos de la década de 1970.

Acompañado en esta oportunidad por el dibujante argentino Marcos Vergara, compañero de ruta en la novela gráfica Cena con amigos, Santullo crea un drama familiar que trasciende el contexto político en el que está inserta la historia. ¿Por qué? Porque se trata de un relato en el que lo que prevalece es la relación entre un padre y su hijo, Ulises y Felipe, quienes desde su llana simpleza, enmarcada en un lugar desconectado de todo lo que sucede alrededor –basta imaginar cómo sería Valizas hacia fines de 1970–, deben enfrentar un complejo tema: dar refugio a Penélope –la hermana de Ulises– y a su compañero Mario, quienes han visto desaparecer a sus amigos uno a uno, sabiendo que ahora les toca a ellos.

“Si bien el contexto histórico en el que suceden los hechos de Valizas es el mismo que el de Acto de guerra, un libro basado en cuatro historias reales ocurridas en el país durante la última dictadura, creo que el acercamiento al tema es distinto. De hecho, hablan de cosas distintas. En Acto de guerra, la militancia está vista más del lado de los que asumieron uno u otro compromiso, sin cuestionamientos de ningún tipo. En Valizas en cambio, los reclamos que Penélope le hace a Ulises por no entender su lucha, por no ser parte él de esa lucha, creo que no son justos. La militancia no es lo de él y creo que en este sentido no está bueno que ella le recrimine por algo que no es lo de él”, señaló Santullo a El Observador, agregando que salvo por otro trabajo que tiene en mente, llamado Zitarrosa –una especie de biografía en historieta de Alfredo Zitarrosa–, promete por un tiempo largo no volver a esta temática “difícil y con heridas todavía a flor de piel”.

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Según el autor, lo más difícil de esta nueva novela gráfica fue la construcción del personaje del niño, primero porque todo el hilo conductor de Valizas gira en torno a él y segundo porque, si bien no se trata de un niño triste, no se lo ve reír una sola vez en las casi 80 páginas que tiene la historia. Sin embargo, en esto está quizá la riqueza de esta obra, que logra transmitir mucha emoción gracias al trazo preciso de Vergara, quedando en el debe nada más que un poco más de desarrollo al trasiego de Penélope y Mario.

“Es verdad que sabemos poco de los personajes, pero no sé si es una mala idea, es decir, no estoy seguro de que eso sea malo, porque tenemos una historia con potencia que se desarrolla sin demasiadas vueltas. Que el final sea abierto y unos crean que es feliz y otro no queda a criterio de los lectores. Para mí, que tengo una visión optimista, creo que triunfa la familia porque queda claro que, con diferencias y todo, con heridas y cicatrices, no importa lo que ocurra puertas afuera; adentro hay una familia fuerte y unida”, finalizó Santullo, quien entre la claustrofobia de los espacios cerrados y la promesa de las playas vacías entrega una historia conmovedora en la que cabe preguntarse hasta qué punto uno es capaz de perdonar todas las ausencias.

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