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13 de abril 2019 - 5:03hs

Cuando Neptuno cerró definitivamente el 13 de marzo de 2019 el club ya no era un club, hay paredes, calderas, techos y vestuarios, pero es como si no las hubieras. Un club que fue. Un puñado de entusiastas socios que seguirán diciendo que su lugar en el mundo es el Neptuno, un club que ahora se transformó en un lugar feliz en la memoria de los que alguna vez fueron socios. 

Cuando Amador Franco, un italiano nadador de aguas abiertas de la época donde todavía no había piscinas, decide fundar un club de natación llamado Neptuno no había un club, no había paredes, ni calderas, ni techos, ni vestuarios. Un club que solo era su directiva y un puñado de entusiastas nadadores. Era 1912.
Del final al principio

Hay historias que es mejor contarlas de adelante hacia atrás, desde la despedida final, para entender el significado de algo que fue y ya no será. Era miércoles, era un 13 y era marzo. Ahí estaba Javier Bertoldi, una de las tres personas que esa mañana nadaba en la piscina. Le extrañó no ver a los gurises que entrenaban, algo no andaba bien. Se bañó y a la salida un diálogo con un funcionario develó el misterio:

–“¿Cuándo venís de vuelta”?

–El sábado- contestó Javier

–El sábado no vas a venir porque cierra el club. 

Diego Battiste

No supo cómo reaccionar, Javier era socio hacía un “montón de años” y desde el 2002 venía escuchando con intermitencia la noticia de que el club iba a cerrar, “desde ese momento a esta parte esa noticia era permanente, iba a cerrar pero nunca cerraba. Todos sabíamos que iba a llegar un punto que el club no se iba a poder sostener”, dice Javier a Referí. Todo el mundo sabía pero nadie lo quería pensar ni imaginar. Se subió al auto, volvió a su casa y siguió sin saber cómo reaccionar.

Después lo supo, había que ir un último sábado, juntar al grupo de vóleibol e ir una última vez. Fue el último sábado de marzo y Javier entró como lo hizo toda su vida: a los gritos y con el mismo dicho que repitió cada sábado. “Me lo tomé como quién tiene el último día para vivir, no me entristecí, fui a despedir al club con la mejor alegría. Engañándome a mí mismo, pensando que el club no iba a cerrar”, cuenta Javier. Por eso siguió la misma rutina de siempre: armado de equipos, sorteo, y cada vez que sacaba lo hacía al grito de: “Este saque me lo enseñó Fulano o Mengano”, recordando compañeros que ya no jugaban en ese grupo. 

Alfredo pensó que iba a poder aguantar, fue porque precisaba despedirse del club, verlo una última vez. Sabía que no era una despedida fácil, comenzó allí a los 13, de eso hace 30 años. Lo anotaron sus padres, los mismos que lo veían desde las gradas cuando nadaba los domingos. Allí también conoció a su esposa. Todo eso volvió a la cabeza de Alfredo Kouyomdjian ese último sábado de marzo. Supo que no iba a aguantar cuando sentado frente a su locker de 20 años no pudo contener las lágrimas. Subió al gimnasio jugó algunos puntos y se tuvo que retirar. Cuesta decir adiós al lugar donde uno ha sido feliz.

Diego Battiste

Nicolás e Ignacio sabían que le podía pasar lo de Alfredo y por eso decidieron no ir. “El 9 de marzo fue el último sábado que fui. No sabía que era el último sábado”, dice Nicolás, y agrega: “Me despedí la última vez que fui y jugué. Ir ahora, ver todo apagado, no poder cambiarse en el vestuario no lo podía hacer”. Ignacio trata de explicar algo que sabe suena a incomprensible: “Todos ponemos el mismo ejemplo, ‘se nos murió un familiar’, y en realidad cerraron las puertas de un edificio, pero es mucho más que un edificio para nosotros”.

Los socios de Neptuno no hablan, se desahogan.

A la época fermental de Amador Franco le siguió una de consolidación en la década de 1930, bajo la presidencia de Raúl Previtale. Neptuno consiguió los terrenos donde se ubica actualmente, lugar antaño de un establecimiento de baños. Lo hizo con préstamos de la Comisión Nacional de Educación Física, que a cambio del apoyo económico usaba las instalaciones para la enseñanza de la natación, que combinaba con waterpolo y hacía del club el dueño de los deportes acuáticos.

La selección de waterpolo de Uruguay, la única que actuó en la historia a ese nivel en los Juegos Olímpicos de 1936, fue de Neptuno, y Pereira Kliche, quien se formó con el tridente en el pecho y entrenando en la bahía, fue elegido mejor golero del mundo.

Diego Battiste

En 1943 se llena la piscina de 50 metros y el club la inaugura oficialmente en 1946. La piscina convivía con la chata aparcada en la bahía, allí por ejemplo iba Julio César Maglione, actual presidente de la Federación Internacional de Natación y del Comité Olímpico Uruguayo, cruzado incontables veces por el “gallego” Alfonso desde tierra firme a la chata.

La década de 1960 fue gloriosa, cuna de grandes nadadores como la sanducera Ana María Norbis, pechista que en los Juegos Olímpicos de México 1968 se transformó en la única uruguaya que batió un récord olímpico en un especialidad que debutaba en el programa olímpico. A esos juegos Uruguay fue con un equipo de postas con Ruth Apt y Lylian Castillo, también competidoras de Neptuno. Eran otros tiempos.

Arnaldo Gomensoro es conocido como “Cheche”. Es profesor de educación física e hizo trabajos sobre la educación física en el período fundacional. En Neptuno nadó durante sus años de estudiante de ISEF. A mediados de la década de 1960 volvería también como árbitro de la Federación Uruguaya de Natación. Sobre el declive del club comenta: “El Neptuno quedó arrinconado, dejó de haber habitantes permanentes en la Ciudad Vieja, perdió gente y comunicación. Los ómnibus cambiaron su recorrido, antes te bajabas en la puerta y la terminal quedaba a 30 metros”. 

Diego Battiste

Los socios coinciden que los problemas financieros se explican en gran medida por la apuesta al básquetbol profesional. En los años 1980 Neptuno tuvo jugadores como el Fefo Ruiz, Tato López, Enrique Tucuna, Jeff Granger y Luis Eduardo Larrosa. Todos jugadores de selección. Esa gestión encabezada por Alfonso Di Landro terminó de la peor manera en 2002, con él expulsado del padrón de socios y una bajada que recién comenzaba.

Pese a la millonaria inversión que realizó el club, Neptuno nunca fue campeón Federal (lo que equivale a la Liga Uruguaya actual) y se conformó con el premio consuelo del título de la Liguilla de 1990.

Ignacio Mouradian fue parte de la última directiva aunque renunció un año antes del final.

“En el año 1996 ya hubo una huelga grande de funcionarios, hablamos de un club con entre 5.000 y 6.000 socios. Luego dejó de pagar el BPS que determinó el cese de algunos terrenos del club en Laguna del Sauce”, recuerda.

El plantel de básquetbol terminó con muchas deudas, sumadas al Banco de Previsión Social, al Banco de Seguros del Estado, juicios laborales perdidos, no se contaba con habilitación de bomberos y de un tiempo a esta parte la Intendencia de Montevideo (IMM) no había renovado la concesión del predio.

Nicolás Sciuto también supo ser parte de la directiva por un tiempo, arquitecto de formación, alguna vez hizo el cálculo de cuánto debía gastarse para recomponer la infraestructura: “US$ 3 millones o US$ 4 millones para hacer determinadas cosas; la piscina de 50 metros en condiciones, la sala de calderas habilitada, una sala de aparatos acorde y la habilitación de bomberos”.

Diego Battiste

Las deudas se acumulaban por millones, las directivas se sucedían sin encontrar soluciones. Mouradian lo explica: “Faltó proyecto por parte de la directiva del club. El club cierra por problemas internos, pero hay como un soltar la mano de la Secretaría Nacional del Deporte (SND). Nos queda la duda de si la SND no quería que cayera para quedarse con el club sin pagarle a Neptuno. (Daniel) Daners me lo dijo clarito, no cerramos el club por el costo político de cerrar Neptuno”.

