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Nueva ola de covid-19 en Uruguay: hay más contagios pero son menos graves

Hay solo una persona internada en CTI; los expertos consultados señalaron cuatro factores que explican el fenómeno

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17 de septiembre de 2020 a las 05:02

Por Ignacio Chans y Agustín Herrero

El aumento de casos de covid-19 a partir del 29 de agosto disparó la preocupación de parte de la ciudadanía y también del gobierno, que ha vuelto a reiterar los pedidos de evitar aglomeraciones, fiestas y otros eventos masivos. Este miércoles se detectaron 29 nuevos casos.

Están quienes ven la cantidad de casos activos (el domingo llegó a 250) y la evolución de casos nuevos por día (18 el promedio de la semana pasada) y la comparan con la situación de marzo, y no están lejos (el pico de activos en abril fue 299, y la semana con más casos, a fines de marzo, tuvo un promedio diario de 21). Y hasta se preguntan si no es hora de ir hacia atrás con algunas aperturas.

Sin embargo la última ola de casos positivos tiene una característica llamativa: la bajísima -casi nula- incidencia de casos graves o muertes, un porcentaje mucho menor a lo que indicaban las cifras hasta ahora.

Desde el 29 de agosto hasta el 15 de setiembre se registraron 271 personas contagiadas de covid-19 (la cifra no incluye a 12 extranjeros que fueron testeados en Uruguay pero luego abandonaron el país). Esas dos semanas implican el tercer pico más alto de la enfermedad en Uruguay, luego del primero por el brote casamiento, y del foco generado a partir de casos en instituciones de salud, en junio. 

Sin embargo, de esos 271 casos, hay una sola persona internada en CTI.

El 28 de agosto, antes de empezar esta última ola de contagios, había tres pacientes en cuidados intensivos. El 8 de setiembre bajó a dos. Y desde el 10 de setiembre quedó uno. 

Si bien en la última semana se dio la segunda mayor cifra de casos activos desde que la pandemia llegó a Uruguay, hay una sola persona enferma de covid-19 internada en un CTI. 

Además, en estos 17 días de la segunda ola se registró una sola muerte, el 4 de setiembre. Es decir: la amplia mayoría de los contagiados de ese período viene procesando la infección sin síntomas o con síntomas leves que no requirieron una internación en cuidados intermedios. Y ya hay 40 personas contagiadas en ese tramo que ya tuvieron el alta.

Es decir que, según los datos que aporta el Sinae se puede inferir que, en la peor hipótesis, solo el 0,7% de los casos registrados en estos 15 días (2) terminaron en CTI, y 0,3% (un caso) terminó en muerte. Eso en el caso de que esos dos casos correspondan a personas que se contagiaron luego del 28 de agosto, algo que no informe el Sinae. De lo contrario, directamente sería cero.

Las cifras marcan un muy fuerte contraste con el balance general de la enfermedad. Según el último informe epidemiológico del Ministerio de Salud Pública (MSP), que registró datos hasta el 28 de agosto -justo antes que se iniciara la última ola-, las cifras de internaciones en cuidados intermedios o críticos alcanzó el 3%, y los muertos el 2,6%. Es decir, casi nueve veces más muertos que en esta última ola y cuatro veces más casos graves.

Hay una salvedad importante y es que alguos casos que aún cursan la enfermedad pueden agravarse en los próximos días (generalmente los casos demoran entre dos y tres semanas en volverse graves). De todos modos, la tendencia general es de una ola más benévola que lo que venía siendo hasta ahora.

¿Qué ocurrió? Hay una sumatoria de variables que van en línea con lo que ha pasado en otros países del mundo, si bien tienen realidades epidemiológicas muy diferentes a las de Uruguay. 

Según explicó en diálogo con El Observador el infectólogo Homero Bagnulo, la literatura especializada se refiere a cuatro hipótesis que explican esta menor letalidad. 

En primer lugar, los diagnósticos se están haciendo de forma “más precoz” y eso ayuda a atender a los pacientes antes de que la enfermedad se agrave. 

El director de la cátedra de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de la República, Julio Medina, también se refirió al mismo asunto y dijo que esta identificación más temprana “posibilita una asistencia y sostén más adecuado” de los infectados. Medina afirmó que “el timing es muy importante”: como los pacientes llegan a ser atendidos antes, se agravan menos.

Junto con esto, Bagnulo explicó que el tratamiento actual a nivel internacional en las salas de cuidados intensivos es mejor del que había cuando comenzó la pandemia y no se conocía la enfermedad. “En lugar de intubarlos de entrada, en Europa van con ventilación con máscara o inclusive con casco. Eso es menos invasivo, tiene menos complicaciones y se obtienen mejores resultados”, aseguró.

Tanto Bagnulo como Medina destacaron la curva de aprendizaje en el tratamiento médico y explicaron que, al igual que con el manejo del oxígeno, fue clave que los equipos sanitarios se adaptaran al uso de corticoides y anticoagulantes.

 

En segundo lugar, los especialistas apuntan al aumento de camas de CTI como un factor que disminuyó la letalidad. Ante la necesidad ocasionada por la pandemia, los sistemas de salud de todo el mundo se focalizaron en el crecimiento de las unidades de cuidados intensivos. Cuando los hospitales de algunos países colapsaron, cada cama disponible que había era una vida más que se salvaba. En el caso de Uruguay, el sistema contó con camas disponibles en todo momento.

El tercer factor manejado por los expertos refiere a las edades. Según Medina, los especialistas notaron un “aumento porcentual de pacientes más jóvenes” entre los infectados con coronavirus. Bagnulo, en tanto, aseguró que buena parte de la población de riesgo en los países más afectados ya falleció a causa del covid-19. El infectólogo contó que estudios internacionales aseguran que ya han fallecido el 25% de los ancianos residentes en geriátricos estadounidenses y hasta el 40% en España.

Por último, los dos expertos señalaron que el distanciamiento social y el uso generalizado del tapabocas generaron un efecto positivo para reducir las muertes por coronavirus. ¿Pero cómo, si los contagios igual siguen aumentando? La respuesta está en la carga viral. En algunos casos, aunque el tapabocas no puede evitar el contagio, sí evita que sea mucha la carga viral que un infectado le transmite a otra persona. Es decir, la cantidad de virus que pasa de una persona a otra es lo suficiente como para infectarla pero –gracias a la mascarilla– no tanto como para complicarle su estado de salud.

Datos internacionales

En Europa se habla hoy de la segunda ola, y de hecho España está detectando más casos que en marzo. Sin embargo, las cifras de muertos, si bien vienen en ascenso, están muy lejos de las registradas en marzo.

Europa

España

Lo mismo ocurre en EEUU, donde ya pasó la segunda ola, que tuvo más casos que la primera y la misma cantidad de hospitalizaciones, pero mucho menos muertes.

En el caso de EEUU hay algunas particularidades, porque no es estrictamente una segunda ola, sino que, en un país gigante, la enfermedad se está moviendo hacia otras regiones que aún no habían sido tan golpeadas por la pandemia. Lo mismo ocurre en otros países grandes, como México o Brasil.

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