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Malestar africano: movimientos sociales desencadenaron derrocamiento de dictadores

Hay incertidumbre sobre si se abre paso a la democracia 

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16 de junio de 2019 a las 05:03

Por Fabiana Culshaw 

Las recientes revueltas en algunos países africanos, especialmente en Sudán y Argelia,  recuerdan un poco a la Primavera Árabe de los años 2010-2013, que comenzó en Túnez y que contagió a varios países de la región. Entonces, la gente se lanzó masivamente a las calles en reclamo del fin de la opresión y derechos sociales, pero las esperanzas de democratización quedaron truncadas: murieron miles de personas y hoy los países de la Primavera Aárbe están más sumidos en el autoritarismo militar, el terrorismo o el caos. Salvo Túnez, que con la caída del presidente Ben Ali, ha logrado una débil democracia.

Ese “despertar de los pueblos” de hace unos ochos años atrás, aplacado a punta de represión, sigue latente sobre todo en la juventud que cada tanto busca nuevas formas de expresarse y salir a manifestar. Pero las protestas de ahora no ocurren en “cadena”, es decir, un país seguido por otros, como ocurrió en la Primavera Árabe y tampoco con la fuerza de la misma. 

Por otra parte, los gobiernos dictatoriales  están en alerta; han aprendido de la experiencia, en especial de la revolución fallida de Egipto, que hizo caer a Hosni Mubarak luego de casi 30 años en el poder, pero donde se impuso el régimen del general Abedelfatha Al Sisi, mucho más implacable que el presidente derrocado. “El presidente Al Sisi ha demostrado un escandaloso desprecio por los derechos humanos”, destacó Najia Bounaim, directora de Aminstía Internacional para el Norte de África.

En estos días, veteranos de las luchas de la Primavera Árabe comentaron a medios de comunicación que las protestas recientes de sudaneses o argelinos parecen reminiscencias de esa historia común en la región, precisamente como la de Egipto. ¿Qué sucedió en los últimos meses en Argelia y en Sudán? En Argelia, el pasado 2 de abril los generales obligaron a Abdelaziz Buteflika a renunciar tras 20 años en el poder, en un intento por aplacar a los manifestantes.  

Sin embargo, el gobierno interino está lleno de aliados de Buteflika, señalados como corruptos, incluyendo al primer ministro, Nuredin Bedui, acusado de querer amañar las próximas elecciones. Lo cierto es que los argelinos no salieron a celebrar la salida de Buteflika, dado que tienen claro que el cambio del sistema político aún no es seguro.  También existe un fuerte rechazo popular al llamado a elecciones para el próximo 4 de julio por considerarlas una farsa; la presión ha sido tan grande que el presidente interino, Adelkader Bensalah, acaba de postergarlas.

En cuanto a Sudán, las protestas se intensificaron en diciembre de 2018, pero fue el pasado lunes 3 que se desencadenó una fuerte crisis por una sangrienta represión militar en Jartum. La masacre provocó la suspensión de Sudán de la Unión Africana. El desencadenante de las protestas fue la subida del precio del pan que, con el apoyo militar, acabó forzando la caída de Omar Al Bashir el 11 de abril, quien terminó así sus 30 años al mando y acusado ante la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y lesa humanidad. Pero no fue el principio de una salida democrática, como muchos deseaban, sino que los militares se hicieron del poder. 

El Consejo Militar de Transición ha propuesto elecciones generales en Sudán dentro de nueve meses, en medio de un escenario complejo por las divisiones entre los bandos militares. Los manifestantes, por su parte, continúan exigiendo una transición controlada por civiles.  
La situación en la región es históricamente compleja, en especial considerando la participación de los movimientos fundamentalistas en gran parte de los casos, y también los intereses de las grandes potencias, EEUU, Rusia y China,  así como la intervención de una preocupada Arabia Saudita.


Una débil democracia

En África, solo 10 de los 54 países son democracias plenas. Según organizaciones de derechos humanos, las democracias plenas son: Benín, Botsuana, Cabo Verde, Ghana, República de Mauricio, Namibia, Santo Tomé y Príncipe, Senegal, Sudáfrica y Túnez.
En los demás países, los regímenes son autoritarios o híbridos, con libertades cercenadas. Algunos dictadores, que llevaban 30 o 40 años en el poder, cayeron recientemente pero fueron reemplazados por otros tan o más autoritarios que ellos.

La realidad africana es muy diversa y no se puede generalizar, pero sí es posible identificar factores comunes en muchos de los países que la conforman. Entre esos factores está la colonización europea que sufrieron, con gobiernos que crearon instituciones débiles y con pocos controles sobre el poder ejecutivo, las cuales permanecieron en los posteriores estados independientes. También incide que la mayoría de las naciones africanas recién lograron su independencia en la década de 1960. 

Otro factor común es que, con el correr de los años, algunos países de África introdujeron sistemas multipartidistas, pero no reformaron las instituciones estatales y la intervención militar se mantuvo. Tampoco la corrupción que envicia los resultados de las elecciones ha sido superada.

A la falta de una cultura política se le agregan las carencias económicas, la infraestructura insuficiente, los conflictos armados, los enfrentamientos étnicos, la división social y la ausencia de una clase media fuerte en gran parte de los países del continente. 
Pero no todo es oscuro.  La mayoría de la gente, aún bajo amenaza, lucha pacíficamente


En Kenia y Sudáfrica, por ejemplo, el crecimiento de una clase media más comprometida con la democracia fue muy importante en los procesos políticos nacionales, así como en Ghana las instituciones y partidos políticos fuertes ayudaron en esa dirección. Según el Informe África de la Fundación Alternativas,  gobiernos y empresas de todo el mundo están poniendo su atención en ese continente. Entre 2010 y 2016 se han abierto más de 320 embajadas y consulados en África; la lucha contra el terrorismo yihadista, particularmente en el Sahel, ha profundizado la presencia de misiones militares estadounidenses y europeas; y la actividad comercial se ha extendido bajo el liderazgo de China, India y EEUU, ganando terreno a la anterior superioridad europea.


Proyecciones

Si bien la caída de Omar al Bashir en Sudán y la de Abdelaziz Buteflika en Argelia podrían hacer pensar en eventuales procesos de democratización, la complejidad de las pugnas políticas internas y los intereses de todo tipo en juego en cada uno de esos países, arrojan serias dudas. Es muy posible que se repita  la experiencia frustrada de la pos- Primavera Árabe. En los próximos meses será más claro qué tipo de régimen podría emerger. 

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