Opinión > Columna/Valentín Trujillo

Pequeño rincón de sibaritas

La irrupción de plataformas de películas curadas, como Qubit.tv, le permiten al cinéfilo disfrutar de filmes que no se consiguen en soportes masivos como Netflix 

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24 de marzo de 2019 a las 05:02

¿Cuántas noches el cinéfilo de raza perdió horas y horas en el intento de encontrar aquella vieja película de culto o los filmes de los maestros del séptimo arte, fueran yanquis o europeos,  o incluso de Asia, África y, por qué no, América Latina? Entre los robos, los préstamos y el compartir archivos  más o menos legales, o ver en línea los clásicos queridos, muchas veces en muy mala calidad, con o sin subtítulos, el cinéfilo o refinado degustador de cine concluía sus jornadas nocturnas con la desazón  de no haber satisfecho sus deseos audiovisuales. 

Youtube siempre funcionó como paliativo “menor”, con sus lindas sorpresas y las desazones del caso y, a pesar de los cientos de películas que están allí subidas por decenas de ciudadanos solidarios del orbe, nunca fue la solución real para poder admirar con condiciones óptimas el cine.  
Luego apareció Netflix, la plataforma que juntó todas las cabezas, desembarcó con fuerza, y parecer haber llegado para reinar y eventualmente (¿para siempre?) alterar la manera en que la gente se relaciona con las películas. Pero incluso con todas las ventajas operativas, Netflix rápidamente quedó corto. Las series que valen la pena se derriten como un helado palito de agua, y las películas buenas se terminan en un santiamén.  

Por supuesto, debe reconocerse que Netflix ha desarrollado un poder de producción que amenaza el sistema de grandes estudios  de Hollywood, y buena parte de sus proyectos originales, salvo excepciones, poseen gran calidad. Pero el gran cine de antaño, el que aún hace vibrar el ojo y el sentimiento, todavía no se encuentra en el barrio. A pesar del intento de llenar los huecos, los baches son todavía demasiado grandes.

Hasta que, para aplauso de miles, surgieron para cubrir ese nicho de demanda otras plataformas alternativas (tan mentada palabreja), que permiten por módicos precios acercarse a las obras mayores de las mujeres y los hombres que hicieron del cine una parte relevante de nuestras vidas. 

Una de ellas es Qubit.tv, plataforma argentina que está bajo la curaduría (otra palabreja de moda) del crítico de cine Javier Porta Fouz, excrítico de la célebre revista El Amante Cine y uno de los coordinadores del festival Bafici de Buenos Aires.  A la legua se distingue que Qubit está pensada para conocedores y fanáticos, desde las secciones y la forma de organizar el material en la pantalla.  

En este mes de marzo, hay un especial dedicada a directoras mujeres, en un abanico que va desde Lina Wertmuler a Katherine Bigelow, de Jodie Foster a Agnieszka Holland, de Claire Denis a Lucía Puenzo, por nombrar solo algunas. En el “estante” de los grandes maestros están casi todos los nombres de los directores que han marcado las décadas en cada continente, pero por ejemplo hay una entrada particular para el coreano Hong Sang-soo. Los guiños abundan, y entre los directores de la época dorada de Hollywood, Robert Bresson y David Lean, Billy Wilder, Buster Keaton, Claude Chabrol o Andrei Tarkovsky la lista se vuelve casi infinita, a pesar de contar con un 90% menos de películas que Netflix. 

Entre las maravillas que se pueden ver en Qubit está la trilogía de Pier Paolo Pasolini compuesta por Edipo rey, de 1967, Teorema, de 1968 y Medea, de 1969. La mejor forma de festejar el cincuentenario de esta última obra, protagonizada por la soprano griega María Callas, es un visionado con calidad de imagen y sonido, para apreciar la forma en que Pasolini adaptó a los clásicos (en este caso, a Eurípides), en soberbios paisajes casi oníricos de la Anatolia turca. 

Nunca antes en la historia del cine hubo tanta oferta disponible en múltiples dispositivos para aprehender y entender a los predecesores del cine actual. Nunca antes hubo tantas chances de distraerse con la cantidad de posibilidades vinculadas al arte. Nunca antes hubo tanto riesgo que quedar sumergido en toneladas de información. Pero como siempre, sigue siendo fundamental el criterio de elección y el criterio se funda en la educación del ojo, a la que estas plataformas contribuyen por unos pocos pesos. 

  

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