En noviembre de 2018 se divulgó una nueva encuesta de Latinobarómetro que exhibía dos datos llamativos, aunque no relacionados. El primero, y más resonante, fue la caída más importante de la confianza de los uruguayos en la democracia desde que se realiza esta encuesta en 1995. El segundo dato fue el posicionamiento de las Fuerzas Armadas como la institución en la que los uruguayos más confían.
¿Existe alguna relación entre ese segundo dato y el hecho que un outsider de la política, recién salido del Ejército, esté liderando un partido que muestra una intención de voto asombrosa? Hubiera o no algún tipo de vínculo entre una cosa y la otra, lo cierto es que para entre el 10% y el 12% del electorado uruguayo el excomandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, es la opción de voto. Y para cualquier proyecto político nuevo, con menos de un año de trabajo, esos números son una bendición y, a todas luces, hacen que Cabildo Abierto sea la sensación de esta campaña.
¿De qué habla el fenómeno? En el contexto global no debería ser una sorpresa para nadie. Partidos y liderazgos con una agenda de derecha aparecen a toda hora y en los más diversos contextos (aunque Cabildo Abierto se empeña en remarcar que no lo son). Y aunque en Uruguay la derecha ha dicho presente antes, en este caso se une con un discurso anti sistema o anti establishment político muy claro, a lo que se le agregó ciertos tintes de mesianismo empujado por figuras de primera línea, como el candidato a la vicepresidencia Guillermo Domenech.
Y aunque el electorado sabe todo eso, a partir de las propias expresiones de Manini, en realidad el silencio fue un aliado en su campaña. El general retirado miró los movimientos de sus rivales y dejó pasar muchas más que las que decidió contestar. De hecho, fue a fuerza de las críticas de sus rivales –algunos de ellos futuros socios– que el nombre del excomandante estuvo instalado de forma continua en la agenda electoral. En ese sentido fueron varios los que terminaron jugando para él.
Cabildo Abierto nació como un proyecto corporativista que se extendió más allá de los límites de su génesis. El rápido crecimiento habla de, al menos, dos cosas: es un espacio que estaba para ocuparse y lo hace con la promesa de un cambio que poco tienen que ver con lo programático. Manini tuvo varias ofertas para encolumnarse en algún otro partido pero optó por su camino. Al parecer, tuvo razón.
Estrategia: los nómades vs. los sedentarios
Los periodistas que cubren a los candidatos, que los siguieron en todo el país e hicieron kilómetros con ellos, tienen el poder de anticiparse a sus palabras. Conocen sus discursos, fórmulas y chascarrillos. No es novedad: los candidatos se aferran a un libreto y lo repiten y, en ocasiones, al salirse de ese guion es cuando cometen errores.
Más allá de lo discursivo y a nivel de estrategia general de campaña sucede algo similar: están quienes se aferran a un camino estudiado y no se apartan un ápice de la planificación y quienes se mueven de forma un poco más errática, a impulsos de agenda, en función de lo que dicte el termómetro electoral y procurando golpes efectistas.
Entre los primeros, esta campaña tuvo a un claro exponente. Fue notorio que Luis Lacalle Pou siguió un sendero preestablecido y obró en función de esa planificación estratégica, tal como te contamos en esta nota de Natalia Gold. Al igual que Daniel Martínez y Ernesto Talvi, el comando de Lacalle Pou trabaja de forma profesional. Pero en esta campaña su desempeño fue exuberante que quedó patentado en pocos errores no forzados. Fue un sedentario con un plan armado e hipótesis de trabajo para la cual tenía alternativas según los escenarios estudiados.
Un poco más errático fue el andar de Daniel Martínez desde el mismo momento en que ganó la interna y expuso su tan criticado casting de vice. El candidato cometió varios errores y por eso su comando comenzó con la reducción de daños que, incluso, incluyó el ocultamiento de la candidata a vice ante cualquier medio de prensa que pudiera resultar una amenaza.
La estrategia visible del Frente Amplio fue, primero, ir tras Ernesto Talvi a quien identificaron como el rival que podía comprometer su posibilidad en caso de tener un crecimiento tan significativo que lo llevara al balotaje. El Frente Amplio supo que debía moverse. En efecto, la percepción derrotista en algún momento jugó a su favor: le dio el impulso necesario. Luego de ver cómo el novel líder colorado empezaba a bajar en la intención de voto pusieron la mira en Lacalle Pou y comenzaron a coquetear con los votantes de centro izquierda de Talvi. El mensaje llegó y algunos desencantados que pensaban renovar sus esperanzas con el líder batllista volvieron a la social democracia que ofrece algunos sectores de la coalición de izquierda.
El Frente Amplio como partido volvió a mostrar su capacidad de unión y movilización en una elección particularmente difícil, luego de 15 años en la administración y tras un último gobierno con poco para recordar. Tener un 40% del electorado luego de tres períodos de desgaste no es para nada despreciable y demuestra que más allá de ideas y políticas puntuales este país tuvo un cambio cultural. En buena medida Uruguay es un país frenteamplista.
El debate, punto y aparte
El debate fue el punto de inflexión de una campaña que, de todas maneras, igual se hubiera polarizado (aunque quizás no de forma tan rápida y evidente). Ese encuentro televisivo fue la única cosa en la que Martínez y Lacalle Pou estuvieron de acuerdo en toda la campaña. Dejar afuera al resto le fue provechoso en función de sus intereses:
1. Lacalle Pou se mostró como el jefe de la oposición y a partir de ahí empezó a dar señales concretas a sus futuros socios de coalición y a sus votantes: lo que “los une” es desplazar al Frente Amplio del gobierno y el 24 de noviembre hay una sola fórmula que lo puede lograr.
2. Daniel Martínez logró levantar la militancia y aprovechó el debate para activar temas que luego usaría contra su rival como la crítica constante y la falta de propuestas.
El debate fue útil a esos efectos y careció de cualquier intercambio real en profundidad de temas que marquen la agenda nacional. De hecho, eso estuvo ausente durante toda la campaña más allá de incursiones unilaterales y polémicas del estilo el affaire Moreira, la incursión del Gucci o Miami como destino turístico de los uruguayos.
Ganadores, perdedores y las incógnitas
○ Por lo antes dicho no hay duda que Manini Ríos amanecerá el 28 de octubre como uno de los grandes ganadores de esta elección.
○ También lo hará Martínez, por el porcentaje alcanzado en el contexto descripto, de forma independiente de lo que suceda en el balotaje y aún en la eventualidad –ciertamente probable– que el FA disminuya su votación respecto al 2014.
○ Los que ingresan por primera vez al Parlamento serán ganadores: Vega y Salle, si así ocurre.
● Incógnitas
○ No puede decirse lo mismo de Lacalle Pou, cuya victoria o derrota solo se podrá ver a la luz del resultado del 24 de noviembre. En una reciente entrevista con El Observador dijo que no está preparado para perder. El problema en este caso no es perder, sino la imposibilidad de hacer algo más por ganar.
○ Quien ya se sabe perdedor hace rato es Ernesto Talvi. Esa sensación tiene que ver con las altas expectativas que los colorados ganaron luego de la interna en función de la intención de voto que en algún breve momento los colocó en posición de batallar para estar en el balotaje. La relatividad de ganar o perder se hace evidente en este caso: Talvi –un outsider desconocido por la gran mayoría del electorado hace pocos meses– podrá ser catalogado como un ganador si mejora la votación colorada de la última elección. Ese contexto lo habilita. Sin embargo, la percepción de algunos dirigentes colorados estos días es que se dejó pasar una oportunidad por errores propios, tal como te contamos en esta nota de Santiago Soravilla.
○ En un nivel intrapartidario habrá algunas incógnitas que despejar -con los números a la vista- que marcarán los próximos cinco años: ¿Sartori retendrá en esta elección su segundo lugar en el partido? ¿Larrañaga podrá repuntar? ¿Bergara capitalizará el impulso para ser la renovación del seregnismo? ¿Andrade confirmará su buen desempeño en las internas dándole más peso a los comunistas en el FA?
● Perdedores
○ El Partido Independiente aparentaría ser uno de los perdedores de esta elección, si es que no logra retener el Senado, algo que aún está por verse. Sería la primer desempeño electoral que marcaría una retroceso luego de una tendencia creciente e interpelaría el lugar que tiene esta fuerza política.
○ El Partido de la Gente también parecería que tendrá una débil votación. Durante la campaña Joaquín Silva te contó varios de los problemas que fue atravesando. En cualquier caso este proyecto frustrado indica que se necesita algo más que mucho dinero invertido para lograr el éxito político.