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Mandrake Wolf y Los Druidas presentan su segundo disco en público

Espectáculos y Cultura > ESTA NOCHE EN LA TRASTIENDA

Mandrake Wolf: "La música no sirve para nada, pero imaginate un mundo sin ella"

El músico toca junto a su banda Los Druidas en La Trastienda, para presentar su segundo disco, Sortilegio

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29 de octubre de 2021 a las 05:01

Lo primero fueron los músicos. Alberto “Mandrake” Wolf vio tocar al baterista Federico Anastasiadis y acompañó en un escenario al bajista Ignacio Echeverría y en su cabeza empezó a sonar algo. Se imaginó a esa dupla tocando con él. Y ese sonido fue lo segundo. El grupo se terminó de conformar con el ingreso del guitarrista Ignacio Iturria, y todo cerró. Nació Mandrake y los Druidas, a la que su líder define como “una terrible arma de poder”.

El grupo debutó formalmente en 2017 con un disco homónimo, y ahora presenta su segundo álbum, Sortilegio, que los encuentra más asentados y con una dinámica y una interacción musical entre los cuatro más ajustada –que se nota en un disco con más matices y sutilezas que el primero–. Aunque el sonido de la banda sigue siendo crudo, valvular y poderoso, ahora tiene un toque de sofisticación.

Ese “invento” de Mandrake, en el que está rodeado por músicos varios años más jóvenes que él pero que comparten gustos musicales, toca este viernes en La Trastienda, para mostrar al mundo sus nuevas canciones. “Estábamos esperando para encontrarnos, no fue que yo dije ‘me voy a aggionar y a hacerme el pendex’”, aclara Wolf sobre la banda, que formó tras el final del camino para su proyecto anterior, Los Terapeutas. Una banda en la que, a pesar de la diferencia de edad con el resto de sus integrantes, hay una sensación de igualdad generada por la música.

Cuando se arman Los Druidas, ¿cómo fue la dinámica entre ustedes? ¿Quedaste en un lugar de referente?

Lo que pasa es que nunca me salieron las muelas de juicio (risas). Entonces es como si siempre tuviera catorce o quince años. Ya tengo casi sesenta, pero no hubo nada de eso. No es una comparación, pero cuando toqué con Los Terapeutas con Eduardo Mateo, no sentí algo diferente, era uno más. Claro, era Mateo, pero no sentías, ni el tampoco hacía sentir, sus galardones. Estamos tocando música, y cuando estás haciéndolo, los músicos son músicos, por más edad y trayectoria que tengan. En el escenario, en los ensayos, somos todos iguales.

Sortilegio tiene una canción, Están pasando los días, en la que hablás de un presente que te preocupa.

Uno trata de aggiornarse, pero a veces también hay cosas que a uno no le gustan. Yo no soy de los que dicen que todo tiempo pasado fue mejor, nunca creí eso, siempre creí que lo mejor está por venir, y el hoy es importante para mí. Pero hoy están pasando cosas horribles. A mí me asustó mucho lo que pasó en los últimos años acá en la región, cuando apareció Bolsonaro. No podía creer que estuviera pasando de vuelta, yo pensé que ya estábamos para ir para otro lado, solucionar otros problemas que tenemos, no para meterte con un gorila de estos, y se vino de vuelta la derecha por todos lados. Eso me preocupó un poco. Viene la derecha y me da miedo. 

En el disco que van a presentar hay una canción, Fetal, que compusiste junto a Jorge Nasser. ¿Cómo fue esa colaboración? 

Fue muy lindo. Con Jorge nos conocemos hace veinte mil años, siempre hubo una amistad, además de que dos de Los Terapeutas tocaron en Níquel, había buena onda entre nosotros hace tiempo. Un día me llama y me dice "bo, tenemos que hacer una canción juntos". Lo invité a casa, y fue precioso porque nos empezamos a acordar de historias. Si lo pensamos, somos dos tipos que mal que bien hace años que estamos en esto. Empezamos a tocar, estuvimos un rato, y de repente me deja dos letras. Las dejé en el sillón, me puse a mirar la tele, y de repente leo la de Fetal y me salió la música así, mirando la letra. Le dije a Jorge "la hice en quince minutos, me parece que tengo la canción". A él le gustó pila, la grabó en su disco Llegar, Armar, Tocar, pero no le gustó como quedó, no le convenció la “cantanta”. Y la grabé yo con los Druidas, creo que es una linda canción, una linda letra de Jorge, que me inspiró. Viste que a veces los discos tienen un tema que es el que hace de bisagra, y ese tema fue el que articuló todo este disco.

¿Sos de componer así, que las canciones te vengan de repente, o a veces sos más metódico?

Va un poco como mi pasión, que es la pesca. Cuando voy a pescar tiro un reel con determinada carnada y determinada altura, después tiro otro con otra carnada y buscando otra cosa, y después tiro una boyita para ver qué hay en la superficie. Y voy tirando así, voy armando las canciones y voy haciendo varias a la vez. Y cuando veo que pica una, voy y la saco. Paul McCartney dice que todos los días tiene que hacer una canción, a mí eso no me gusta. No quiero tener una obligación, aunque por suerte nunca me pasó eso de "tengo tantas semanas para componer y grabar un disco". Aunque estaría bueno eso, ser Britney Spears y sacar un disco por año. Acá en Uruguay, que podés hacer un disco cada dos o tres años, no es el caso, estás ahí con el mercado. Mercado entre comillas, pero hagamos de cuenta que hay un mercado, seamos pocos o no, y te invita, porque es importante la música uruguaya. Mal que bien genera una industria, muy humilde, muy artesanal, pero es una industria.

¿En qué momento te diste cuenta que eras parte de una industria?

Industria no, pero me di cuenta que era parte del negocio. El productor Alfonso Carbone, en la época que estaba en Palacio de la Música, cuando salió el disco Candombe del no sé quién soy, me decía "no, porque el producto...". Y cuando me decía producto yo me reía un poco. Yo era re hippie, y para mí era, "no, cómo me va a decir eso a mí, que soy artista". Y después me di cuenta de que tenía razón con lo que estaba diciendo, porque en cierta forma es un producto, y ahí empecé a entender un poco, que hay que hacer entrevistas, que hay que hacer una buena tapa. Yo estaba muy metido en la música, y ahí me di cuenta de que uno es parte de una industria de entretenimiento. A veces me rio de algunos colegas que reniegan de eso, pero no: somos parte, no seamos hipócritas. Yo vivo de la música. Hace 30 años que vivo de esto.

¿Cómo te llevás con el hecho de envejecer?

Estoy cerca de los 60, hice las cuentas y me podría jubilar (risas). Y me subí al ómnibus y vi el asiento para mayores de 60 y dije "cuando los cumpla podré sacar a algún pendejo del orto y sentarme ahí". Todo lo que viene con la vejez no tiene mucho beneficio, entonces lo de ser un viejo piola a mí no me va, yo quiero ser un viejo de mierda. Porque es lo único bueno que tiene la vejez, después todo lo demás empeora. Así que vamos a tratar de llevarla bien, de hacer las cosas lo mejor posible.

¿De la música te jubilarías?

No, de la música es imposible jubilarse, aunque quisiera. La noche me cansó mucho, a veces tengo problemas con la noche, un poco me volvió loco. Eso me inquieta. Después la música es siempre hermosa, es un regalo que uno recibió y tiene que agradecer. 

Los Druidas debutaron en 2017 con un disco que ganó tres premios Graffiti

¿Crees que tu música tiene un componente espiritual?

Sí. Siempre sentí que había algo más allá de lo cotidiano, porque escribo mucho de lo cotidiano, pero siento que hay una espiritualidad en mi música. Porque como dice Violeta Parra, la música genera "un sentir profundo, como un niño frente a Dios". Para mí la música nunca fue un hobby, es algo fuerte. Pienso en Bach, que se caminaba kilómetros para escuchar a un organista. A mí me pasaba eso cuando iba a ver a Mateo, a Jaime, a Blood, Sweat & Tears, que me volvía a mi casa y me iba pensando en lo que había escuchado. O cuando iba a ver Woodstock, y me quedaba pensando en Hendrix y venía corriendo a la guitarra a ver si podía tocar así. La música es algo que no sirve para nada, pero imaginate un mundo sin ella. 

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