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Petraccaro, el 9 que llegó a Nacional desde un club de curas de Argentina

Cuando pensó que jugaría en inferiores, lo probaron en Primera y metió tres goles; jugó aquel polémico Uruguayo de 1986 y siguió su carrera en Ecuador

Parados: Ostolaza, Villazán, Alles, Aguiar, Cardaccio y Barrios; abajo, Silvera, Pintos Saldanha, Olivera, Petraccaro y Carrasco

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25 de abril de 2020 a las 05:00

Tiene un apellido difícil de olvidar, por más que haya convertido un solo gol en el primer equipo de Nacional, hace ya 34 años: Néstor Fabián Petraccaro. Los hinchas memoriosos se tienen que acordar de él, centrodelantero, pelo largo, argentino, integró el plantel tricolor de 1986, un equipo que perdió el Campeonato Uruguayo de manera increíble. Petraccaro tiene hoy 53 años y vive en Nueve de Julio, una ciudad de la provincia de Buenos Aires, muy cerca de Junín, donde nació uno de los mayores ídolos del club tricolor, Atilio García.

Atendió el llamado desde Uruguay una señora y le pasó el teléfono. Petraccaro tomó el aparato y no esperó respuestas.

“¿Quién habla? ¿De Uruguay sos? Ayer me comuniqué con Sergio Olivera. ¿Qué es de la vida de Pedro Barrios? Siempre andaban juntos con el Sergio, compartían hasta el apartamento en Montevideo. ¿Y Ruben Beninca y el Quique Saravia? Nunca más los vi. La última vez que lo vi al Quique fue en Ecuador, él andaba jugando en Liga Universitaria y a Ruben también, jugaba en Emelec”, dijo, lanzando todos los recuerdos sin respirar.

Saravia jugó en la Liga en 1989 y Beninca en Emelec en 1988. Cuando se enteró por el periodista que el Puro Beninca perdió un porcentaje alto de su visión tras un tumor cerebral, se sorprendió: “Yo también, peso como 110 kilos ya. Me descuidé y me dio diabetes. Quedé ciego, fui a hacerme ver y tenía 570 de diabetes (el nivel de azúcar en sangre se considera normal hasta 110). El Puro capaz que tuvo diabetes. Yo estaba dirigiendo un partido porque tengo el curso y hago de referee en esos partidos ásperos que no los quiere dirigir nadie o los papi fútbol cuando hacen campeonatos nocturnos que son difíciles, me buscan para que los haga yo”, contó.

“Vos sabés que había quedado ciego, qué feo, veía el cuerpo de las personas pero la cara no la distinguía, es horrible. Ahora ya me estabilicé, estoy con insulina. Pero no puedo dejar de comer, me tengo que coser la boca y no puedo. Por ansiedad, que se yo. Pensar que era re flaquito. Me encantan los embutidos y tengo una fábrica acá cerquita. ¡Sabes cómo le doy!”

Petraccaro es dueño de un taller, compra y vende autos: “Además tengo un camioncito y voy a buscar cereal al campo y lo reparto en las plantas de silos. Me hago uno o dos viajes en el día, con eso sobrevivimos”.

El pasaje por Nacional

Pero, ¿cómo llegó a jugar en Nacional hace tres décadas? “Me llevó un grupo de amigos. Acá había una familia que tenía un hermano en Montevideo que le hacía la imprenta a Nacional. Me llevaron a probar. Hablaron con los dirigentes de Nacional. Como acá siempre anduve bien y me habían visto. Me fui sin saber nada. Agarré los bolsos y me fui para allá. Me probaron en un partido en Punta del Este, hice dos o tres goles. Pero yo creí que me iban a probar en las divisiones inferiores porque todavía era chico y de repente me encontré con todo eso y bueno, había que meterle”, recordó.

Walter “Cata” Roque era el técnico del primer equipo y Raúl Bentancur estaba en juveniles: “Me tuvieron en la reserva unos meses preparándome y me fueron largando en la Primera”. Durante el Campeonato Uruguayo de 1986 fue titular en un clásico que terminó 1-1 y en esa temporada marcó un gol, frente a Progreso. "El golero era Añón", apuntó. Había llegado a préstamo desde un equipo de su ciudad, que después pidió una fortuna por el pase definitivo.

