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Marilina Bertoldi: "Soy una artista de rock no porque quiera, sino porque no me sale de otra manera"

La artista argentina vuelve a Montevideo con un nuevo formato a dúo con Edu Giardina en el marco del Festival GRL PWR
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10 de noviembre de 2023 a las 05:01

Un corazón late unas 42 millones de veces al año. 115.000 veces al día. 80 veces por minuto. El tejido muscular se contraía en pantalla completa cuando Marilina Bertoldi pensaba en la obsesión con la que un grupo de cardiólogos y cardiólogas observaba cómo un bisturí estaba a punto de abrir un corazón.

Había cerrado las puertas. Había apagados las luces. Había encendido el proyector. Se había sentado y desde su asiento los miraba: quería sentir por algo la misma pasión que ellos sentían por un corazón sangrante. Tenía 26 años y un trabajo que no quería como asistente de sala en congresos. "Me acuerdo de estar sentada, mirar al techo y decir 'yo tengo algo así, ya lo tengo, es la música'".

Desde entonces se construyó como una de las artistas más importantes de la escena. En 2012 hizo El peso del aire suspirado y dos años después La Presencia de las Personas que se van. En 2016 lanzó Sexo con modelos y con Prender un fuego se llevó en 2019 Gardel de Oro. Con su último disco, Mojigata, cerró una época en un álbum irreverente y terapéutico. Hizo el disco de rock que le hubiese gustado escuchar cuando era chica.

Disruptiva, experimental, brutal. Marilina Bertoldi se convirtió en la jefa del rock. En la vanguardia del rock. 

Durante un descanso en medio de un ensayo, Bertoldi habló con El Observador sobre la escena del rock, el capítulo que cerró con Mojigata y el cambio que ese disco generó en ella, su vínculo con el público uruguayo y el formato a dúo con el que regresa a Montevideo este sábado.

Tu relacionamiento con la música tuvo mucho que ver con tu familia, ¿cómo recodás ese primer vínculo?

La música siempre estuvo ahí a modo muy recreativo, muy de juego. Me llevó mucho tiempo entender que podía llegar a ser un trabajo, jamás lo vinculé a eso sino que siempre fue un lugar de exploración y de expresión. Todavía hoy lo sostengo de esa manera, es lo que más cuido en el día a día.

¿Cómo recordás ese momento en el que te diste cuenta que podía ser tu trabajo?  ¿Cuándo te terminás de definir como Marilina Bertoldi?

Yo había sacado dos discos y seguía diciendo 'bueno, no sé a qué me voy a dedicar'. Al menos el primer disco de mi banda [n.d.r. Connor Questa] ya lo había sacado, creo que mi primer disco solista también. Fue a los 26 años aproximadamente que lo decidí. Que me di cuenta en realidad, ni siquiera es que lo decidí. Venía de estar pasándola mal porque tenía trabajos que no me gustaban, todos temporales. El típico trabajo que no es para vos pero lo hacés porque tenés que trabajar. Estaba haciendo unas cosas en unos congresos, yo tenía que estar ahí como habilitando. Estaba trabajando en eso porque mi hermana [n.d.r. Lula Bertoldi, vocalista y compositora de Eruca Sativa] me había metido y ella también trabajaba de eso. Te llamaban para el evento decías puedo o no puedo, entonces disponías de tu tiempo. Estaba en un congreso de cardiología adentro de una sala mientras estaban mostrando un vídeo a un montón de cardiólogos de un corazón abierto. Era un asco todo, pero todos estaban re interesados y fue como 'me gustaría que me guste tanto algo así como para estar dedicándole este tiempo y para estar tan obsesionada con algo de ese modo'. Me acuerdo de estar sentada, mirar al techo y decir 'yo tengo algo así, ya lo tengo, es la música'. Yo ya lo hago, lo tengo que hacer de verdad, nada más, tengo que ponerme las pilas. Fue un momento muy horroroso y a la vez muy lindo, que recuerdo con mucho cariño. A veces que necesitas situaciones de ese estilo para darte cuenta de las cosas que tenés en frente de la cara. Es solo eso, algo que te desubique un toque.

En una entrevista en Caja Negra dijiste que las personas que "no somos hombres cis no tenemos la historia tan a mano”. ¿Hacer música también es parte de reconstruir esa historia o de construirla para las demás?

