13 de enero de 2012 20:09 hs

Pasar frente al viejo Hotel Palace, al final de Gorlero, y verlo cerrado y tapiado, genera una sensación de abandono. Es uno de los sitios históricos de la península. Y cuando uno lo piensa, acomete enseguida la amenaza de que exista el riesgo de demolición. La reacción no es exagerada: ya se fueron otros viejos lobos clásicos del skyline puntaesteño, como el viejo Hotel Playa (donde hoy se encuentra el complejo Imperiale); otros se encuentran tapiados, a la espera de la inversión o del piquete, como el Hotel Ocean.

Pero no es el caso del Palace, donde hay un proyecto para reformarlo y transformar la vetusta nave en un moderno hotel boutique. El edificio no está considerado como patrimonial, porque a lo largo de sus más de cien años ha sufrido sucesivas reformas que fueron alterando el plano original. La comisión de patrimonio de Punta del Este se ha reunido con el estudio de arquitectura que negocia los permisos con la Intendencia de Maldonado y asegura que no se tocará el “patio de las hortensias”, emblema centenario del Palace.

En este momento, los inversores y la intendencia se encuentran en una fase de diálogo para resolver y afinar en qué consistirá exactamente la reforma.

Los orígenes del primero
En la última década del siglo XIX, un empresario francés de apellido Douth tenía un rancherío de lata que funcionaba como pescadería en el lugar donde hoy se encuentra el Palace. Uno de sus empleados era Pedro Risso. El francés se endeudó y terminó pagándole a Risso con el galpón. A Risso se le ocurrió poner un hotel, algo desconocido entonces en la península. En 1892, Risso diseña el llamado “patio de las hortensias”, un espacio central que además de estas hermosas plantas tenía unas características altas palmeras. Recién en 1907 se construye el segundo hotel de Punta, el mítico y enorme Biarritz.

Risso usufructuó el hotel, que se llamaba Central o “de Risso”, según distintas versiones, hasta principios de la década del ’20, cuando lo compra Cayetano Zunín, quien reformó buena aparte del hotel. Cayetano Zunín (hijo), hoy con 93 años, recuerda esas épocas donde se había construido un enorme salón comedor de 40 metros de largo por 20 de ancho, “donde tocaban bandas de músicos, con bandoneón y piano”.

Zunín recuerda los días de principios de diciembre, cuando los argentinos hacían las reservas por correo. “Yo estaba todo el día en la máquina de escribir, confirmando reservas”, recuerda. Algunos, más vivos y rápidos, empezaron a realizar la reserva por telegrama.

Tan far east era Punta del Este que en la puerta del hotel había un señor Clavijo que alquilaba caballos para hacer paseos.

En 1947, Aurelio Cuaya y su socio Martínez Guarda le compran el Central a Zunín y lo bautizan como Palace, porque el primero era dueño de un café en la pasiva del Palacio Salvo con el mismo nombre. Aparte del nuevo bautismo, el cambio principal de estos dueños para el hotel fue el ascensor.

Durante la década del ’80, uno de las atracciones del Palace era la Galería Sur, del marchand uruguayo Jorge Castillo, donde se realizaron exposiciones muy importantes de pintores nacionales y extranjeros.

Graciela Carbonaro, presidente de la comisión de patrimonio de Punta del Este, dijo a El Observador que se encuentran a la expectativa de lo que puede suceder con el proyecto de reforma del Palace. La ubicación al final de la avenida Gorlero, junto a la avenida de las Palmeras, muy cerca del puerto y ocupando la mayor parte de una inmensa manzana, hacen del Hotel Palace una joya histórica y a la vez económica. “Nosotros queremos que el Palace vuelva a tener el esplendor que tuvo”, dijo Carbonaro.

Uno de los últimos dueños fue Héctor “Pichón” Núñez, el ex jugador y ex técnico de fútbol, de Nacional y de la selección uruguaya. Núñez integraba un grupo inversor español que también es dueño de los hoteles Iberia y Castilla. Núñez falleció el año pasado. El hotel, por su parte, espera su pronto renacimiento.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos