El ministro de Defensa Nacional Javier García pidió un pacto nacional contra el narcotráfico y tiene razón. En una reciente entrevista en Radio Sarandí explicó las diferentes acciones que viene llevando el gobierno en materia de su combate y de los desafíos que el siglo XXI le plantea a las Fuerzas Armadas. Dio a entender que ningún partido puede solo contra este tema y también le asiste la razón.
"Nuestra hipótesis de conflicto en el país hoy no es la guerra, claramente. La principal amenaza que tiene la democracia es el narcotráfico. El crimen organizado y la delincuencia tienen unas capacidades que nos desafían. Tenemos un área de más de mil kilómetros de frontera con Brasil y eso a nosotros nos preocupa mucho", sostuvo García.
"Hay señales de que hay un grado de violencia muy importante. Los avances del narcotráfico son una tragedia para todos. Pensar que a nosotros no nos puede pasar lo que sucede en otros países es una ingenuidad", manifestó.
En la misma entrevista el ministro señaló que el país tiene la necesidad de alcanzar un "pacto político contra el narcotráfico" ya que es la “peor amenaza que tiene la democracia en Uruguay”.
A su vez añadió que incluso se reunió hace un tiempo con el intendente de Canelones, Yamandú Orsi, que lo fue a ver “como ciudadano”, preocupado por una situación que viene de varios años atrás, mucho antes de este gobierno.
"Me llamó Orsi, me dijo que quería hablar conmigo y que le interesaba lo que dije. No me fue a ver como intendente, me fue a ver como ciudadano con responsabilidades. ¿Como sigue esto?, no lo sé. Tengo claro cómo no sigue".
También dijo que si alguien en el país cree que puede salir solo de este problema no está calibrando la magnitud del problema. “Hay que avanzar en un pacto político y democrático contra el narcotráfico. Están pasando cosas en Uruguay que antes no pasaban. Hay un grado de violencia y de no límites que no estaban”, dijo.
“Si no nos damos cuenta vamos a sufrir problemas institucionales. No quiero que en Uruguay empiecen los secuestros y las extorsiones”.
“Yo pido una actitud política concreta. No puedo pensar que utilizando las victorias del narcotráfico y tirándoselas al gobierno que sea se obtenga un rédito político. Los avances del narcotráfico son una tragedia para todos los uruguayos”.
Las palabras del ministro García en la locura de un fin de año terrible donde la violencia y la muerte de inocentes marcó la tónica de la agenda noticiosa deben llamar la atención. No por repetidas están mal. No pueden pasar inadvertidas.
…
Días pasados me tomé un taxi. Me senté adelante. La radio informaba sobre un plan piloto lanzado por el Ministerio del Interior y el Mides para los recién liberados de las cárceles uruguayas. Hoy el país tiene casi 15.000 personas privadas de libertad. Por día entran 29 y salen 26. Es una calesita que buscan frenar innovando con nuevas medidas.
“Es una buena idea, algo hay que hacer porque la cosa está cada vez peor”, me dice el taxista.
A partir de entonces se inició una conversación sobre la inseguridad, la violencia creciente ligada al narco y el papel de la policía. El hombre me dio a entender que había pasado una temporada en la cárcel. Palabras más, palabras menos, me dijo: “Martinelli es un tipo joven que puede hacer las cosas, están en la dirección correcta, pero les va a faltar tiempo. El tema de fondo es que los políticos no entienden que para enfrentar el tema del narcotráfico y de la inseguridad hay que hacer un gran acuerdo nacional y que no sea parte de la lucha electoral. No tiene nada que ver. Mientras los políticos se pelean ellos, los narcos y la delincuencia asociada van ganando territorio”.
Agregó: “Si ya lo hicieron en el Ministerio de Economía donde pasaron los gobiernos y se mantuvo la misma estabilidad y el mismo rumbo económico, no entiendo por qué no hay un plan nacional de seguridad y de lucha contra el narcotráfico… ponele, para los próximos 20 años. Un acuerdo que quede por fuera de la campaña y que sea un orgullo de nuestro sistema político”.
“La cosa está muy brava, en los barrios los jóvenes encuentran en el narco la vía rápida para ascender en prestigio y es todo cada vez más violento. La calle no puede más. 'Ta todo muy bravo. Hay que hacer un gran acuerdo nacional y dejarse de joder, si no, nos comen crudos”.
…
Cuando la reflexión de un político relevante como lo es el ministro de Defensa Nacional, Javier García, coincide con la reflexión de un tachero, que por estar en la calle siente y comprende el termómetro de lo que vive y siente la gente, amerita detenerse a pensar.
Más allá de los pírricos aplausos que podrá sacar un discurso que señale la tragedia de la inseguridad y la violencia en los barrios, vale la pena preguntar: ¿qué se gana? ¿Quién gana? Nada ni nadie. No obtuvieron mayor rédito los que antes eran oposición y ahora oficialismo, y no ganarán nada los opositores de ahora. Solo lograrán seguir dividiéndonos ante un tema que por la envergadura, gravedad e implicancias debería ser de prioridad nacional.
Quedó demostrado que tanto los gobiernos del Frente Amplio como el de la coalición actual no pudieron controlar el crecimiento de la violencia narco. Guste o no guste, es la realidad. Tampoco existen soluciones mágicas ni hay que creer en promesas de respuestas mágicas que logren detener este avance.
El planteo para modificar el artículo 11 de la Constitución de la República que se plebiscitará en 2024 y que de aprobarse habilitaría los allanamientos nocturnos, podría ser un avance siempre y cuando se encuentre en el marco de una política pública nacional de lucha contra el narco y sus consecuencias. Ese artículo fue creado en 1830. Es obvio que debe modificarse. No existía el narco en esa época.
A Uruguay le llegó la hora de dejar a un lado el oportunismo político y abordar este desafío de manera integral.
Estamos ante una encrucijada crítica. El llamado del ministro García a un pacto nacional contra el narcotráfico debe ser tomado en serio. La violencia y la inseguridad no distinguen entre partidos políticos; afectan a todos los ciudadanos por igual. Es momento de dejar de lado las divisiones y los cálculos y sentarse en torno a una mesa con nuestros mejores hombres para evitar el abismo que se cierne como una tormenta perfecta en el horizonte.