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No generalice, por favor

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario

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06 de octubre de 2017 a las 05:00

Por Carlos María Uriarte, especial para El Observador

Ante la reciente denuncia de un lamentable hecho de violencia ocurrido entre trabajadores rurales, acontecido en el departamento de Salto, manifestamos nuestro más absoluto rechazo a cualquier acto de violencia, tanto física como verbal.

En este sentido, queremos llamar a la reflexión que tan rechazable es la violencia física, como la violencia verbal que irresponsablemente promueva el odio entre las personas.

Apenas conocido el hecho y antes de corroborar la veracidad del mismo, poderosas organizaciones sociales, e incluso importantes representantes públicos, desencadenaron un ataque mediático hacia el sector agropecuario, promoviendo irresponsablemente el odio y el divisionismo entre los uruguayos.

A la hora de escribir estas líneas las autoridades competentes aún no han confirmado la veracidad de los hechos, pero lamentablemente ya llevamos varios días con titulares en la prensa, sembrando en la opinión pública la idea de que este tipo de hechos son comunes en el agro.

Un caso de violencia privada (con versiones encontradas) fue transformado ante la opinión pública en el paradigma de la esclavitud ruralista, sin siquiera tener la certeza de su veracidad.

Por eso, nos sentimos en la obligación moral de rechazar enfáticamente, por no ajustada a la realidad, la pretendida generalización de este tipo de hechos en el ámbito rural, pues se trata de casos aislados que de ninguna forma representan a la comunidad rural.

Se ha estado usando un conflicto entre trabajadores, individual y concreto, que merece todo nuestro repudio y el peso de la ley de confirmarse, para extender injustamente un manto de indignidad sobre todo el sector.

No es nuevo que se promueva la división para gobernar e imponer ideas, sobre todo en temas laborales. En nuestro agro, donde la tradicional fraternal relación laboral que históricamente ha tenido nuestro sector agropecuario aun sobrevive, es innegable el importante deterioro que se le ha ocasionado en los últimos años.

Preocupados por esta realidad, desde el propio poder ejecutivo, a través del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), se impulsa una actividad orientada específicamente a promover la conciencia agropecuaria entre los uruguayos, que busca sensibilizar a la población acerca de la importancia que el agro tiene en la vida de todos los uruguayos.

Pero existen quienes no pierden la oportunidad en hacer exactamente lo contrario, promover el divisionismo entre el campo y la ciudad, haciendo referencias a circunstancias que desde hace mucho no son parte de la realidad del sector.

Este tipo de acciones ha estado afectando a la creación de oportunidades laborales en el sector. Lamentablemente, en el agro desde hace ya demasiado tiempo los riegos que genera el dar trabajo son muy altos, por el estado de vulnerabilidad y discriminación en que se encuentran los empleadores rurales, sumado a la baja productividad y pobre capacitación de la mano de obra rural (dos tercios de la cual apenas ha terminado Primaria).

Estas son algunas de las razones por las cuales nuestro agro es el sector más expuesto de nuestra economía al aumento del desempleo provocado por la innovación tecnológica.

Como consecuencia, y según el BPS, en los últimos tres años el sector ha perdido 10 mil puestos de trabajo, sobre todo en el sector ganadero y hortifrutícola.

Es imperioso que quienes trabajamos en el sector más importante de la economía nacional cambiemos esta tendencia, y eso solo lo haremos todos juntos, con una visión proactiva, sin prejuicios, y sin otro interés que el nacional.

Nuestra actividad agropecuaria es una escuela de convivencia en donde aprendemos a colaborar los unos con los otros, y a respetarnos mutuamente más allá de la relación laboral. Por lo que hechos como el ocurrido, además de condenables, son excepcionales.

Por eso entendemos que todos deberíamos ser muy celosos en la defensa de las virtudes que tiene la relación laboral tradicional de nuestro campo y, lejos de atacarla, deberíamos defenderla, promoviendo la solidaridad, la justicia y la fraternidad.
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