Dólar
Compra 37,20 Venta 39,70
24 de marzo de 2012 19:28 hs

Comprometido por esa absurda presión que pone el hincha –que vive exclusivamente del triunfo y no sabe administrar derrotas ni entender que el camino para llegar a un objetivo no solo se nutre de victorias– y que se potencia ante la fragilidad de cualquier equipo que no está consolidado, Nacional tenía un solo camino para transitar ante Danubio y, luego de recorrer minutos de profunda preocupación, recuperó la senda que pedía la tribuna. Ganó 3-1 en la quinta fecha del Clausura y después de dos derrotas (Racing y Alianza) volvió a mostrar algo de todo lo bueno que debería ser capaz de desarrollar el equipo que dirige Gallardo.

Empezó bien el tricolor y pronto se hubiera sacado la mochila que cargaba, si el disparo que Goicoechea le desvió a Porta y llevaba destino de gol cuando apenas transcurría un minuto, inflaba las redes. Pero las manos del golero le transmitieron más ansiedad a los albos. A los de la cancha y a los de la tribuna. Porque desde el cemento bajó más presión que cualquier otra sensación. Entonces, en el campo, las certezas fueron mutando y se transformaron en dudas. La seguridad en desconfianza, y la esperanza dejaba paso al bajón. Otra vez, ahora a los 15 minutos, Viudez, la figura, reacionó con ese instinto goleador que le caracteriza, y mandó la pelota abajo para que Nacional se pusiera 1-0, pero otra vez el golero lo impidió. A esa altura eran dos derrotas y poco más de 20 minutos sin quebrar la resistencia de Danubio, tiempo que se transformaba en una eternidad, cuando una jugada de Píriz, centro de Tais, la salvada de Burián y un error de Damonte –que debió despejar el balón pero prefirió salir jugando dentro del área (la televisión muestra que hubo falta sobre el volante albo, en la cancha no me quedó esa sensación)– derivó el balón a Martiñones para establecer 1-0 a favor de la visita. La ansiedad se multiplicó y el hincha no tenía ni el consuelo de Álvaro Recoba, en el banco de suplentes, ausente por lesión el sábado, que suele rescatar a Nacional en los segundos tiempos.

La velocidad y el fútbol de los primeros minutos de los albos dieron paso a la peor versión, la del pelotazo y centro al área, para que un cabezazo o rebote salvador cambiara el rumbo del juego. El descontrol había llegado a tal extremo, que Porta se mandaba a levantar centros y Bueno iba a cabecear.

Paralelamente, Danubio, muy aplicado en lo suyo con la formación 3-4-1-2 de Daniel Sánchez, hacía su juego y aprovechaba la desesperación del rival.

Sin cambios en la formación, aunque con otra disposición y la convicción de que lo iba a dar vuelta, Nacional planteó en el segundo tiempo un juego más parecido al de los primeros minutos. Núñez ya no corrió solo por el lateral, siempre encontró a alguien que lo apoyara. Viudez ya no tenía que hacer todo. Por esa razón, apenas iniciado el complemento se lo perdió Porta, pero el mismo delantero estableció de penal el empate a los 51’. Y como si los que hacen los goles en el tricolor necesitaran más demostraciones de la defensa, Burián le sacó un gol a Yeladian, y en la contra Vecino estableció el 2-1. Aquella presión se transformó en alivio, la ansiedad dejó paso a la confianza. Nacional, que afrontó el partido del sábado con seis bajas (Recoba, Medina, Píriz, Cabrera, Calzada y Viera) se liberó, encontró espacios, corrió la cancha y llegó al 3-1 de Viudez, para volver a la versión ganadora y brindar un poco de paz, aunque al menos sea por un rato.

Temas

Portada

Más noticias de Referí

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos