Parir en casa en Uruguay no solo es posible sino que es un fenómeno en crecimiento. A pesar de que el Ministerio de Salud Pública desaconseja la práctica (ver recuadro), en 2011 la asociación civil Nacer Mejor, que desde hace 14 años trabaja en el asesoramiento en torno al embarazo, el parto y la crianza, asistió un total de 27 partos en domicilio, mientras que en lo que va de 2012 ya lleva 22.
“Si bien esta cifra parece muy pequeña, la cantidad de parejas eligiendo esta opción para el nacimiento de sus hijos va en notorio aumento considerando que hace 10 años apenas asistíamos cinco nacimientos al año”, dice la obstetra partera Sylvia Sosa, coordinadora del equipo institucional.
Hace 14 años que Sosa practica la profesión, tiene tres hijos, de 21, 8 y 6 años. Cuando nació Nicolás, el mayor, ella apenas era una estudiante de medicina. Sin embargo, tenía muy claro que el hospital no sería el lugar que elegiría para tener a su hijo. Luego de investigar sobre la realidad en otros países, se decidió por contratar a un equipo de parteras para que asistieran el nacimiento en su casa.
Quedó tan impactada con la vivencia que poco tiempo después se inscribió en la Escuela de Parteras pues estaba convencida de que todas las mujeres tenían derecho a experimentar el mejor nacimiento posible.
Sus otros dos hijos, Candela y Felipe, también nacieron en su casa. Para entonces, ya ejercía la profesión.
Motivaciones diversas
La creciente necesidad de las mujeres y sus parejas de ser verdaderas protagonistas del nacimiento de sus hijos, el rechazo a la creciente intervención innecesaria, que por ejemplo se refleja en el alto índice de cesáreas, el deseo de vivir el parto como un momento íntimo, lejos de las rutinas hospitalarias y en un ambiente familiar, son algunas de las razones señaladas por Sosa como determinantes en el incremento del fenómeno.
Según contó, generalmente no hay un plan estricto ni establecido de antemano sobre cómo y dónde va a parir la mujer que opta por un parto domiciliario. “La idea es tener en ese momento varias opciones de lugares, posiciones posibles y que en el momento mismo del nacimiento la mujer se deje llevar por lo que su cuerpo le vaya pidiendo”.
En los años que llevan trabajando, el ámbito acuático ha llegado a ser una opción para las futuras madres.
“Hemos asistido varios nacimientos en el agua, desde dentro de una piscina, bañeras y hasta en un jacuzzi”, contó Sosa.
Y es que desde su punto de vista, en estos casos lo único importante a tener en cuenta es la correcta limpieza de la bañera y que el agua esté templada a la temperatura corporal interna de la madre.
Según cifras proporcionadas por la institución, del total de partos que se prevén en casa, el 18% termina concertándose en un centro formal de salud. Sin embargo, aclaró que la mayoría de ellos no se debe a situaciones de emergencia, sino a otras razones como la falta de progreso en la dilatación o cuando esta se completa pero el niño no desciende. “En 10 años solo hemos trasladado a cinco recién nacidos después del nacimiento”, indicó.
Sin embargo, aclara que la institución no se dedica a recomendar el parto en casa a todas las mujeres que llegan buscando asesoramiento.
“Cada mujer debe parir en el lugar donde se sienta más segura, y eso es fundamental. El hecho de que el nacimiento haya sido lo mejor para mí y para mis hijos no significa que sea lo mejor para todas las mujeres. Lo importante es que la decisión se tome con información y responsabilidad”, aclaró.
Los números
Aunque para muchas mujeres la opción de parir en casa es la más saludable, no necesariamente es la más económica. Nacer mejor cobra $ 26 mil por asistir un parto en domicilio. Este precio incluye algunos encuentros previos al parto, la asistencia de este, la visita de un pediatra en las primeras horas de vida del bebé y los controles de posparto en el domicilio durante la semana siguiente al nacimiento.
En busca de intimidad
Ana Penadés es bailarina, docente de danza e instructora de yoga. Su pareja, Pedro Míguez, es educador y acompañante terapéutico. Hace apenas un mes y medio, más exactamente el 3 de julio pasado, vino al mundo Arandú, su primer hijo, luego de un trabajo de parto de casi tres horas. “Desde que nos enteramos de que existían los partos en domicilio siempre pensamos que el nuestro sería así. Siempre me sentí mas confiada con las opciones más naturales. El parto es un proceso natural que no precisa ser medicalizado si no hay complicaciones”, dice la flamante mamá. Como el bebé estuvo mucho tiempo en el canal de parto salió “un poco fatigado” y a ella debieron realizarle una episiotomía, pero según cuenta “al rato estaba todo normal”.
Ana no lo duda: de tener otro hijo también le gustaría que fuera en su hogar. “Estar en tu casa, acompañada por parteras experientes que ven al parto como un proceso natural al que hay que respetar tal cual es te da la posibilidad de sentirte mas dueña de ese momento. A su vez, después de que nace, te sentís mas cómoda”, opinó.
Las experiencias de Luciana
Tranquilidad, luz tenue, música, inciensos y los masajes de su compañero son los primeros recuerdos que vienen a la mente de Luciana Astengo cuando piensa en el nacimiento en su casa de su segundo hijo, Felipe, hace tres meses y medio.
Sin embargo, cuando piensa en el parto de su primer hijo Lucas en el Casmu, en febrero de 2009, lo que más recuerda es la imposición de las normas del hospital. “Durante el trabajo de parto no me dejaban pararme y me obligaban a estar acostada a pesar de que me dolía mucho la espalda. Me trataban como si estuviera enferma”.
Si bien en el parto institucional no tuvo inconvenientes, tampoco considera que haya sido una buena experiencia. “La hostilidad de las imposiciones de los centros de salud –como que entren las enfermeras a tu habitación en plena madrugada a realizar no se sabe qué tareas–, la incomodidad de no poder estar en casa y la forzosa separación de nuestro hijo mayor durante los días de internación” fueron sus principales motivaciones para decidir parir en su hogar.
“En el parto en casa me sentí escuchada, cuidada y mimada. También fue muy buena la naturalidad con la que se dio el encuentro ente los dos hermanos”, contó.
Pero su decisión no siempre fue respaldada por los profesionales que la atendieron durante el embarazo. “Tuve dos ginecólogos durante el segundo embarazo. El primero apoyaba la alternativa y la tomaba como una opción válida. El segundo pensaba que era un disparate”, contó.
El parto en casa y el parto en un sanatorio son las dos únicas opciones entre las que, por el momento, puede elegir una mujer uruguaya a la hora de dar a luz. Las casas de parto, otra alternativa usada internacionalmente, no tuvieron cabida a nivel local.
En 2011, el Instituto Perinatal de Uruguay creó el Centro de Maternidad Montevideo, una “casa de nacer”, como las que hay en otras partes del mundo, destinada a atender los partos de bajo riesgo que fue inaugurada en mayo.
Pero el MSP le negó la habilitación; amparándose en una ordenanza de 1983 que marca que el centro de maternidad debe tener un área aséptica similar a un block quirúrgico y una serie de condiciones que son prácticamente hospitalarias.
Para la directora del IPU, Graciela Etcheverry, la medida contradice la propia esencia de estos centros.