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Macri asume que lo peor recién empieza y se resigna a tomar "medidas kirchneristas"

El gobierno argentino cambió su discurso y ahora se centra en medidas de emergencia para amortiguar los costos sociales del ajuste

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03 de julio de 2018 a las 05:00

Si el lema de Mauricio Macri hace escasos cuatro meses era "lo peor ya pasó", el nuevo mensaje parece ser "lo peor está por venir". Al menos esa es la sensación que transmiten los funcionarios, tanto en sus declaraciones como en sus medidas.

Por lo pronto, las señales de la economía marcan el inicio de una fase recesiva. El EMAE –indicador que mide la actividad mensual- marcó en abril un retroceso de 0,9% después de 13 meses de crecimiento consecutivo, dando por enterrada la fase de los "brotes verdes".

Y aunque es cierto que el dato de abril estuvo impactado por el efecto de la sequía en la producción agrícola, nada hace pensar que se trate de un fenómeno pasajero. Más bien al contrario, tanto los economistas independientes como los propios funcionarios están admitiendo que vendrá un período de estancamiento que podría durar todo el segundo semestre.

También marcan números negativos las estimaciones de producción industrial y de actividad comercial, mientras se siguen enfriando algunos de los motores que tuvo la economía en el arranque del macrismo, como el otorgamiento de crédito hipotecario.

En mayo, la demanda de cemento cayó 4,4%, en lo que constituye la primera caída después de 15 meses de crecimiento.

El panorama negativo se completa con la inflación que no da tregua: se prevé que el índice de junio podrá ser aun peor que el de mayo porque recién ahora se verá reflejado en su plenitud el fenómeno del "contagio" del dólar a los precios.


Con el riesgo país ya arañando los 600 puntos básicos, con inversores que quieren sacarse de encima los bonos argentinos a cualquier precio y con un mercado accionario que sufrió un histórico desplome, cuesta creer que hace apenas dos semanas que el país estaba festejando el haber recibido la promoción a "mercado emergente" y se ilusionaba con una lluvia de inversiones.

Acudiendo a medidas archivadas

Pero acaso el síntoma más ilustrativo y elocuente sobre el cambio de humor social y la perspectiva de recesión la esté dando el propio Gobierno. Ya no se escuchan discursos con las tradicionales promesas de despegue económico sobre la base de una estabilización económica y una mejora en la infraestructura.

Más bien, ahora la gestión tiene como prioridad el anuncio de medidas de emergencia, con el objetivo de atenuar el impacto de la recesión. Y en ese objetivo, no muestra pudor en acudir a medidas que pueden calificarse ya no de heterodoxas, sino que directamente traen reminiscencias del kirchnerismo.

El flamante ministro de la Producción, Dante Sica, admitió la urgencia por lubricar la actividad comercial de las pymes, que están en serio riesgo de cortar la cadena de pagos. Fue así que usó su poder de lobby para que el Banco Central eliminara el "techo" reglamentario para el descuento de cheques en los bancos.

Y también, para preocupación de los economistas ortodoxos más preocupados por la inflación, flexibilizó el régimen de encajes bancarios, de manera de liberar fondos para que las entidades pudieran prestar, con tasa preferencial, a empresas que quieran usar los mecanismos comerciales creados durante el kirchnerismo, como el "Ahora 12".

Parece extraño para un gobierno que se jactaba de buscar el crecimiento no por el lado de la exacerbación del consumo mediante subsidios sino que ponía como primer motor de la economía a la inversión.

Pero los fríos números indican la necesidad de medidas heterodoxas: en junio, los créditos en pesos al sector privado se desaceleraron, con una expansión de 1,9%, luego de haber crecido 3,2% en abril y 2,3% en mayo, según una estimación de la Fundación Mediterránea. Las líneas más afectadas fueron las vinculadas al consumo (créditos personales y gastos con tarjeta de crédito), que representan casi la mitad del total de la cartera en pesos.

Colchones ante los síntomas de deterioro

En este momento, la disyuntiva del macrismo es hasta dónde avanzar con medidas claramente contrarias a sus principios ideológicos y programáticos con tal de atenuar el impacto recesivo. El cierre comercial, los subsidios financieros y energéticos y la resignación de ingresos fiscales parecen temas que están en el límite de lo tolerable para los macristas de paladar negro.

Sin embargo, es elocuente el cambio de tono en el discurso de figuras como la gobernadora María Eugenia Vidal. De mantener su habitual batalla retórica con el gremio docente, pasó a justificar la necesidad de un mayor gasto para contener la situación social.


"Desde el Gobierno de la Provincia nos comprometimos a acompañar a todos los bonaerenses y estamos convencidos de que cuantas más dificultades aparezcan en el camino, más cerca tenemos que estar", afirmó el día de los anuncios.

Vidal, siempre pendiente de los signos de malestar en el explosivo conurbano bonaerense, tomó nota del deterioro sufrido en los últimos meses al compás de la disparada inflacionaria.

El informe Barómetro Social de la Universidad Católica marcó que el 54,2% de los niños en el conurbano vive en situación de pobreza, con un tercio del total que depende de comedores escolares para tener una correcta alimentación.

Las cifras corresponden a fin de 2017, por lo que ya se está previendo un empeoramiento de los datos. De hecho, en la UCA creen que cuando se divulgue, en setiembre próximo, el nuevo dato oficial de pobreza que mide el Indec, la cifra volverá a ubicarse en torno a 29%, un incremento de cuatro puntos respecto de la última medición.

Pero ni Vidal ni Macri necesitan esperar hasta la publicación de ese dato para tomar conciencia del cambio en la situación social. Tienen a la vista datos mucho más contundentes, tales como que las organizaciones sociales –las lideradas por "piqueteros"- de la provincia ya están organizando movilizaciones a supermercados para pedir ayuda alimentaria. Es una escena que tradicionalmente ocurre en las semanas previas a la Navidad –a veces con situaciones de descontrol- y que, por primera vez, se adelantó hasta junio.

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