“El pase era del San Agustín, un colegio de curas donde yo estudiaba y tenían un equipo en los regionales. De muy chiquito empecé a jugar en Primera y le pedían cualquier plata a Nacional y me tuve que volver porque el pase estaba trabado”, señaló Petraccaro, que en esa época era representado por Luis Aguerre y Mario “Tornillo” Viera. “¿Qué es de la vida de Maximiliano, el hijo del Tornillo? La otra vuelta me quise comunicar con él pero no lo pude localizar. Con Daniel Enriquez también fuimos compañeros, todos esos vagos”, dijo.

Recién se pudo destrabar la situación cuando el equipo de San Agustín inscribió al hermano de Fabián, más algo de dinero, y le liberaron el pase. Entonces se fue a jugar a Ecuador, a Deportivo Quevedo, Liga de Portoviejo, Delfín de Manta… y continuó su carrera.

El Campeonato Uruguayo de 1986

“¡Cómo jugaba ese loco!” exclama sobre Juan Ramón Carrasco, quien estaba en su apogeo en 1986 pero quedó marcado por un gol increíble que falló en la final de esa temporada frente a Peñarol, partido que se jugó el 6 de enero de 1987.

Ese año Nacional terminó con un punto más que Peñarol, pero debido a un acuerdo que habían hecho los dirigentes, se tuvo que definir con un clásico que terminó 0-0 (JR marró un gol en la hora) y ganaron los aurinegros por penales.

El asunto fue así: antes de comenzar el campeonato los dos grandes tenían deudas y no podían jugar, entonces decidieron no presentarse en la primera fecha. El calendario arrojó que Peñarol tuvo que enfrentar a Huracán Buceo y Nacional quedó con fecha libre porque participaban 13 clubes. Para la segunda se solucionó el inconveniente y jugaron los dos, pero Peñarol había empezado con dos puntos perdidos (en ese momento el triunfo equivalía a dos puntos), de manera que los directivos de ambos clubes acordaron que si el tricolor terminaba el año con uno o dos puntos más que su rival, tenían que jugar una final.

Petraccaro recuerda de memoria a la mayoría de aquellos jugadores. Y los recita: “El Patito Aguilera, Carrasco, Sergio Olivera, Ostolaza, Villazán, Cardacio, Tony Gómez, Pintos Saldanha, Mario Alles… Lo que pasa que yo era un pendejo y cuando sos chico no te das cuenta de nada, metés y metés nomás. Unas ganas bárbaras de jugar, así fuera gratis”.

Durante los primeros meses en Montevideo vivió en la casa de la familia que lo había llevado, en la avenida Millán, “cerca del Bar Asturias”. Después se mudó para el Parque Central: “Nacional es lo más lindo que me pudo pasar. Viví adentro del club, en las habitaciones que había en los vestuarios. Ahí pasaba mucho con los chicos del Interior. Yo prefería estar ahí porque tenía el colectivo en la puerta para ir a entrenar. Con Fonseca nos cruzábamos mucho. Después de entrenar se juntaban en una despensa que estaba en la esquina del Parque a tomar una gaseosa”, recordó.

En Huracán 1989, segundo desde la izquierda en la segunda fila

En esa época, Petraccaro también se casó en Montevideo: “Tuve una novia que vivía enfrente al bar de 8 de Octubre y Jaime Cibils, que tenían fotos de Atilio García. Había una parada de taxis de la familia. Me casé, pero los padres la convencieron para que se fuera a Estados Unidos y querían que yo dejara el fútbol. Les dije que iba a ir, pero nunca fui. No podía dejar de jugar, me encantaba. Dejás el fútbol cuando ves que no podés más. De vez en cuando juego y parece que se me sale el corazón”.

Luego de aquel pasaje por Nacional, jugó en Huracán Buceo y estuvo entrenando en Rampla. Su representante lo llevaba para que se mantuviera en forma mientras le buscaba equipo en el exterior.

“Ahora estoy casado y tengo un nenito de 10 años. En esa época yo era medio plaga y no me daba cuenta. A veces no sabés manejar eso”, admitió.

"Y si vez al Loco Acosta, que vivía en Malvín, por Almería y Yacó, mandale saludos...", dijo al final.

 

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