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Masacre de San Valentín en ASSE

Lo que ASSE y sus penurias representan es la quiebra y el desdoro de una ideología exacerbada, empobrecedora y sin luces

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17 de febrero de 2018 a las 05:00

Si tuviera que elegir un protagonista de la ópera bufa que culminara en la masacre del día de San Valentín en ASSE lo sería el innecesario presidente del Frente Amplio.

Eufórico por el supuesto triunfo que encerraría el descabezamiento de los tres directores del servicio descentralizado, Javier Miranda descolló al interpretar la memorable aria "Qué buenos somos".
En ella, el protagonista refiere cuán diferente es su fuerza política de los gobiernos departamentales controlados por partidos de oposición. Frente a un asomo de nepotismo, concluye con lirismo ético, el oficialismo nacional "toma una decisión política" de singular pureza, allí donde otros meramente persisten y medran.

El auditorio, entre los que me cuento, cae rendido ante el intérprete: al fin y al cabo, ha logrado engañarnos a todos respecto a por qué la administración frenteamplista se vio en la necesidad de sacar a patadas a Susana Muñiz y sus comparsas, tal como lo venía estudiando hacer desde diciembre de 2017, cuando ya se mencionaba en los corrillos que Richard Millán, el gerente general del organismo, podría ser su relevo antes que culminara el verano.

La tímida tontería de Mauricio Ardus al contratar a la novia de su hijo como secretaria (verdadera gota en el océano de acomodos frenteamplistas representados por casi 80.000 ingresos a la nómina pública en más de 13 años) es la que permitió al presidente de la República, a Miranda y a los capitostes comunistas en cuyas manos está la administración de la salud estatal, componer la ópera de la transparencia que hoy aplaudimos.

La pieza termina, empero, en un tono de farsa que nunca llega a superar en lirismo a Miranda: un coro de comunistas vestidos por Ralph Lauren que exalta "los logros innegables y públicos" de la persona expulsada por el gobierno al que, al mismo tiempo, juran lealtad, así como la apagada endecha final de la propia Muñiz, "hice lo que tenía que hacer", en la que la exilada culpa de todos sus males a una "derecha descarnada y desleal".

Solo que, como toda ópera y farsa, ésta guarda poca relación con la realidad.
La tragedia de Muñiz no es, por cierto, la tragedia personal que los actores nos mostraran.
Responde, en primer lugar, a una visión obcecadamente estatista de los problemas de la salud pública, culminados en la creación del servicio descentralizado en sí: mientras sus protagonistas juran y perjuran que todo lo hacen por la salud popular y a fin de combatir sórdidos intereses privados, lo cierto es que el monstruo que han creado existe a los solos efectos de favorecer a quienes lo administran.

Repárese apenas en lo que se hizo con el sistema de traslados especializados del hospital de Bella Unión, premeditadamente desmantelados a fin de favorecer a los privados bajo control de las mismas autoridades de ese centro, y se comprenderá cómo el término "privatización" es apenas un nombrete con el que llevarla a cabo cuando se quiere.

Responde, en segundo lugar, al desfonde administrativo y ético del grupo político que preside Miranda: desde su creación, ASSE ha estado envuelta en incompatibilidades funcionales, creación compulsiva de cargos, contratación irregular de servicios médicos en clínicas privadas de Brasil, trasposición de rubros, co-gobierno sindical, procesamientos, la muerte de pacientes psiquiátricos por ataque de perros salvajes, la observación de gastos que, en la mayor parte de los casos, no es inferior al 90% de los analizados por el Tribunal de Cuentas, pagos de honorarios profesionales a funcionarios indagados por irregularidades cometidas contra el ente, problemas de habilitación de farmacias de centros médicos por parte del propio MSP, incrementos descomedidos de gastos publicitarios, y un largo etcétera.

Responde, en tercer lugar, no a una "derecha descarnada y desleal" (cuya dirección desde ya le pido a la Dra. Muñiz, ya que tengo interés en ponerme en contacto con ella), sino a la acción contundente del presidente de la Comisión de Salud de la Cámara de Representantes, diputado Martín Lema, por no mencionar el aporte de ese otro descarnado, desleal o derechista, el diputado de la Unidad Popular, Eduardo Rubio.

El diputado Lema ha sido, en este sentido, un ejemplo de lo que debe ser la acción parlamentaria: a diferencia de muchos de sus colegas, tentados por el vacío generalista, ha dedicado su atención al análisis de los temas vinculados con la salud pública. Lo ha hecho, además, responsablemente, al punto de haber elevado el año pasado a la presidencia de la República sus denuncias, solo para recibir en respuesta una de esas guarangadas que ni siquiera redacta ya un abogado a sueldo.

La sentina en la que han convertido a la salud estatal 13 años de administración frenteamplista nada tiene que ver con la novia de un chico de 18 años. Si así lo fuera, no se estaría pensando en tapar tal pecado por la vía de designar al frente de ASSE a quien convirtiera en una de las bellas artes el acomodo nepotista cuando estuviera al frente de la Intendencia de Canelones.

Lo que ASSE y sus penurias representan es la quiebra y el desdoro de una ideología exacerbada, empobrecedora y sin luces, a la que se debe oponer una verdadera alternativa.
Descarnada. Muy descarnada.
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