15 de abril de 2013 18:06 hs

Pese a haber obtenido dos galardones en el Festival de Cannes 2010 y siete nominaciones en los premios César, este viernes se estrenó en Uruguay, con tres años de retraso, el filme de Mathieu Amalric Tournée (en español, En gira). Algo extraño teniendo en cuenta, además, que el filme retrata un fenómeno en expansión como el nuevo burlesque –revitalizado en los últimos años por figuras como Dita Von Teese– y que cuenta con verdaderas intérpretes de este género como Dirty Martini y Julie Atlas Muz.

La expectación ante semejantes credenciales deja, sin embargo, un sabor ambivalente tras ver la película: de a ratos la cinta logra pinceladas de gran cine, que han sido reiteradamente comparadas con el de John Cassavetes o Federico Fellini (influencia visible en el póster de la película, sin ir más lejos). Pero en otros, Tournée se deleita demasiado con la fachada de lo que retrata y, como le sucede en ocasiones al propio burlesque, su densidad narrativa queda opacada por el efímero refulgir de la purpurina.

Tournée cuenta la historia de Joachim Zand, un antiguo productor de televisión parisino que se va a vivir a EEUU y que, unos años después, regresa con un grupo de intérpretes de nuevo burlesque, dispuesto a conquistar la capital francesa. No obstante, las cosas comienzan a complicarse y sus extravagantes artistas no pasan de actuar en localidades de provincia.

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El filme se transforma así en una road movie intimista sobre las vivencias de este grupo conformado por mujeres tan voluptuosas e imperfectas como desinhibidas a las que la cámara retrata sin pudor en un tono casi documental.

Algunas de las mejores escenas se encuentran en los fragmentos de representaciones y en las bocanadas de libertad y alegría que muestra el grupo, más allá de que fuera de este círculo el mundo de hoteles uniformes y botellas de champagne parezca más oscuro. Quizá por ello la artificialidad de su indumentaria y maquillaje perdura también cuando están fuera del escenario.

Pero Tournée no se regodea en el drama como tampoco se detiene demasiado en las vicisitudes del burlesque ni en los sacrificios de la vida artística ambulante. Habrá que esperar hacia la segunda mitad de la película para que la melancólica mirada de Mimi Le Meaux (Miranda Colclasure) adquiera un protagonismo bienvenido y el filme sea algo más que bellas fotografías costumbristas.

Amalric (conocido en estas latitudes principalmente por La escafandra y la mariposa y Quantum of Solace) es, además del director, el protagonista de este filme. Su rol como Joachim, un productor venido a menos de aspecto chic-desvencijado y cuya ambigüedad moral no queda nunca del todo clara, es uno de los grandes aportes de la película. Pero aunque su interpretación sea deslumbrante, la focalización en él le resta a la cinta el desarrollo de los personajes del burlesque.

Acaso el principal problema sea la falta de conexión entre los fragmentos que la pueblan con escenas inolvidables, como el coqueteo entre Joachim y una cajera, y otras que se suceden sin dejar huella. De esta forma, lo que paradójicamente queda relegado es el del nuevo burlesque y la historia de las mujeres que deciden volver a darle vida al género.

En Tournée, las intérpretes no dejan de decirle a su productor que ese es su show, el que ellas mismas han creado, que él no tiene injerencia. “Sí, pero este es mi país”, les contesta él, marcando terreno. Algo de eso parece pasarle también a la película. Amalric se luce, después de todo es su filme, pero el espectador se queda con ganas de ver a las verdaderas protagonistas del nuevo burlesque.

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