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Ochenta policías, 21 detenidos, ningún procesado

Los agentes incautaron en el megaoperativo 30 gramos de marihuana

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05 de septiembre de 2015 a las 05:00

"¿Qué mirás, puto?", le dijo un policía a Andrés cuando caminaba de su casa al almacén. Andrés cometió un delito imperdonable para algunos agentes: mirar al patrullero en medio de un asentamiento de Malvín Norte.

En el mediodía de este jueves, 80 policías de la Zona II, la Guardia Republicana, la Brigada Antinarcóticos, Inteligencia, el Grupo de Reserva Táctica y el Departamento de Operaciones Encubiertas protagonizaron un megaoperativo en un cantegril de Malvín Norte. La jueza Blanca Rieiro había ordenado allanamientos en esa zona para buscar elementos robados el 25 de agosto durante un saqueo al supermercado Tata, ubicado a 200 metros del asentamiento.

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El saldo del operativo: 21 detenidos, 30 gramos de marihuana incautados, ningún procesado y un barrio que muerde bronca.

Los vecinos cuentan que los policías "están re de vivos". Andrés, que tiene 37 años y atiende hace 12 inviernos el mostrador del Bar Nuevo París, en la esquina de 8 de Octubre y Pan de Azúcar, asegura que no pudo ir a trabajar el jueves porque la Policía no lo dejó salir de su casa. "Acá hacen lo que quieren y Bonomi queda contento", dice el cantinero a El Observador, en referencia al ministro del Interior. De todas maneras, en la mañana de ayer, se tuvo que tragar el insulto del policía por mirar el patrullero que pasaba frente a su casa.

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Al ver el despliegue de uniformados y armas, su esposa Valeria corrió el jueves en busca de su hijo y sus sobrinos para entrarlos a la casa. "Si sos pobre, no valés lo mismo que el resto", dice. Valeria es hija de un militar y vive en el asentamiento porque no puede pagar alquiler. Junto a sus hermanas, su esposo y su madre logró reunir dinero y juntos están comprando en cuotas un terreno en Canelones. La mujer, de 33 años, sostiene que frente al predio que compraron hay una seccional y que los policías vigilan los materiales de la construcción, pero en el cantegril es otra historia.

Andrés pide la palabra para dejarlo bien claro. "Hay mucha irresponsabilidad de la Policía. Tienen uniforme y se creen Dios. Juzgan a todos por igual y no somos todos iguales. Entran, rompen todo y vos quedás como el gil laburante. Tiran y los gurises corren. Si saben adónde tienen que ir, ¿por qué no van? Como ellos erran, hay hostilidad de la gente".

El cantinero agrega que a su suegro, el militar retirado, un policía lo metió a empujones en su casa el jueves. Ellos prefieren no reaccionar, agachar la cabeza y quedarse quietos o seguir rumbo al almacén. Pero otros, en general algunos jóvenes y niños, respondieron con piedras al megaoperativo. De los 21 detenidos, muchos fueron apresados por desacato. "Policía" es una mala palabra en el barrio.

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El asentamiento está junto al complejo de viviendas Euskalerría 70<br>
El asentamiento está junto al complejo de viviendas Euskalerría 70

A pesar del despliegue, a la jueza Rieiro, que dispuso los allanamientos, la Policía no le informó sobre ningún detenido vinculado al saqueo al supermercado Tata.

La magistrada informó a El Observador que los agentes no lograron incautar ningún objeto robado ni identificar a ninguna de las personas que quedaron registradas en las cámaras de seguridad durante el robo.

A su vez, la jueza Dolores Sánchez, que estaba de turno el jueves, tomó declaración a cuatro detenidos en el megaoperativo. La Policía les incautó a los cuatro en total 30 gramos de marihuana: unos 30 porros.

Aunque no se ha implementado en ese aspecto, la ley permite la compra en farmacias de 40 gramos de marihuana al mes y por ello el almacenamiento de 30 gramos no apareja reproche penal. Además, el protocolo policial sobre la ley de marihuana aprobado el 10 de agosto de este año por el ministro Eduardo Bonomi establece que para que exista delito debe constatarse "alguna forma de tráfico, venta, comercio, suministro u otros ilícitos". Ni la Policía ni la Justicia lograron probarlo.

Los detenidos durante el operativo por enfrentarse a la Policía quedaron en libertad antes de pasar por el juzgado, informó la jueza Sánchez a El Observador. A su vez, la fiscal de menores Nancy Hagopian, que está de turno, no recibió notificación de adolescentes detenidos.

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En definitiva, la Policía no logró probar ningún delito y los vecinos se quejan de que el barrio quedó otra vez "estigmatizado". Beatriz, la madre de Valeria, dice que vio a algunos agentes apuntando con sus armas a niños.

Para Marcelo, un hombre con antecedentes penales que dice trabajar en una industria de la zona, el operativo fue "una razzia". Sostiene que la casa de su hermano fue allanada sin que hubiera nadie, que los policías destrozaron los muebles y que se llevaron tumbadoras y parlantes. Ninguna jueza fue notificada de estas incautaciones. ¿Reclamará? Marcelo se ríe y responde: "Somos de la villa, de un barrio marginal, no te dan bola. Como dicen ellos: 'Pichis mugrientos'. Pichis mugrientos son ellos". Una decena de niños lo miran y escuchan con pelotas bajo el brazo y pistolas de juguete en la mano.

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