Opinión > ANÁLISIS

Olas que anuncian tsunamis

Los fenómenos climáticos que se dan en el mundo no anticipan nada bueno

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03 de marzo de 2019 a las 05:00

Pocos días antes de que el agobio del calor se instalara en Uruguay, Australia ardía bajo temperaturas récord, que en muchos lugares se aproximaron a los 50 °C, incendios e inundaciones continuaron, con ríos  blancos de peces muertos panza arriba en cursos de agua. Enero fue el mes más cálido desde que se llevan mediciones en Australia. Por primera vez la temperatura media del país superó los 30º C.  En Tasmania los incendios siguen imparables, ya se han quemado 178 mil hectáreas, el país está en situación de sequía, pero en Queensland ocurrieron inundaciones sin precedentes: el río Daintree alcanzó los mayores niveles en 118 años.

Mientras aquí en Uruguay los turistas se quejaban de que enero era menos caluroso de lo esperado. Hasta que llegó la ola de calor que ha matado a miles de pollos, decenas de vacunos y ríos verdes de algas que nos dicen que algo está muy mal. En Buenos Aires la ola de calor hizo colapsar al sistema energético ya que el uso de aires acondicionados disparó las necesidades de corriente eléctrica. 
De los últimos cuatro veranos en Uruguay podría decirse que solo uno fue “normal”. El 2016 fue un super Niño que terminó con un diluvio en 2016, el año del recordado tornado en Dolores. Luego de lo que podría considerarse un 2017 relativamente normal vino un 2018 con sequía y este 2019 que empieza con inundaciones y sigue con un calor capaz de matar animales, ya sean vacunos o pollos.  También cabe recordar al invierno de 2017 cuya ausencia de frío dañó a la producción de trigo, cebada y frutales de hoja caduca.

Previamente el invierno europeo 2018 había sido el más cálido de la historia y así sucesivamente. Estamos en el horno. Literalmente. Lo sucedido en esta semana aquí, lo ocurrido en Australia durante todo el mes de enero, es meramente un anticipo de la película que nos acompañará por el resto de nuestras vidas. Ya no vale ser escépticos. Estamos, como especie, metidos en un gigantesco lío. Aquellos que negaban a Malthus, deberán revisar el apéndice al pie de página: nuestro consumo desenfrenado e irresponsable, los bosques y selvas que hemos talado y seguimos talando, las infinitas chimeneas y caños de escape que hemos instalado, los 60 y pico de millones de barriles de petróleo que quemamos cada día están dando inicio a la madre de todas las tormentas, al gran descalabro climático cada vez más probable para nuestros nietos del que solo estamos viendo el comienzo.

A nivel planetario, el año 2018 fue el cuarto más caliente de la historia. Algo que sería levemente tranquilizador (no fue récord) sino fuera porque los cuatro años más calientes desde que podemos medirlo –más de un siglo y medio– han sido los últimos cuatro. Y los meteorólogos advierten que 2019 tiene alta chance de ser el más cálido de la historia dado que es Niño, dan por casi seguro que será más caliente que 2018. Esto es porque  el mayor océano del mundo está con temperaturas levemente por encima de lo normal. Si 2018 moderó su temperatura, fue porque arrancaba en situación Niña, es decir Pacífico frío (lo que trajo la sequía del verano pasado), todo hace suponer que 2019 será más cálido que 2018. Tanto por la tendencia de largo plazo como por el momento del ciclo del Pacífico, que está en Niño débil, o sea más caliente que un año atrás cuando era Niña. El año pasado, según la Universidad de Berkeley, la temperatura global estuvo 1,16 grados por encima de lo normal (el promedio 1850-1900). Los meteorólogos advierten que es imperioso frenar la tendencia antes de que supere un desvío de 1,5°C a partir del cual los problemas sería mucho mayores y difíciles de revertir.

El panel internacional sobre el cambio climático el año pasado advirtió que básicamente quedan 12 años para intentar revertir el cambio climático  o será casi imposible frenar la tendencia.

Tendemos a ver esto como una fiebre planetaria, pero es mucho más grave que eso. Porque nuestro cuerpo suele revertir la fiebre y restablecer el equilibrio. En el calentamiento del planeta, el  proceso se retroalimenta a sí mismo: cuánto más caliente está la Tierra, más caliente se pondrá. En el caso planetario la retroalimentación es positiva, es decir que se acelera. Y una tendencia exponencial siempre es preocupante. Pero si es de temperatura, tanto más.

Esto es así por varias razones y a través de varios mecanismos. Por ejemplo, al derretirse los polos que son blancos son sustituidos por agua de mar, que es oscura. Menos rayos solares se rechazan, más rayos solares se absorben y calientan. Más calores en las  zonas templadas y cálidas generan más incendios. Más incendios es más calor y también menos vegetación, lo que genera más calentamiento.
Las zonas cuya capa de hielo se derrite pasan a emitir metano que estaba guardado durante miles de años bajo el hielo. Y el metano calienta más que el CO2.

El derretimiento de otras zonas deja al descubierto el permafros y con eso se liberan toneladas de gas metano, altamente calentante de la atmósfera.

En síntesis, a más calentamiento, más calentamiento, y eso es lo grave. Como si fuéramos en una canoa rumbo a una catarata cada vez más rápido al punto de quiebre. Nos estamos acercando al punto de no retorno, nos quedan 12 años para evitar que la Tierra, que ya se calentó 1,16, se llegue a calentar 1,50. Si se calienta 1,5 va a ser muy difícil parar antes de los 2 grados. Si se llega a una temperatura superior a los 2°C por encima de lo normal,  nuestros nietos la pasarán muy mal.

Lo que tuvimos fue una ola de calor. Pero lo que viene despuntando en el horizonte, es un tsunami de calor. Hay que abandonar las energías fósiles, en particular al petróleo lo antes posible. A Uruguay en particular el uso del petróleo solo le ha traído problemas. Es un camino que no se puede recorrer de un día para otro, pero cuánto más se demore en dar el primer paso más se demorará en llegar al objetivo. Por nuestro tamaño no podemos ser la solución para los problemas climáticos del mundo, pero si podemos ser quienes muestren la solución a los países más grandes.                                                                                                             

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