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Mexicanos dicen que los engañaron y amenazaron para el robo de joyas en el hotel Enjoy

Los 12 mexicanos capturados, de los 14 que cometieron el asalto de joyas por US$ 3 millones, aseguraron que viajaron engañados y que están amenazados

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09 de febrero de 2018 a las 05:00

Durante unos minutos -se desconoce cuántos- el botín con los US$ 3 millones en joyas robadas a una de las joyerías del hotel Enjoy estuvo tirado en un jardín de Punta del Este. Según declararon los mexicanos detenidos, cada uno debía depositar su mochila, eran once en total, dentro de una gran bolsa en un lugar previamente acordado. Alguien lo recogería después. Y así ocurrió. Ni ese alguien, ni el bolso fueron capturados hasta el momento. Los indagados no dieron información precisa sobre el lugar en el que dejaron las mochilas con las joyas.

Según contó la fiscal penal Sabrina Flores, en la audiencia de formalización realizada en la tarde de este jueves, hasta una hora antes de que se cometiera el robo la mayoría de ellos no conocía los detalles. El líder del grupo los reunió, les entregó las mochilas y les indicó a cada uno qué tenía que robar: la vidriera de la derecha, la de la izquierda. Uno de ellos tenía que conseguir "un collar de colores" en particular.

La Justicia resolvió 120 días de prisión preventiva para los 12 detenidos por el delito de rapiña especialmente agravada. Flores dijo a la prensa que la pena mínima que podrán recibir cuando llegue el juicio es de 5 años y cuatro meses de cárcel.

Si bien la defensa -dos defensoras públicas- pidió bajar la prisión a 60 días, el juez Diego González no hizo lugar. Argumentó que existía riesgo de fuga por no tener arraigo en el país.
Como tampoco aportaron ningún dato de la banda se pedirá colaboración a México para rastrear las cuentas bancarias de las que cada día le giraban dinero a los delincuentes, que cada día de la estadía en Maldonado vivieron con lo justo.

Amenazados

La defensa de los 12 delincuentes mexicanos pidió a la Justicia protección para las familias de los indagados. También solicitó ayuda de Interpol ya que, según afirmó, los detenidos fueron amenazados con fotos de sus familiares que les enviaron desde México.

Durante la audiencia, los delincuentes reconocieron su participación en el asalto y algunos de ellos declararon que sus familias están secuestradas y podrían ser ajusticiadas. Otros sostuvieron que les prometieron pagarles $500 mil mexicanos (unos US$ 26.500) por realizar el asalto.
La fiscal aclaró que si bien pertenecen a una banda internacional forman parte de "los estratos más bajos" de la organización. Ocho de ellos llegaron a Uruguay el lunes 5 -un día antes de asalto-, pero no aterrizaron en el mismo avión. El resto había llegado antes.


Los pasaportes de los indagados fueron expedidos en octubre y el dinero para tramitarlos fue otorgado por la banda. En México habían tenido dos reuniones, pero no todos sabían qué debían hacer. Algunos declararon que pensaron que venían de paseo y otros creyeron que tendrían un trabajo formal.
Los delincuentes se hospedaron en cuatro hoteles: el Colonial, el San Car, Los Pinos e Isla Gorriti. Otra persona -que estaba en una casa- recibía las órdenes desde el exterior y manejaba las finanzas con las que se mantenían los indagados en Uruguay.

Una de las órdenes que les habían dado era que tuvieran dos mudas de ropa porque debían cambiarse durante el asalto. También los habían obligado a "visualizar el lugar" que iban a robar. "No dijeron para quién trabajan, refieren que fueron contactados en el Distrito Federal (México), pero no dan un dato identificatorio, un nombre y un apellido de una persona", agregó la fiscal.

Por otra parte, los delincuentes llevaban 10 macetas (martillos planos) en la camioneta con la que realizaron el asalto y dos de ellos también tenían armas. El vehículo fue conducido por uno de los asaltantes, que recibió la llave minutos antes del robo. Entraron al hotel por la calle bulevar Artigas, subieron por las escaleras y llegaron a la joyería. Al grito de "Let's go!" (¡Vamos!) tenían que irse con el botín.

Los delincuentes no sabían cómo regresarían a México, ya que quienes les daban las órdenes quedaron en indicarles cómo volverían a sus casas.

Promotores de marketing

"Te pago por día porque depende de mi jefe cuánto tiempo me quedo", le dijo el joven mexicano a la dueña de uno de los tres hoteles en los que se alojaron, tres días antes del asalto a la joyería del Conrad.
El hombre había llegado hasta allí junto a otros dos compañeros y aunque desde un principio levantaron las sospechas de la recepcionista. Actuaban de una forma "extremadamente educada", según relató a El Observador la dueña del recinto, que prefirió mantener el anonimato.
—¿Pero ustedes qué hacen acá—, les preguntó un día más tarde, al ver que salían poco y no bajaban a la playa.
—Estamos trabajando—, respondió uno de los tres.
—¿A qué se dedican?
—Al marketing— aclaró entre risas. —Vamos a los comercios, sacamos fotos y vemos que todo esté bien presentado en las góndolas. Lo hacemos en varios países—.
El martes a la noche, cuando la televisión ya mostraba las imágenes del Enjoy cercado por la Policía, la mujer recibió un llamado. "Tenemos personas identificadas de su hotel", avisaron las autoridades.
Gobernada por el miedo, la mujer fue hasta el lugar donde guardan todas las llaves y constató que faltaba la de la habitación de los mexicanos.
—¡Tengo uno acá en el hotel!—, le dijo por teléfono a uno de los investigadores del caso. —¿Qué hago?—, preguntó.
—Vamos para ahí—, le dijeron.

La mujer se recostó en su silla, con la mirada fija en el pasillo que daba a la habitación del joven mexicano. Pero antes de que llegaran los efectivos, el muchacho salió, llevando en su mano una bolsa con ropa. Pasó por recepción, preguntó qué otros balnearios había para recorrer y se dirigió a la puerta principal.

Apenas salió del hotel llegó la Policía. Sin soltar la bolsa, el joven empezó a correr, seguido por otro muchacho que estaba de casualidad en el lugar menos indicado. A las pocas cuadras los efectivos detuvieron al delincuente, y también al hombre que solo intentaba colaborar, que fue liberado en seguida.

Check out después de robar

Otros dos hoteles de Punta del Este recibieron a integrantes de la banda. Según contaron a El Observador desde esas empresas, los huéspedes decían tener que pagar "con tarjeta prepaga", a la que le depositaban el saldo cada día.

En uno de esos hoteles, el más refinado de los tres, los dos delincuentes que llegaron lo hicieron recién el día del asalto.


Cuando les pidieron los documentos para hacer el registro, primero dijeron que no lo tenían y luego mostraron una identificación chilena. "Pensé que eran menores. Uno dijo que era chileno pero no tenía acento de allí", dijo una empleada del hotel. Cuando se enteró del robo, esa misma noche, el dueño llamó a la Policía a reportar que tenía como huéspedes a "unos mexicanos raros".

Después de ese llamado, uno de ellos volvió al hotel para hacer el check out, no sin antes pedir un whisky, que le fue negado "porque parecía menor".

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