Inevitablemente sí. Quiera hacerlo o no, está pasando. Es algo que me toca más allá de si lo acepto o no. Cuando me di cuenta de eso ya lo estaba haciendo. Cuando sucede la explosión del feminismo y un montón de temáticas, creo que muchas ya estábamos haciendo muchas cosas por ese feminismo que no sabíamos que existía o no sabíamos bien qué era. Hay cosas que empiezan a suceder a medida que uno vive la vida con esas libertades, que después te das cuenta que no son comunes para todos. Así que sí, por suerte estamos haciendo para muchas personas la diferencia y construyendo una historia que no existió antes, al menos no de esta manera.

En la construcción de esa historia un hito fue cuando ganaste el Gardel de Oro en 2019. En ese momento, cuando subiste al escenario decías que era la primera vez en 19 años que se lo daban a una mujer, además una mujer lesbiana y que venía haciendo algo nuevo o disruptivo en la industria. ¿Cómo lo ves ahora? ¿Se ha mantenido el cambio en la industria?

No pienso en eso, la verdad que cero. Todas las cosas que uno dice y hace para sentar un precedente son justamente para olvidarse después de eso y decir: 'Voy a seguir trabajando en esto. Sepan cuál es mi postura. Voy a hacer música y mi música es música para todas las personas que la quieran escuchar'. Estoy siendo artista, que es lo que siempre quise ser y es lo que soy. Soy artista, hago música, me dedico a eso y mi cabeza y mi tiempo está destinada exclusivamente a eso. Fue muy importante, pero mi vida sigue y quiero dedicarme a hablar de otras cosas. Pasa el tiempo y me siguen hablando de estos temas, que me parece perfecto porque es súper relevante obviamente lo que pasó, pero soy artista y hago muy buena música. Soy una artista muy dedicada, muy creativa, innovo constantemente con lo que hago y mi foco está ahí.

Desde ese momento te empezaron a llamar la reina del rock o la jefa del rock. ¿Cómo te sentís vos con esas etiquetas o en esas observaciones?

Gustos son gustos y cada uno tiene su observación respecto a cada cosa. Sí me pasa de ir a festivales, ver bandas y cosas que sacan, y no veo no veo dónde está el rock actualmente. Es como que todo es una pose más rockera que el rock en sí, en esta cosa más osada, más jugada, apostando algo en lo que decís. Haciendo algo un poco más humano en el sentido de esa rebeldía de ser uno mismo arriba del escenario y no de querer gustar, de estar haciendo algo bello o algo esperable. Ese es un lugar en el cual yo no estoy, nunca voy a esos lugares. Naturalmente me incomodan los lugares de comodidad. Y me pasa que trato de buscar en la escena que comparto actualmente y no encuentro otro artista de ese estilo. El nombre no me queda mal, pero no por un tema de arrogancia sino porque para mí el rock es eso. Es exactamente eso y yo lo vivo de esa manera porque para mí siempre fue así. Soy una artista de rock no porque quiera, sino porque no me sale de otra manera, porque tengo esa actitud y definitivamente no hay nadie más compartiendo conmigo en la escena ahora mismo en el lugar en el que estoy. Lo cual no tiene nada de malo, solo que tomo el nombre. Si aparece alguien más le daré el trono con todo el gusto del mundo, pero entiendo por qué lo dicen.

Desde este lugar, en Mojigata –el segundo disco en el que asumiste también la producción– sí hiciste rock conscientemente, pensando en traer referencias de los noventa como Fiona Apple y Sheryl Crow. ¿Cómo bajas esa experiencia a tu música y a tu expresión tanto de la estética como del sonido?

Sí, siempre estuve más bien componiendo sin usar referencias. Me empezaron a mencionar esto del rock y hacer énfasis. Previamente nadie lo hacía puntualmente, más allá de que se sabía que yo hacía rock, yo me sentía más un artista que buscaba su propio sonido y que era experimental y alterna, siempre fui alternativa. En ese disco decidí decir 'voy a ir directo a mis referencias, voy a usar referencias por primera vez y a tratar de sonar lo más parecido'. O sea, esta canción que me sale la voy a llevar para allá. Y me divirtió un montón porque fue como un homenaje también. Rendir culto a lo que yo ya conozco, que es lo que puedo producir. Cuando yo me puse la producción encima dije, 'bueno, ¿qué puedo producir? Lo que conozco'. Esto que mamé en los noventa lo entiendo y lo conozco a la perfección. Pero sí, fue un momento también. Fue una respuesta. Estoy siempre en búsquedas distintas. Creo que fue el disco que quería tener en mi haber, ¿viste? Hice el disco de rock que me hubiese gustado escuchar cuando era chica.



En ese sentido, ¿qué significó Mojigata para vos?

