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Fútbol > TORNEO CLAUSURA

Nacional se puso en fila y quiere milagro

Aprovechó el hándicap que le dio Peñarol, superó la polémica del Olímpico, triunfó y mira el bicampeonato

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23 de noviembre de 2017 a las 22:58

Cuando el 4 de noviembre volvió el fútbol, la tabla devolvía una imagen desalentadora para Nacional. Los ocho puntos que le llevaba Defensor Sporting en la Anual, cuando quedaban 24 por jugar, parecían demasiado. Sin embargo, el mensaje de Martín Lasarte –con bases fundamentadas después de tantos años de fútbol, y mucho de análisis de la realidad del irregular fútbol uruguayo– sonaba para el oído del hincha más a discurso motivacional que a otra cosa. Seis fechas y 19 días después, apenas jugados 18 puntos, los tricolores cambiaron aquella presión de estar tan lejos de la aspiración de llegar al título del Campeonato Uruguayo por este presente en el que, de ganar todos los partidos de aquí al final de la temporada, nadie le quitará el bicampeonato.

Son cosas de un fútbol cargado de folclore. De un fútbol en el que se habló más de la cancha del Olímpico –que fue un potrero, si se tiene en cuenta que estos equipos pueden estar jugando el año próximo en Copa Libertadores– que del juego en sí mismo, porque obviamente quedó condicionado su desarrolló. De un fútbol en el que cuando Polenta mandó la tercera pelota a la bahía le pidieron que no la sacara más del estadio, porque no tenían más balones y tuvieron que ir a buscar otros dos al vestuario para seguir el partido. El zaguero lo hizo con el objetivo de hacer correr el reloj, aprovechando esa ventaja que le daba el estadio que tanto les había sacado en otros aspectos. Y de un fútbol politizado, en donde todos se quejan y le apuntan a los árbitros como responsables de las derrotas, cuando se olvidan de hacer una autocrítica con sentido.

En medio de todo eso, Nacional le ganó a Rampla Juniors 2-0, después que Lasarte les pasó un rezongo a los futbolistas en el entretiempo, y con esa victoria se puso en fila para pelear por el título del Campeonato Uruguayo.

Definitivamente Nacional se colocó en ese lugar que parecía muy difícil que pudiera alcanzar hace tres semanas. Pero está ahí. Dependiendo exclusivamente de su funcionamiento, pero que no le asegura nada, porque el fútbol de Nacional está muy lejos de ofrecer la consistencia y regularidad que necesita un campeón.

Jugó muy mal Nacional el primer tiempo ante Rampla, y la fortuna le hizo una ofrenda cuando Alex Silva marró un penal a los 30'. De no haber mediado ese remate fallido del goleador local, el juego pudo tener otro rumbo, pese a que se imponía, por la diferencia en la conformación de los planteles, una clara superioridad de los albos.

Esa diferencia que debería existir no se reflejó por el fútbol displicente de un Nacional que se sintió incómodo por la cancha y que le costó acostumbrarse a desempeñarse en un terreno en el que los futbolistas de Rampla suelen entrenar y que conocen dónde está cada pozo y cómo pica la pelota.
En el segundo tiempo, Nacional ofreció un juego más acorde al que se le debe exigir al equipo de Lasarte, y en ese funcionamiento fue clave un aporte calificado de Zunino, quien se transformó en el motor ofensivo de un equipo al que le costó entrar en sintonía.

Nacional depende demasiado de Arismendi, como Peñarol de Gargano. Quedó demostrado a lo largo del torneo, cuando no estuvo el volante de los tricolores, las dificultades del equipo para sostener el equilibrio en el mediocampo.

Arismendi le brinda al equipo una consistencia que ningún otro jugador es capaz de generar. Entonces allí, de cara a lo que se viene, se empiezan a observar las flaquezas de planteles tan ricos. En este caso Nacional con Arismendi, o Peñarol con Gargano.

El volante se recuesta contra los zagueros y recorre el mediocampo con efectividad admirable, que le brinda a Zunino y Sebastián Rodríguez la certeza que sus espaldas están cubiertas. Así arrancó Nacional ayer en el Olímpico, y no paró hasta firmar el triunfo 2-0.

¿Nacional está para ser campeón? Depende mucho del giro que le brinde Lasarte al ataque. Sin Aguirre, lesionado, disminuyen las posibilidades de los albos. Quedó demostrado el jueves. Las limitaciones son indisimulables. Silveira hace un gran desgaste, pero no alcanza. Viudez, que si aparece en su real dimensión es la diferencia en el torneo local, es demasiado irregular, y Sebastián Fernández se queda sin socios.

Nacional hizo lo que parecía imposible, quedó con chances en la tabla Anual, no obstante le queda lo más difícil: seguir extendiendo la racha de triunfos, que ya lleva seis, hasta el final.

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