26 de abril de 2024 14:40 hs

Por cada tres centímetros de sonrisa, baja el precio. El lujo seduce con cierta distancia, aquella que les da el aura de aspiracionalidad, a diferencia de las marcas de consumo masivo, que en su gran mayoría muestran personas felices o sonriendo, estas son situaciones “del día a día”, mientras que el lujo no es algo habitual o general.

Si nos fijamos en anuncios de marcas como Coca-Cola, veremos que los modelos sonríen todo el tiempo. Esto ocurre porque son marcas familiares, de consumo masivo.

Las marcas de lujo son para momentos extraordinarios. Incluso, en algunas publicidades no miran a la cámara, para no desviar la atención del cliente sobre el producto.

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La razón es muy simple, las marcas de lujo no comunican para vender sino para seducir. El principal objetivo es crear seducción para incrementar su valor. 

Para crear la seducción, las marcas crean una distancia entre ellas y el consumidor, volviéndola mas deseable. Todos buscan verse como los modelos. Estos productos crean un sentimiento aspiracional, pues creen que al adquirirlos se verán o sentirán con mas status.

Otra forma de incrementar esa aspiración en el consumidor es que los modelos miren en otra dirección, acentuando mas la distancia, generalmente se suele combinar con los accesorios que portan. Anteojos, aros, anillos…

Incluso las situaciones o los elementos que conforman la publicidad influyen en el deseo de comprar.

El ángulo de la cámara también tiene un rol importante, ya que algunas fotografías son tomadas desde un plano inferior. La imagen da la impresión de que el espectador mira desde abajo, como si fueran mas altos, creando una sensación de superioridad.

El marketing de lujo ha evolucionado con el tiempo, hasta alcanzar la paradójica conclusión que una de las mejores estrategias es prácticamente “menospreciar “ al consumidor. Haciéndole ver que no manda el, que la historia detrás de la marca y su identidad corporativa están muy por encima.

Estrategias puras. Al final todo se trata de vender y recaudar lo máximo posible, apelando a todo aquello que sea necesario para seducirnos. Vale aclarar que una sonrisa sigue siendo la forma más económica de cambiar nuestro aspecto, más si es contagiosa aunque el pelo, sea un desastre universal…

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