Mojigata fue una manera de llamarme a mí misma en el pasado. Esa misma época en la que escuchaba esos discos. Es esta cosa de vivir a escondidas tratando de no incomodar a nadie para no llamar la atención, de ser otras personas, tratar de ponerse otro personaje encima para no incomodar, para no desatar alarmas y que te miren. La verdad que tengo una personalidad completamente distinta a eso, por lo que para mí fue como todo un proceso y me gustó poder dejarlo, cerrarlo y guardarlo, archivarlo con cariño. Despidiéndolo en un disco a modo terapia.

Además de ser como una terapia propia, también de alguna forma parece que construís puentes con los que estamos del otro lado. ¿Hay una intención detrás?

No fue intencionado, pero me alegra saber que llegó. Es como escribir una carta, ponerla en una botella, tirarla al mar y que alguien la agarre y diga 'dice lo mismo que yo siento'. Esas conexiones siempre son hermosas porque coincidir en algo es una conversación, de algún modo. Pero no fue a propósito. Rara vez escribo canciones pensando en las personas que me escuchan, honestamente. Las pocas veces que lo hice fueron más románticas, digamos, como que le hablaba más a quien deseaba. Y el resto siempre es como una charla al espejo. Es mi manera, al menos, de conocerme a mí. Hasta ahora. Veremos qué pasa luego.

Estás en exploración, abierta al cambio todo el tiempo.

Siempre. Todo el tiempo cambio. Nada se sostiene, nada se mantiene. Por eso también las búsquedas compositivas en las canciones que ya pasaron y que se conocen mías son muy distintas de las que se vienen, porque soy otra persona y esto de hablarle a un espejo y escribirme muy egoístamente a mí constantemente era porque yo estaba muy sola y porque no era una persona que hablaba mucho con nadie de mis sentimientos, tenía miedo. Y la verdad que después de Mojigata, y gracias a Mojigata, yo me empecé a abrir, empecé a cambiar y soy una persona mucho más cálida, más expresiva, mucho más para afuera y ya las canciones que estoy componiendo a partir de todo esto son otra cosa. Ahora sí estoy siendo menos egoísta. Estoy hablándole a otras personas. Pasa que para hablarle a otras personas para mí hay que sentir que uno tiene algo para decir, tiene que sentir que tiene un peso un valor una un aprendizaje detrás y yo ese aprendizaje lo tenía que hacer con mí y después abrirme al resto y en eso estoy.

En adelante, vamos a escuchar algo muy diferente

Sí, definitivamente ya dejé todo eso atrás.

No sos de hacer muchas colaboraciones con otros artistas, sin embargo en el último tiempo hiciste dos colaboraciones: una es Amuleto con Javiera Mena, que está en tu disco, y hace poco también participaste de Fock it con Sara Socas. ¿Cómo te sentís en esas colaboraciones? ¿Cuándo elegís hacerla?

Los dos casos fueron muy distintos. En el caso de Amuleto fue una canción que yo había compuesto ya para mi disco y la tenía lista. Se me había ocurrido que era un buen momento para involucrar a alguien, que era Javiera o nadie. Nadie más podía ser. Era un tema de ese estilo, de ese peso, me parecía importante compartirlo y para mí era re épico y iconic invitar a otra mujer lesbiana y hacer toda la perfo. Por suerte se copó y fue hermoso. Con Sara Socas lo que pasó fue que era en realidad una participación para el disco de ella, una canción que le compuse, le gustó, ella intervino y ahí se generó como un ida y vuelta en el cual la composición termina siendo de las dos. Pero me gustó empezar a aparecer en cosas en las cuales ya juego un poco más con mi incomodidad dentro del estilo. No es un estilo que yo suelo hacer pero obviamente meto tanta mano que suena mucho a mí en muchos sentidos. Es oscuro, es como todo mala onda, y por suerte ella se copó. Me gustó hacer algo con ella también, porque es como una lógica que sin querer se está dando en donde tengo siempre estas colaboraciones con lesbianas de distintos países. Estoy para hacerlo un millón de veces más, solo que no somos tantas aparentemente. Vamos a seguir buscando.

Es icónico el video de La Cena, que a su vez te sacó un poco del lugar en donde estabas más acostumbrada. ¿Cómo se dio esa colaboración con María Riot y cómo te sentiste en ese lugar?

Fue un gusto que me di. Es un amor platónico que tengo (risas). Ni hablar que es alguien a quien admiro en tantos sentidos, es una persona que en su en su todo representa para mí alguien súper encantador. Es un personaje súper icónico e importante, entonces en el momento en el que hablamos y le copó la idea yo no lo podía creer obviamente. Como bueno, hagamos esto porque es como una fantasía espectacular con María Riot, que es lo más. Lo haría mil veces. Lo haría siempre con ella. Siempre haría videos con ella, honestamente.

