21 de marzo de 2014 18:24 hs

La “boleta” que el presidente de Uruguay pasará al gobierno de Barack Obama por aceptar la llegada de presos de Guantánamo, es la liberación de cubanos que fueron detenidos en Estados Unidos (EEUU) en 1998 acusados de espionaje. Ese hecho, como parte de la guerra fría, sigue enfrentando a los “yanquis” con la administración de Raúl Castro que considera a sus nacionales detenidos como “héroes”.

El presidente José Mujica reivindicó la decisión de aceptar el pedido de EEUU de recibir a presos de la base militar estadounidense instalada en al suroeste de Cuba y afirmó que lo hace por “una cuestión de principios” en un país que históricamente brindó refugio a gente de distintas ideologías. En su audición de ayer de M24, Mujica aclaró que aún está “lejos” de concretarse la llegada de los reclusos que vivirán en libertad y sin custodia .

El semanario Búsqueda reveló el jueves que emisarios del gobierno uruguayo habían viajado a EEUU y Cuba para conocer más sobre el perfil de los presos de Guantánamo que llegarán al país. La embajadora Julissa Reynoso comentó que los presos seleccionados “no representan un peligro” pero no aportó más datos respecto a cómo llegó a esa conclusión, ni por qué causa se les detuvo en una cárcel que el presidente Mujica considera “una vergüenza para la humanidad”.

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La llegada de los cinco reclusos de Guantánamo –Subrayado informó que son cuatro sirios y uno pakistaní– fue analizada por Mujica con Raúl Castro cuando a comienzos de año se encontraron en La Habana en la cumbre presidencial de América Latina y el Caribe.

Los prisioneros cubanos por lo que Mujica pidió su libertad eran cinco pero dos de ellos retornaron a la isla luego de cumplir con la condena impuesta. Aún están presos en cárceles federales de EEUU Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero, acusados de espiar para Cuba. El gobierno cubano dijo que esas personas se habían infiltrado en organizaciones de exiliados anticastristas que operaban sobre todo en Miami.

Para Cuba se infiltraron para evitar ataques terroristas contra la isla. En el año 2000, los cinco detenidos recibieron condenas de hasta 19 años de prisión. “Que se negocie lo que parece innegociable. Ayudar a construir salidas. No podemos ni debemos desentendernos” afirmó ayer el presidente uruguayo.

Pero la disposición de Uruguay a recibir a los presos de Guantánamo tiene un precio. “Dijimos que algo pediríamos y lo hemos pedido y no tenemos ambajes. Somos un pequeño país, no lo hacemos por plata o cuestiones materiales, esto es por cuestiones de principio, pero no tenemos empacho en decir que le pedimos, por favor, al gobierno norteamericano que haga lo posible por esos dos o tres prisioneros cubanos que hace muchos años están allí y busque la manera de liberarlos porque también eso es una vergüenza”, afirmó el presidente.

Ayer informó desde su audición que las gestiones con EEUU se llevan adelante desde hace “bastante tiempo” y “están lejos de estar cerradas”. “Este es un asunto inconcluso y no cerrado”, insistió.

Hasta el momento 18 países tomaron el mismo camino de Uruguay de aceptar recibir presos y ya fueron 89 los que abandonaron o están por abandonar Guantánamo.

Este tipo de acciones colocaron a Mujica entre los candidateables para el premio Nobel de la Paz. Mujica tuvo otros gestos internacionales como hablar con el papa Francisco para ayudar a Colombia en su negociación con la guerrilla de las FARC u ofrecer sus servicios para mediar en el lío que tiene el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro cuyo gobierno está jaqueado por protestas populares.

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