La política fiscal contribuye a mejorar los indicadores sociales en Uruguay, y lo hace de un modo más efectivo que la región en su conjunto. A través del sistema tributario y las transferencias de recursos a las familias, el Estado uruguayo es el que logra reducir en mayor medida la pobreza en términos de ingresos y se encuentra en segundo lugar, luego de Argentina, en la reducción de la desigualdad.
Un estudio académico realizado por los economistas Marisa Bucheli, Nora Lustig, Máximo Rossi y Florencia Amábile para el proyecto Commitment to Equity (CEQ) del Banco Mundial, da cuenta del impacto de los impuestos y el gasto público sobre los ingresos de los hogares de menores recursos.
El trabajo se titula “Gasto social, impuestos y redistribución del ingreso en Uruguay” y sirvió además de insumo para un trabajo comparativo a nivel de la región, realizado por Nora Lustig, Carola Pessino y John Scott, titulado “El impacto de los impuestos y el gasto social en la inequidad y la pobreza en Argentina, Bolivia, Brasil, México, Perú y Uruguay”.
Los expertos realizaron indicadores de pobreza y desigualdad antes de aplicarle a la población el pago de impuestos y realizarles transferencias estatales, y luego compararon los resultados con los obtenidos cuando a los uruguayos se le aplican los gravámenes, subvenciones y beneficios.
El grado de desigualdad en la distribución del ingreso es medida a través del índice de Gini, que va de cero a uno. Una sociedad con un índice de cero implicaría que todos los hogares reciben el mismo ingreso, mientras que un registro de uno implica que un solo hogar concentra absolutamente todo el ingreso del país. Si bien los extremos son ideales e imposibles, un índice de Gini más alto implica un reparto más desigual de los ingresos mientras que uno más bajo, una mayor equidad.
Al excluir todo tipo de transferencia e impuesto, el índice de Gini para Uruguay era de 0,492 en 2009 –año tomado como referencia para poder comparar los diferentes países en el estudio–. La desigualdad se reduce a 0,477 cuandos se consideran además los aportes a la seguridad social y impuestos directos (IRPF); y muestra una caída todavía mayor, a 0,457, al agregar las transferencias que realiza el Estado a las familias.
El único aumento de la desigualdad se produce cuando se tienen en cuenta los impuestos indirectos (IVA), a 0,459. Sin embargo, al considerar finalmente las transferencias en especie (servicios de salud y educación brindados por el Estado), hay una fuerte caída del índice de Gini a 0,393.
Cuando se cuentan únicamente los ingresos, sin impuestos ni transferencias, Uruguay es un país más desigual que Bolivia. Una vez que se agrega el pago de tributos y el gasto social, el país se ubica por debajo únicamente de Argentina en materia de equidad, que le gana el primer puesto a Uruguay solo cuando se consideran los gastos en educación y en salud.
Los expertos elaboran además un índice de efectividad para cuantificar qué tanto mejora la distribución del ingreso a partir de la utilización de la política fiscal. El índice para Uruguay se ubica en 1,62 puntos, solo superado por el de Argentina, de 2,12 puntos.
En tanto, el país menos efectivo de la región a la hora de reducir la desigualdad a través de la política fiscal es Bolivia, con un indicador de 1,07 puntos, según el estudio.
Pobreza
En materia de pobreza, los impuestos y transferencias estatales contribuyen aún más a mejorar los indicadores, en comparación con la región.
Uno de los indicadores de pobreza que considera el estudio es el porcentaje de personas que viven en hogares cuyo ingreso se encuentra por debajo de US$ 2,5 diarios por habitante a paridad de poder de compra –es decir, teniendo en cuenta un tipo de cambio que permita acceder en cada país a una cantidad equivalente de bienes y servicios–.
Teniendo en cuenta únicamente los ingresos de mercado, el índice de pobreza se ubica en 8,5% de la población en Uruguay. Sin embargo, al considerar los impuestos y las transferencias –solamente las monetarias y no los servicios de salud y educación–, el indicador se reduce a 2,6%.
Cuando los investigadores se ponen más exigentes en términos de ingresos y consideran una línea de pobreza de US$ 4 a paridad de poder de compra, el índice en Uruguay pasa de 17,6% de la población a 9,8% debido a la utilización de la política fiscal.
De hecho, Uruguay es el país de la región más efectivo en la reducción de la pobreza a través de la política fiscal. El índice de efectividad para la línea de US$ 2,5 a paridad de poder de compra, es de 31,68 puntos, con una efectividad creciente a mayor valor. La segunda más importante es la de Perú, de 20,09.
Al igual que en el caso de la desigualdad, la menor eficacia a la hora de reducir la pobreza por la vía de impuestos y transferencias directas se registra en Bolivia, con un índice de 5,06 puntos, seis veces más bajo que el de Uruguay.