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Nueva Carrara: un destino de moda peligroso al que las autoridades piden no ir

El predio es parte de una propiedad privada que es traspasada constantemente y no está preparada para recibir visitantes; tampoco es apta para baños

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05 de enero de 2021 a las 05:02

Alejandro Echavarría era candidato a alcalde de Pan de Azúcar cuando le pidió a un amigo que lo llevara a conocer la cantera de Nueva Carrara. "Le dije: 'dime dónde es que quiero ir a mirar'. Hicimos un video. Tuvo seis mil y pico de reproducciones y empezó a ir la gente", cuenta hoy. 

El alcalde, que era uno de los candidatos del intendente Enrique Antía para ese puesto, se lamenta cuando recuerda ese momento. Según dijo, el video se viralizó sin parar. Ruben Abal, un comerciante de la zona y extrabajador de la cantera, también sitúa el origen del fenómeno en el momento en el que se empezó a "hacer política" con el lugar.  

La prueba está a la vista: la cantera de Nueva Carrara, un predio privado a pocos kilometros de Pan de Azúcar, se volvió un fenómeno turístico por el que cientos pasan día a día para retratarse de espaldas a sus aguas cristalinas. 

Sin embargo, tanto la Intendencia de Maldonado como el Municipio de Pan de Azúcar desalentaron las visitas, al menos hasta que se construya un mirador público que dote de mayor seguridad al predio y que está en negociación. 

Peligro, no pasar

La cantera es propiedad de la Compañía Nacional de Cementos (CNC) que tiene su planta industrial y de yacimientos en Nueva Carrara, una localidad que forma parte del municipio de Pan de Azúcar. 

Según la página del municipio, la cantera proveyó de mármol a la construcción del Palacio Legislativo, en 1908, luego de conseguir la adjudicación de su suministro para la obra. Por esa época, la Compañía de Materiales de Construcción –que era su propietaria– era considerada una de las "principales proveedoras del país de calizas y mármoles con exportación a Argentina". 

Según Abal, que trabajó 25 años en el lugar, hasta hace poco todavía habían piedras que llevaban las iniciales "PL", en alusión al Palacio Legislativo. 

La entrada a la cantera está a pocos metros de la escuela rural N° 31, cuyo frente hoy es usado como estacionamiento.

Al llegar son varios los carteles que advierten a las personas que están ante una propiedad privada. Pero ni los cercos, ni las pilas de piedras, ni las máquinas cortando el paso ni las decenas de cintas desplegadas en el lugar consiguen disuadir a los curiosos, que no dudan en continuar su peregrinación hasta llegar al lugar del que todos hablan. 

"Hay que empezar a cobrar entrada", le dice un hombre a su amigo, mientras levanta una pierna para poder pasar por encima del cerco, que tiene al lado un cartel que advierte: "No pasar peligro de voladuras". Otro cartel, más chico, alerta sobre los posibles "derrumbes" en el interior del predio.

Pero nada parece importar y los visitantes, comprometidos con su causa, siguen su camino. 

Algunos llegan con perros, otros con niños debajo del brazo y otros con refuerzos y botellas para pasar el día. El predio es testigo de esto último: hay bolsas de residuos a los costados del camino y los pocos contenedores de basura están desbordados. 

Las cintas de la Intendencia de Maldonado, que piden no pasar, están por los suelos. 

"¡Vení para acá que es peligroso!", le grita una mujer a un niño. En efecto, el terreno se ve y es peligroso. Para empezar, el camino de tierra que lleva al cerco de entrada está constantemente transitado por camiones, ya que algunas de las canteras adyacentes a la de moda están en uso y la fábrica sigue trabajando. 

Pero después de entrar el riesgo aumenta. Porque no hay señalización, ni barandas, ni caminos previstos ni nada que se le parezca. Claro, se trata de un predio privado que no fue pensado para que cientos de personas lo caminen a diario. 

