12 de septiembre 2023 - 5:00hs

En el Uruguay en que nacen cada vez menos niños, y en el que, según la proyección más alentadora de la Administración Nacional de Educación Pública, las escuelas perderán más de la cuarta parte de su alumnado de acá a menos de siete años, hay una broma que, cada tanto, se cuela en las reuniones de los directivos de colegios: “En este país es más rentable instalar un residencial de adultos mayores que un centro de enseñanza”.

Pero al oeste del parque El Jagüel, en Distrito 52, al norte del balneario Punta del Este, un novel barrio privado planificó, especialmente, la génesis de un colegio. ¿Por qué? El argentino Darío Álvarez Klar, fundador de la red educativa Itínere, la que cuenta con siete centros educativos en Argentina y ahora va por su segunda institución en Uruguay, explica en esta entrevista con El Observador la marcha contracorriente en un rincón del país en que la matrícula creció un 17% desde la pandemia del covid-19.

¿Por qué un nuevo colegio en Punta del Este?

Después de la pandemia del covid-19, Punta del Este tuvo un crecimiento poblacional y una reconfiguración de su población: los inmigrantes recientes no son solo adultos mayores, sino una población de jóvenes con hijos. Ese es un dato concreto que se junta con la sensación de que en esa zona faltan colegios. Fue entonces que nos convocó (el barrio privado) La Cañada para que armemos un colegio como parte de su desarrollo (urbanístico). Querían un colegio laico, bilingüe y que ya tuviera experiencia en otros lados. ¿Por qué lo quería? Porque el colegio, además de un servicio fundamental, da sentido de pertenencia, hace que el lugar sea un lugar y no un sitio de paso.

Más noticias

¿Por qué invertir en un colegio en un país en que las mujeres en edad de ser madre tienen, en promedio, 1,27 hijos?

Sin ser romántico: desarrollar educación es crear futuro. Crear entidades y comunidades educativas no es solamente dar respuesta a la realidad de hoy, sino de cómo transformarla. Puede que el contexto del país sea de una muy baja natalidad, pero eso te da la posibilidad de pensar en un proyecto que ponga el foco en las particularidades del estudiante. Tal vez no contarás con tres grupos de un mismo grado, pero habrá un grupo más reducido en que el impacto y la calidad de la propuesta sea todavía mejor. A su vez, en el caso concreto de Maldonado, puede que haya una baja natalidad y, a la vez, una demanda creciente de extranjeros. Esos extranjeros buscan para sus hijos un ciudadano global, capaz de adaptarse a los nuevos desafíos.

¿En cuánto tiempo se recupera la inversión económica que se hace en un colegio nuevo?

La educación no es una actividad de renta rápida o gran renta. No solo eso: es una actividad de enormes riesgos. En la pandemia no se pudo cobrar muchas de las cuotas y, a la vez, hubo que seguir pagando a la plantilla docente. Esa ecuación hace que la ley de oferta y demanda no se aplica a rajatabla, no se puede aumentar las cuotas bajo el pretexto de que hay menos alumnos. Es una apuesta a un cambio social cuya rentabilidad empieza a verse una o dos décadas después de que el colegio ya está funcionando. A lo sumo a los cuatro o cinco años de funcionamiento se consigue la sostenibilidad, pero la recuperación de la inversión inicial demora bastante más.

Poco a poco las escuelas públicas extienden su tiempo pedagógico, incorporan nuevos deportes, más horas de inglés… ¿en qué hace la diferencia un colegio privado?

Es verdad que las escuelas estatales fueron creciendo en esa oferta y, en el caso uruguayo, hay que sumarle Ceibal que es otro proyecto diferenciador e igualador para la sociedad. Se trata de niños y niñas con las mismas posibilidades. Pero, ¿cuál es el diferenciador de los colegios privados? Los tiempos de implementación. La institución privada cuenta con tiempos de trabajo más autónomos y eso viene ligado al desarrollo profesional. Por suerte el contenido, la materia, el espacio de formación artística y deportiva, y lo idiomático empieza a igualarse entre los públicos y privados. Esa es la función del Estado: darles a todos las mismas posibilidades. Cuando la gestión es privada, muchas veces están los recursos y la rapidez para ejecutar esos recursos.

¿Esa autonomía que tienen los colegios privados baila al compás de los deseos de los padres, de quienes pagan la cuota?

