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Me encantaría ver a Griezmann levantar la copa con el mate en la otra mano

El sueño terminó y Uruguay no será campeón del mundo

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07 de julio de 2018 a las 05:00

Soy celeste", canta la tribuna, mientras Francia prepara el tiro libre y Josema Giménez llora en la barrera. Es el final de un partido que se perdió bien, contra un equipo superior. Y es el epílogo para Uruguay de un torneo en el que la selección volvió a ser protagonista. Volvió a estar entre los ocho mejores del mundo por segunda vez en los últimos tres mundiales, algo que se nos había negado durante 40 años.

El sueño terminó. Uruguay no será campeón del mundo esta vez, pero el canto que baja de la tribuna es de gratitud a ese grupo que representó a la tradición celeste con toda la dignidad del caso. "Creo que ni siquiera tenemos el derecho a ser dramáticos", dijo Tabárez, con ese estilo tan peculiar para declarar que tiene el técnico uruguayo.

Se refiere a que perdimos bien contra un equipo que era favorito antes del partido y demostró ese favoritismo adentro de la cancha. No hay drama ninguno, ni hablar. Pero qué linda que fue la ilusión mientras duró. Qué lindo que es ver el mundial mientras estamos con chance de ganarlo y van quedando cada vez menos selecciones y no hay más remedio que hablar de nosotros en todos los idiomas que existen.

Y qué lindo que es, también, haber recuperado esa costumbre. A esta altura, después de finalizada la participación de Uruguay en el mundial, ya es evidente que la selección recuperó la admiración del mundo, ese respeto que se había perdido por buenas razones. Y cuando digo "a esta altura" me refiero a resultados en este siglo.

En el siglo XX, Uruguay fue la quinta mejor selección del mundo, después de Brasil, Alemania, Italia y Argentina. En el XXI, yo diría que los citados, más España, Francia y Holanda están por encima de Uruguay, en base a resultados, pero nadie más. Ni Inglaterra, ni Portugal, ni Chile, ni Colombia, ni Bélgica.

Y ahora se abre la interrogante sobre si "el proceso" de Tabárez llegó a su fin o si el Maestro seguirá al frente. A mí me pasa algo similar a lo que le sucedía a los españoles que están en contra de la monarquía pero que apoyaban al rey Juan Carlos, a quien le agradecían esas palabras enérgicas, con autoridad de monarca, por cadena de televisión, que pararon un golpe de estado. Me encantaría que empezara otro ciclo, otra idea futbolística. Me gustaría ver a Uruguay con otra dirección técnica y la misma entrega, pero si el hombre quiere seguir, que siga. Que su cargo sea vitalicio, que solo se retire por decisión propia.

Ya se verá. A juzgar por las declaraciones del técnico y del presidente de la AUF parecería que habrá continuidad del cuerpo técnico. Yo creo que en todo caso ahora la mira está puesta en la Copa América del año que viene; creo que vamos a llegar con muy buenas chances de competir para levantar la copa.

De lo que sucedió en Rusia, lo mejor fue cómo jugó Uruguay contra Portugal: todo el equipo, todos y cada uno de los jugadores. También el convencimiento y la concentración que hubo en todo el campeonato (salvo tal vez ese par de minutos después de la sobrada de M`Bapé). Parecía que Uruguay era uno de los equipos mejor enfocados del mundial, que cumplía cada etapa sin hacer nada de menos ni de más.

Lo peor fue la lesión de Cavani. Fue una traición del destino que el mejor momento del salteño en toda su historia con la selección uruguaya haya terminado en una lesión que lo deja mirando el partido de cuartos de final desde el banco. La señal era pésima para las chances de Uruguay y nunca sabremos qué habría pasado si hubiera jugado contra Francia.

Para lo que queda del mundial, ya me hice hincha de Francia. Porque Bélgica no me dice nada, Brasil no me gusta y a los que van por el otro lado no les creo. Pero también porque Francia juega muy bien. El equipo está lleno de cracks que no se entretienen con la pelota sino que van a la yugular. Y porque tienen a un tipo que no gritó el gol que le hizo a Uruguay en cuartos de final de la Copa del Mundo, por respeto a la que considera su segunda patria.

Me encantaría verlo levantar la copa con una mano y el mate con la otra. Ese número 7 de la selección francesa es lo más uruguayo que queda en la copa y yo estaré alentándolo desde acá.

Uruguay se fue de la copa, un momento triste, sin dudas. Tenemos como recompensa este camino transitado en Rusia, con toda la responsabilidad que cabía. Jugadores y cuerpo técnico saben lo importante que es el fútbol para los que habitamos este rincón del planeta. Sabían que se les exigía tomárselo con toda la seriedad del mundo, que había que comprometerse hasta el último esfuerzo por llegar lo más lejos posible.

Y cumplieron con esa responsabilidad. Por eso es que concuerdo con esos privilegiados que pudieron viajar a Rusia para alentarlos, y les agradezco que hayan puesto todo por la causa.

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