Las huellas de los camiones todavía están marcadas en la tierra y la bajada de la cantera hoy se utiliza como una especie de piscina natural. "Dejá descansar a papá que viene de nadar de allá", le pide un hombre a su hijo, mientras señala el extremo más lejano del pozo de agua. En otro rincón, un señor ayuda a otro –bastante mayor– a salir del agua, ya que la "orilla" está llena de piedras.

Algunos precavidos llegan al lugar con sillas de playa y los más jóvenes (y más osados) aprovechan a tirarse de cabeza desde la ladera.  "La tercera vez que me tiré me corté la pata", le cuenta un adolescente a un hombre que mira azorado a los otros tirarse. Es que los bordes de la cantera están llenos de una especie de pedregullo que cede al pisar, lo que hace aún más riesgoso el paseo. "El otro que se tiró conmigo se resbaló con una piedra", agrega el adolescente. 

El pedido de las autoridades

El director de Turismo de la Intendencia de Maldonado, Martín Laventure, desaconseja las visitas al lugar. "Hasta que no estén las condiciones es muy riesgoso", señaló.

Según contó, desde hace poco más de un mes que la intendencia trabaja junto al municipio y los propietarios del lugar en un proyecto para instalar un mirador público bien señalizado y con garantías de seguridad. 

¿Qué pasa mientras tanto? La respuesta no parece clara. Un trabajador de la zona, así como el comerciante Abal, contaron que este fin de semana del 2 y 3 de enero la policía llegó en varias oportunidades hasta la entrada de la cantera para pedirle a la gente que se retirara. Pero no hubo caso y en el momento en el que los funcionarios se iban, el lugar se volvía a llenar. 

"En el mientras tanto, la situación es compleja", sostiene Laventure. Además, advierte que se trata de una propiedad privada y que ante su violación el propietario podría tomar acciones legales. "En la medida en la que siga así va a haber que tomar una medida más", aseguró. 

El alcalde Echavarría opinó en el mismo sentido que el jerarca de la intendencia. "El tema es que hay un promedio de 100 personas que se renuevan cada media hora. Va la policía, saca a los que están en ese momento y se va", contó y consideró que, con las condiciones actuales, el tema se puede "apaciguar" pero no "remediarlo totalmente". "Si la gente tiene mala intención, no lo vamos a lograr, porque tiene mil lugares para entrar", lamentó. 

Echavarría dijo que por el momento hay personal del municipio y concejales que concurren de forma diaria a la zona para tratar de hablar con las personas y desalentar las visitas. 

La idea de establecer un comodato con la Compañía Nacional de Cementos y poder instalar un mirador está en negociación, pero llevará tiempo. "La meta es llegar a la próxima temporada con el mirador", dijo Echavarría. Por delante quedan varios meses de verano, en los que no parece que las visitas vayan a parar. "Donde pase una desgracia, se complica todo", reconoció el alcalde. 

El agua y las explosiones

Otro factor que no está estudiado es la calidad del agua. Si bien a la vista se ve cristalina, es agua estancada que se generó después de innumerables lluvias. "Es agua que se acumula ahí. No es apta para baños por lo peligroso del lugar", señaló Echavarría. Consultado sobre la calidad ambiental, el alcalde afirmó que el tema no está estudiado. 

"No tenemos ni idea porque no se analizó nunca porque no se piensa usar para baños. ¿Cómo le vamos a decir al dueño de la fábrica que la analice si ahí no se pueden bañar?", pregunta el alcalde y sostiene que, "dentro de todo", la calidad del agua es lo que "menos" le preocupa. Lo que más, sostiene, es los accidentes que se puedan generar por las alturas y por la profundidad de la cantera, que si bien no tiene corrientes tiene barrancos. 

Por otra parte, Abal y el alcalde recordaron que cada tanto la empresa realiza explosiones programadas, que son parte de la actividad de perforación y extracción. Si bien se suele alertar a los trabajadores y también se hace sonar una sirena por varios minutos, los visitantes están ajenos a esta actividad. 

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