Sos muy potente sobre el escenario, hay un desarrollo escénico en tus shows que no es habitual. ¿Cómo se conforma esa Marilina que se sube del escenario?

Sobre todo, no hay planificación. Yo me sorprendo también de qué pasa arriba del escenario. No siempre es lo mismo, no siempre la sensación que tengo es la misma, no siempre mi sensación es buena o la paso bien, pero siento que siempre se nota en cuál estoy. Como decía al principio, para mí la música siempre fue un juego y fue un lugar de expresión, y sigue siéndolo. Yo subo a jugar. Si me divierto, las cosas van a seguir sucediendo de esa manera. Si no me divierto, esas cosas van a dejar de suceder a lo largo del tiempo. Y si la paso mal, se va a notar porque es un lugar de expresión. Entonces, estoy muy al desnudo arriba de un escenario. Y me gusta que así sea. Pero creo que ese es el condimento. Es por qué pasa eso, me parece.

Es muy habitual en tus shows entre los cantos del público que “el rock es de las pibas”. ¿Qué sentís cuando lo escuchas desde el escenario?

Me parece muy bien que el público se exprese con lo que quiera decir. No sé, yo no podría decir eso. Creo que es algo que hacen ellas como apropiándose, tomándome a mí a modo… Es como la bandera, digamos. Es un lugar en el cual están disfrutando tanto y están tan empoderadas con lo que está pasando que creo que eso es lo que empieza a suceder. Y lo loco es que yo tengo un público mixto, hay un montón de pibas pero también hay mucho chabón al que le gusta el rock; que están ahí, generalmente están atrás, y es mucho. Yo me atrevo a decir que 50 y 50. Y es un público que se acostumbra a escuchar eso y no opinar. Es como ir atrás a escuchar y pasarla bien igual. Me parece que son cambios que están sucediendo y me parecen interesantes de observar desde mi lugar. Yo simplemente lo agradezco y sigo con lo mío.

Esta sábado vas a estar en el Festival GRL PWR, en su primera edición en Montevideo, y venís en un formato a dúo con Edu Giardina. ¿Qué desafíos y que libertades te plantea?

Todas las libertades me doy, es donde más caprichosa soy, donde más juego, donde menos estructuras hay. Es un formato que yo no vi en ningún lado y eso es lo que quería lograr, es para festivales y para viajar por un montón de países nuevos. Y la idea es llevar algo distinto. El rock es hermoso, y no se tiene que parecer necesariamente a los estilos de ahora, pero sí tiene que refrescarse un poco. Tiene que haber algo que le de una cuota de aire fresco, que le de esa cosa que siempre tuvo. Me parece que ahí estuvo siempre el gen que al menos a mí me gusta. Una cosa como desinhibida y fresca que está en tu cara y no te la esperas, la sorpresa, el ¿qué va a pasar?. No sé qué va a pasar. Este formato lo que hace es investigar dentro de eso. Es un show distinto. Me pone muy feliz de estar haciéndolo porque como nadie lo hace estoy inventando las reglas de este formato. Entonces hay mucha tela para cortar porque puedo involucrar cualquier cosa acá y todo puede suceder. Eso está pasando y es muy divertido de hacer y de ver, así que la verdad que invito a todos a que puedan acercarse porque va a ser algo distinto, que eso ya es un montón.

Presentaste Mojigata a mediados del año pasado en Montevideo, después viniste al Cosquín Rock y volviste como parte del proyecto de Barbi Recanati. ¿Cómo es tu vínculo con el público uruguayo? 

Bastante bueno, me llaman mucho para que vaya. Eso me sorprende. 

¿Por qué te sorprende? 

Porque yo fui solo a tocar y de repente me fueron llamando cada vez más. Son cosas que te sorprenden porque generalmente las cosas que vuelven a pasar es porque están inyectadísimas en la radio, en la tele, en los medios. Entonces, que suceda por el vivo mismo me parece fantástico. Es como la manera más orgánica de que se pueda dar. Para mí siempre es lindo volver. Jamás repetí formatos en Uruguay. Pero bueno, está bien. Yo los tengo que acostumbrar a algo que es inevitable y va a pasar siempre. Estoy muy agradecida. Edu, que toca conmigo, ama Uruguay, se quiere mudar allá cuanto antes porque ama la gente de Uruguay, ama a los uruguayos, así que vamos a estar ahí super contentos en un festival hermoso que me pone muy feliz que lo estén haciendo por primera vez allá.

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