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Paro, el robot terapéutico: ¿cómo funciona?

Hospitales uruguayos prueban una foca bebé capaz de responder a cientos de pacientes

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07 de octubre de 2018 a las 05:03

Con aspecto de foca de peluche que se puede cargar en los brazos, Paro oculta en su interior un robot sofisticado con fines terapéuticos. Fue diseñado por Takanori Shibata en 1993 para el Intelligent System Research Institute pero no se empezó a comercializar hasta 2004. Su objetivo es que los pacientes puedan obtener beneficios en su rehabilitación al interactuar con el animal. Es un complemento para las terapias de enfermedades crónicas o patologías psicológicas. 

Paro llegó a Montevideo hace cuatro meses y ya estuvo de visita en los hospitales Maciel y Piñeyro del Campo, donde se lo probó con pacientes autistas y oncológicos. Paro (en otros países llamado Nuka) cuenta con una red de dispositivos sensoriales de temperatura, luz, tacto, audio y posición. Esta red conecta desde sus pestañas hasta su cola y responde a través de movimientos y sonidos al contacto de las personas. Para esto contiene 10 microchips en su barriguita.

En términos técnicos, es un exoesqueleto que utiliza estrechos cilindros de goma (dentro de barras de aluminio) que se inflan para soportar hasta 300 kilos y emular la fuerza de los músculos.

Según explicó Álvaro Villar, director del Hospital Maciel, a Cromo, Paro puede recibir y recoger información de los usuarios. Al entrar en interacción con ellos, comienza a percibir determinados patrones de reconocimiento (ya sea por tacto o por la voz). La foca es capaz de almacenar esos datos y recordarlos hasta un año después. 

La recepción de los datos es distinta a un celular. “En él tenés que registrar la huella para que te reconozca o poner tu nombre. Acá no hay una entrada de datos directa; el robot tiene que identificar todos los aspectos”, explicó. Paro puede archivar datos de cientos de pacientes. Incluso puede almacenar información de su entorno, ya que es capaz de diferenciar cuando hay luz y cuando hay oscuridad en un ambiente. Si bien no cuenta con una cámara, un sensor lumínico ubicado en su hocico recoge esta información. 

Una de las características que hace que la interacción con el robot sea más real es que Paro reacciona de diferentes formas. Por ejemplo, si el paciente lo toca, Paro recordará su acción anterior y tratará de repetir esa acción para ser acariciado. Si lo golpea, Paro recuerda la acción anterior y trata de no repetirla.

Villar explicó que si el paciente sufre de ansiedad, la foca puede percibirlo a través de su ritmo cardíaco. “Se espera que reaccione positivamente para disminuir los niveles de ansiedad y evitar la sobremedicación”, expresó el director del Maciel. 

Este robot terapeútico es capaz de responder a estímulos. Puede distinguir acciones, comprender palabras y determinados comportamientos. Es decir,  dependiendo de la manera en la que se toque al animal o se la hable, este responderá con un sonido o con un movimiento de su cuerpo o de cabeza. 

Al entrar en contacto con los enfermos e interactuar con ellos, Paro puede tener un efecto psicológico positivo. Villar recordó que los pacientes internados se deprimen o tienen ansiedad. Esto hace que se reduzca el flujo sanguíneo de su lóbulo frontal. Al usar la foca, se estimula el cerebro y se mejora ese flujo. Paro también brinda efectos fisiológicos y sociales. Lo último es útil para aquellas personas con habilidades sociales poco desarrolladas. 

Costos

Existen unas cuatro mil réplicas de Paro en más de 30 países. Solo Japón cuenta con dos mil unidades. Ahí no solo se usa en hospitales, sino que está expandido como mascota virtual. En Dinamarca, el 80% de los municipios dispone de este robot en residencias de ancianos. En Reino Unido, el sistema nacional de salud utiliza este robot en terapias no farmacológicas frente a la demencia.

Villar explicó a Cromo que “están estudiando los beneficios que puede aportar al proceso de rehabilitación de un paciente” pero que es muy pronto para emitir una valoración. Sin embargo, es necesario obtener buenos resultados para poder justificar su compra, ya que Paro cuesta unos US$ 6.000.

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