La primera cara de la gran actriz uruguaya
Estela Medina es la de un rey Lear asustado, un rey Lear en la tormenta. Los ojos maquillados parecen cargados de miedo, la boca tiene un rictus como de grito helado. Es una cara que quienes la han visto sobre el escenario conocen bien. Es una de sus marcas registradas.
Acaba de asomarse tras unas bambalinas de acrílico en la sala Delmira Agustini del primer piso del
Teatro Solís. La gente va llegando al homenaje conjunto que le hacen el teatro y la
Comedia Nacional de la Intendencia de Montevideo, donde actuó durante más de seis décadas. Mira a la gente como si se tratara de una obra.
En la mesa de autoridades está la intendenta Ana Olivera; el director municipal de Cultura, el actor Héctor Guido; la directora de la Comedia Nacional, la actriz Margarita Musto. También se encuentra la directora de la Escuela Municipal de Arte Dramático, la actriz y directora Mariana Percovich. Hay actores, políticos, actores dramáticos, actores todos al fin.
Ya empezado el acto y con las luces tenues concentradas sobre los oradores, Medina se sienta de forma discreta entre el público. Desde allí escucha las palabras de elogio de las autoridades actorales y las del poeta y amigo, Jorge Arbeleche.
El poeta destaca algunos de los hitos de Medina en su larga carrera, como en sus papeles en El cardenal de España, de Henry de Montherlant, en Barranca abajo, de Florencio Sánchez, encarnando a María Estuardo o a una de las Tres mujeres altas, de Edward Albee. "Como decía Lorca, ella tiene el duende", dice Arbeleche.
También destaca con adjetivos exactos a Medina, mientras ella lo escucha con rostro de pánico y respirando por la boca, como si la emoción no se pudiera contener en su cuerpo aún vigoroso a los 83 años. Pestañea y se mira las manos, las uñas y los elegantes zapatos color rosa pálido. "Avergonzada" y "trémula", la denomina Arbeleche. Medina pestañea ante cada palabra.
Después de todas las palabras, dejando de lado su proverbial timidez, la actriz pasa al frente a ejecutar lo que mejor saber hacer: actuar. Pero, como en toda gran actriz, la frontera entre la realidad y la ficción con el tiempo se vuelve difusa y se confunde en un territorio de hermosas tinieblas.
Estela Medina desata las fuerzas escondidas en potencia en su cara y humanidad, y toma por asalto al auditorio. Declama en pleno vendaval de entonaciones, gestos y movimientos elegantes a Juana de Ibarbourou y a Delmira Agustini. Su memoria estremece. Las palabras cobran aliento y su significado se multiplica en la voz de la actriz.
Como no puede dejar de producir siempre un efecto emotivo en el público, la gente la aplaude, como tantas veces, de pie.
Los retratos
El motivo del homenaje es designar con el nombre de Estela Medina una de las salas de exposiciones del primer subsuelo del Solís.
Fue una buena idea realizar el festejo con un pedido al Museo Gurvich para que prestara en convenio al Solís algunos de los varios retratos que el pintor uruguayo de origen lituano José Gurvich hizo de Estela Medina. La actriz era una joven de 19 años y tenía conocidos dentro del taller de Joaquín Torres García, donde vio por primera vez a este pintor cinco años mayor que ella.
"Cuando lo vi, me pregunté: '¿quién es este pintor tan atractivo?'", cuenta Medina a El Observador, con expresión de emoción pero ojos cargados de serenidad. La relación entre la actriz y el pintor es digna de una película, si los guionistas de este país tuvieran un poco más de conocimiento de las historias personales de las mujeres y los hombres que hicieron la cultura grande del Uruguay.
De aquel romance que duró algo así como seis meses, Gurvich pintó una serie de retratos realistas de su novia, captando la cara de la actriz y de la mujer en diferentes momentos. Hay una Estela Medina en potencia en esas obras de Gurvich. "El gran artista supo pintar el rostro interno, el enigma de Estela", había dicho antes Arbeleche. "Estela es una fuerza de la naturaleza", había apuntado Musto.
La actuación teatral tiene ese carácter efímero y pasajero, pues la naturaleza trabaja con la inmediatez y debe luchar contra el poder del olvido. Estela Medina posee todavía la fuerza dramática para aferrarse a la memoria y quedar prendida allí para siempre.