Sciuto piensa igual: “Quizá porque uno entiende lo que quiere entender, y además no tengo argumentos para demostrarlo, me genera la duda si la SND no vio que era la oportunidad para decir: ‘Presentemos este camino que va a terminar en el propio club pidiendo la liquidación’, y nosotros de manera muy ingenua lo aceptamos”. Termina de explicar el arquitecto: “El club en algún momento se iba a cerrar solo, era como una vela que se iba apagando. Pero en las dos intervenciones estatales que hubo, ninguno de los interventores propuso el cierre”.

Daniel Daners es el gerente nacional del Deporte por la SND. “En el año 2012 o 2013 vino la directiva de ese momento y nosotros le hicimos un estudio a partir del cual le proponíamos que la SND y la Fundación Deporte Uruguay tomaran el 70% de las instalaciones para uso de las federaciones y dejarle al club el uso del otro 30%. Nosotros nos íbamos a hacer cargo de los servicios comunes del funcionamiento. Para esa idea nunca tuvimos respuesta”, dijo. Siempre dejó claro la SND que no podía ni debía hacerse cargo de las deudas contraídas por el club. “Esa participación nuestra se hacía siempre y cuando no nos tuviéramos que hacer cargo de los efectos de la mala gestión”.

Culmina Daners: “Vinieron de nuevo, y la única salida que vimos fue que dieran por terminada la sociedad y solo en ese caso podíamos considerar una participación para adelante, pero no como club Neptuno. Hay que hacer una inversión grande en infraestructura. Es un edificio muy complejo por cómo se fue desarrollando. Pero en cualquier caso nos parece que vale la pena intentarlo”. El club cerró y los tiempos legales están corriendo, la SND, la IMM, los socios y los acreedores verán cómo continúa esta historia. De lo contrario el edificio correrá el riesgo de transformarse en un elefante blanco en plena Ciudad Vieja. Y a pesar de lo que uno se pueda imaginar, los elefantes son excelentes nadadores.  

 

 

INFRAESTRUCTURA Y PROYECTOS QUE NO AVANZARON

¿Cómo ve la Secretaría Nacional de Deporte a Neptuno? Así lo explicó Daniel Daners: “Tenés unas instalaciones espectaculares: una piscina de 50 metros que no es olímpica porque tiene 7 andariveles, pero para entrenamiento sirve; 7 gimnasios, algunos de 28x15 y en el techo se puede hacer uno de 40x20 para futsal y handball. Hay gimnasio de boxeo, de esgrima y sala de musculación”.

La situación de Neptuno llegó hasta el Legislativo. Valentina Rapela, diputada colorada y presidenta de la Comisión de Deportes de la cámara de diputados, se interesó en el Neptuno como posible centro de alto rendimiento.  Cuenta la diputada: “Me reuní con más de 30 federaciones y la mayoría tenía como principal problema la falta de un lugar para entrenamiento. Haciendo un relevamiento de posibles lugares, llegué al Neptuno. Presenté a mediados del 2018 la propuesta en la SND y fui al Neptuno, pero después que me reuní con la directiva del momento me manifestaron que estaba con una deuda enorme y que era imposible ponerse al día. No vi el auge del Neptuno pero si tengo cuentos de familiares de las buenas épocas y ahora era verlo como una agonía”.

 

Diego Battiste

DE PRIMERA PISCINA OLÍMPICA EN URUGUAY A PASARELA DE MODA

Ya no tiene agua, ni andariveles. Nadie nada. Pero se sigue mostrando imponente. La piscina que por muchos años fue referencia de la natación en Uruguay y la primera olímpica (hoy ya no puede sostener ese rótulo porque tiene siete andariveles y la Federación Internacional exige ocho), se transformó en estos días en un enorme foso que, por ejemplo, se utilizó hace dos semanas para un desfile de modas. En eso está por estos días la piscina de 50 metros de Neptuno.

 

 

EL DÍA DESPUÉS DE LOS SOCIOS

“Un último beso a la cancha, siempre esperando que no sea el último. Esperemos volver a entrar y jugar. Ese último partido que nadie quería tener. Para mí es el último partido que nadie quería jugar”, dice Javier. Nacho cuenta que le tiene terror al momento de pararse en la puerta de otro club y decir: “Acá empiezo de nuevo”. Alfredo que iba todas las mañanas antes del trabajo, encontró otro club que abriera 7 AM, el primer día aguantó 10 minutos y se tuvo que ir, la adaptación le costó. Nicolás tiene la sensación que le vendieron la casa. 

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