Lo veo más en Argentina que en Uruguay, pero hay que trabajar para entender que pagar no te da más derechos. El derecho que te da como padre pagar un colegio es que se cumpla con lo que la institución se comprometió. Pero no te da derecho a que el servicio se adapte solo a tus expectativas. En definitiva hay una confianza en que el colegio es quien tiene los profesionales para entender qué es lo mejor desde lo educativo. Un padre puede querer que su hijo entre a la escuela a las diez de la mañana para que duerma un ratito más. ¡Total, como paga la cuota! Pero mi obligación como educador es explicarle por qué no es bueno para el niño y respetar las reglas establecidas en la propuesta. No es un menú a la carta en que cada uno elige qué quiere comer. Tampoco hay que irse al extremo contrario y quedarse anclados en las escuelas tradicionales.

¿A qué se refiere?

Las escuelas tradicionales cerraban sus puertas. Vos dejabas al niño en la puerta a la hora de la entrada y lo ibas a buscar a la salida. El padre no podía decir nada porque el que “sabía” de educación era la escuela. A lo sumo, a fin de año, podías definir si querías seguir mandando al niño a esa institución o no. El cambio de paradigma cultural y generacional hace que mucho padres, por más orgullosos que estén de la escuela que estudiaron, no quieran para sus hijos esa experiencia hermética. Hoy las familias buscan innovación. Los valores los puede dar una familia, la innovación requiere otras habilidades. Un espacio llamativo, que haga vibrar. Y aprender a pensar la sociedad.

¿Los padres exigen que se piense en la particularidad de su hijo?

Sí. Antes, en la escuela tradicional, la lógica era que el estudiante tenía que aprender como la institución lo tenía previsto. Si eras un niño talentoso y corrías riesgo de aburriste en clase, el problema era tuyo: correte y leé un ratito mientas el resto hace la tarea. Si tenían una dificultad de aprendizaje, qué tu familia o alguien por fuera de la escuela te ayude. Se enseñaba pensando en la media. Ahora, en cambio, se apunta a la diversidad. Atender la individualidad es otra manera de innovación y del paradigma actual. En esa línea, hoy los colegios tienen una propuesta, unos programas y una metodología, pero hay espacio para que los estudiantes elijan algunas de las materias. Claro que hay asignaturas básicas que no son elegibles, pero sí el estudiante puede elegir la impronta de esa materia obligatoria. Matemáticas puede ser atractiva si se la acerca al interés del alumno. Formas en base a competencias, a habilidades, es eso: no quedar supeditado a un contenido, sino saber hacer y ser.

Para algunos sindicatos de la educación ese “saber hacer” es sinónimo de la “mercantilización de la enseñanza”. ¿Se educa al servicio del gran capital?

La relación público-privado ha demostrado que, siempre que se haga de manera transparente y proyectada, trae beneficios a las sociedades. Un privado puede impulsar más rápido sus inversiones, construir el edificio, comprar una tierra, contratar sus maestros para establecer una comunidad educativa con todo lo que significa. Pero es necesario un Estado fuerte que legisle y controle. ¿Por qué? Para que, justamente, la enseñanza no se transforme en una actividad mercantilista. Un privado no puede cortarse solo. No es cuestión de juntar un par de docentes, buscar un lugar para dictar clases y hacer lo que se te antoja. No se abren y cierran colegios como empresas. Hay que garantizar la enseñanza de generaciones, dar estabilidad.

¿Existe la estabilidad en las nuevas comunidades que se están formando en Punta del Este?

El nuevo colegio lo proyectamos para 2025. Antes de poner cualquier ladrillo, nos asesoramos de que existan visiones comunes con las autoridades que conocen el desarrollo de la zona, que se genere el espíritu de comunidad, de arraigo. Entendemos que la enseñanza privada necesita ser cobrada, porque requiere inversión, estamos dispuestos a asumir el riesgo sin afectar el servicio educativo. 

¿Quiénes son los empresarios que apuestan a invertir en colegios en Uruguay?

Hay dos perfiles. Unos son desarrollistas. Personas que están detrás del proceso de urbanización, de alquileres y que entienden, desde lo filosófico y desde el servicio, la importancia de un colegio en la zona. Es lo que nos pasó en Canelones. Por otro lado, hay un perfil de adultos un poco más mayores, muchos de los cuales hicieron su fortuna, y entienden la relevancia de apostar por responsabilidad social a estos proyectos. Es ser parte de hacia dónde va el futuro. Reitero: cualquier persona que busca renta en un colegio se equivocó. Un colegio te devuelve en otras cosas, en lo social.

¿En qué se diferencia el ecosistema educativo argentino del uruguayo?

En Argentina todo es más virulento. Es más violenta la demanda de los padres, la actitud de los sindicatos, el desinterés de los políticos por buscar soluciones. En Uruguay, en cambio, está más presente el bien común.

Temas:

Colegios privados Punta del Este Argentinos poblacional Member

Seguí leyendo

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos