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Marcel Keoroglian: "Ni a la mitad de los uruguayos les gusta el carnaval"

Alejandro Balbis y Marcel Keoroglian repasan su historia compartida en la Zitarrosa

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02 de febrero de 2018 a las 05:00

Si la amistad se define como la relación entre dos personas que no son parientes, que comparten intereses, sentimientos y experiencias comunes al punto de generar confianza y aprecio mutuo, entonces sí, Marcel Keoroglian y Alejandro Balbis son amigos. Ese vínculo y esa historia común son el eje de Que nos quiten lo cantado, un espectáculo en conjunto que la dupla dará este sábado en la Sala Zitarrosa.

Los relatos y las canciones (propias y ajenas) se van cruzando en un show que no tiene guion ni orden, pero sí un mapa de temas de los que hablar, aunque siempre disponible para cambios e improvisación, algo que aportará sobre todo Keoroglian.

Anticipan que ninguna versión del espectáculo será igual porque las historias contadas cambiarán, al igual que los recuerdos que surjan.

A dos voces

El recorrido compartido empieza en la murga El Firulete, el conjunto infantil que fue el germen de Contrafarsa. Balbis acababa de irse a otra murga, y Keoroglian ingresó en su lugar, aunque los dos ya se conocían de antes.

–Esto arranca cuando yo tenía 13, 14 años– dijo Keoroglian.
–Yo tenía más– apuntó Balbis.
–Sí, en ese momento tenías más– retrucó con un chiste el primero.

Balbis volvió luego a El Firulete, y allí comenzó la amistad. El juego murguero se convirtió gradualmente en el oficio. Las alegrías compartidas. El desarrollo artístico compartido.

Keoroglian lo expresa así: "Sé como Alejandro evolucionó, pero no porque lo haya ido a ver a un tablado, sino porque yo estaba sentado al lado de él en el cordón de la vereda canturreando y lo descubrimos juntos. Y él sabe lo mismo. Sabemos cómo interactúan las voces. Hay un conocimiento que va más allá de lo artístico, sino que nuestra vida va unida a eso".

A pesar de todos los escenarios y cuplés compartidos, hasta ahora nunca habían hecho nada solos ellos dos, algo que Balbis consideró como uno de los grandes pendientes de su carrera. "Las veces que salimos juntos nunca tuvimos un dúo. Pero cuando empezamos a preparar esto nos dimos cuenta de que las voces funcionaban bien, que se querían. Cuando arranco el proceso de componer canciones y grabar discos me alejo del carnaval, pero aunque me aleje de la institución no me alejo de gente con la que compartí tantos años", dijo Balbis.

Otro carnaval

A pesar de que Balbis no sale en carnaval desde hace 12 años, y que Keoroglian pasó nueve sin subir a un tablado (este año, luego de su vuelta en 2017 con Don Timoteo, tampoco saldrá y solo ejerce como letrista de Saltimbanquis), los dos están empapados en el asunto. Y al haberle dedicado toda su vida a la murga, son capaces de analizar su evolución: musical, estética y en el lenguaje.

–La murga siempre evolucionó, pero con las nuevas generaciones eso ha sido más intensa–consideró Keoroglian
–Tan intensa que hay aspectos del show que han quedado desplazados de las prioridades de algunos espectáculos, como la coralidad. Hay ideas nuevas, más humor y estructuras innovadoras dentro de las formas del espectáculo. Yo soy conservador, me quedo con el sonido anterior– dijo Balbis.

Balbis volvió luego a El Firulete, y allí comenzó la amistad. El juego murguero se convirtió gradualmente en el oficio. Las alegrías compartidas. El desarrollo artístico compartido.

Los dos consideran que las nuevas generaciones murgueras tienen una visión más fresca y con influencias diferentes, incluso en cuanto a los hechos políticos del país que marcaron sus vidas. "Encuadran diferente la cámara", afirmó Keoroglian, mientras que su compañero destacó la visión sobre el funcionamiento del grupo, que se refleja en los coros, principalmente en el hecho de ajustarse a los recursos de los integrantes que ya están y no a buscar lo que falta contratando figuras externas.

–Eso fue El Firulete. Y Contrafarsa. Toda nuestra historia fue así, cuando esa postura era la excepción– interrumpió Keoroglian.
–Y sonábamos bárbaro.

Ambos comenzaron sus trayectorias carnavaleras de adolescentes, algo que hoy, por reglamento, es inviable. Pero destacan la existencia de instancias como el Carnaval de las Promesas, o la Murga Joven.

Otro humor

Las primeras jornadas del Concurso de Carnaval 2018 incluyeron un par de polémicas, luego de los shows de Los Bergoglios y Saltimbanquis. Esos espectáculos recurren (con diferentes argumentos) a un estilo de humor que generó críticas de un sector de los espectadores, que muestran que los chistes de género o sobre cualidades físicas no son tan bien recibidos como antes.

Keoroglian, el integrante de la dupla más enfocado en el humor, consideró que la situación va "más allá de lo políticamente correcto". "El carnaval recorre diferentes zonas, y te permite dar cuenta que hay barrios en los que un chiste funciona perfecto, y en otros te condenan por lo mismo. A veces parece que hay dos o tres Montevideo. Hay cosas que en los tablados funcionan, la gente se muere de risa, y en el Teatro de Verano nada, y la crítica tampoco lo ve como algo que funcione".

Balbis le asigna como misión al carnaval mejorar su propuesta como ya lo viene haciendo en los últimos cinco años. A medida que mejoran las transmisiones televisivas y los shows se sigue atrayendo al público.

"Desde chico, salvo en la salida de la dictadura que hubo un auge del carnaval porque la gente se expresaba ahí, siempre se dijo que 'el carnaval se muere' o 'el carnaval se está muriendo, pero no va a morir', todo ese melodrama. Hoy hay más renovación, más niños, más jóvenes, más tambores, más redoblantes, y más murgas que nunca en la vida. Y está en más estratos sociales que nunca en la vida. Entonces, ahora sí que no hay forma de hacer ese comentario", consideró Keoroglian.

Acotó también que al contrario de la percepción habitual, "no a todos les gusta el carnaval". "Es más, creo que ni a la mitad de los uruguayos les gusta", sentenció.

Y Balbis agregó: "Entre los no me gusta y los indiferentes son mayoría amplia. Nosotros somos el 30%".

Lo próximo

Mientras que Alejandro Balbis se enfocará en su próximo disco luego de la presentación de Que nos quiten lo cantado, Marcel Keoroglian concretará un trabajo cinematográfico: la película documental 78 revoluciones, que está rodando. "Es lo más lindo", dijo sobre el proceso de la película, en la que repasa una serie de 19 discos de acetato que registran shows de carnaval de la década de 1940, con presentaciones inéditas. Se estrenará en julio en TV Ciudad y TNU.

"Entre los no me gusta y los indiferentes son mayoría amplia. Nosotros somos el 30%".

Los primeros carnavales

¿Cuándo vieron una murga por primera vez?

Marcel Keoroglian: No me acuerdo. Fue de niño, porque mis padres me llevaban mucho al tablado.

Alejandro Balbis: A mí no, entonces lo tengo grabado. Tenía 12 años. Fue en el Club Montevideo, y vi la Milonga Nacional, en 1980. Me acuerdo hasta de los murguistas que estaban.

¿Cuándo salieron en carnaval por primera vez?

Balbis: En 1985, con La Justa.

Keoroglian: En 1987, con Contrafarsa. Fue también nuestro primer carnaval juntos.

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