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La figura de Monroe está siendo rescatada y reevaluada a 60 años de su muerte

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La resurrección de Marilyn Monroe: cómo la figura de la actriz está siendo rescatada y polemizada con los ojos del presente

Este año se estrenó un documental y se viene la película sobre su vida en Netflix; su retrato se vendió en una cifra récord, y uno de sus vestidos generó una polémica: ¿por qué se reavivó el interés por Marilyn Monroe?

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04 de junio de 2022 a las 05:01

Ya pasó con Britney Spears. El juicio que la enfrentó a su padre con el objetivo de poner fin a la tutela legal que este tenía sobre ella y el consiguiente movimiento virtual #FreeBritney (liberen a Britney o Britney libre), así como un documental sobre su figura que estrenó Netflix hicieron que se pasara a mirar las burlas que en su momento se hicieron sobre sus ataques a paparazis o la decisión de raparse a cero con malos ojos, y convirtieron a la cantante en un ícono de lucha y resistencia contra el acoso mediático y como una figura que simboliza el cuidado con el que tratar los temas de salud mental.

Pasó con Pamela Anderson. La serie Pam & Tommy, que se estrenó este año y se puede ver en la plataforma Star+ puso el foco el escándalo de la filtración de un video íntimo de la pareja en 1995, y presentó con la perspectiva del presente la diferencia de criterio con la que se trató el tema en ese momento en cuanto a los dos involucrados. También puso  a la actriz de Baywatch en un lugar de víctima injusta de un sistema y una sociedad con valores diferentes, y que todavía no estaba dando las mismas discusiones que la sociedad occidental actual.

Aunque su presencia en el imaginario colectivo ha sido más permanente, pasó con Lady Di. En los últimos tiempos, a merced de su aparición en la narrativa de la serie The Crown, del estreno de la película biográfica Spencer y del surgimiento de nuevos materiales e investigaciones sobre algunos de los episodios clave de sus últimos años, la figura de la princesa Diana también ha sido rescatada como otra víctima de la sociedad del espectáculo, además de las presiones y el maltrato de la familia real británica, y de nuevo, la presencia de la salud mental como tema al que prestarle atención.

Y ahora está pasando con Marilyn Monroe. A sesenta años de su muerte a causa de una sobredosis de barbitúricos  – se cumplirán exactamente el 4 de agosto de este 2022 – la figura de la actriz estadounidense ha vuelto a colocarse en el centro del panorama cultural a través de distintas obras (nuevas o viejas) que la tienen como protagonista. Se ha producido una revisión de su vida y su obra, que por una parte resaltan su faceta más trágica y de víctima de un sistema que la obligaba a permanecer todo el tiempo en un rol que ya le resultaba ingrato. Por la otra, se rescatan las facetas de su vida que quedaron más escondidas por detrás de su rol como ícono sexual, tanto las más luminosas como también las oscuras.

Monroe murió a los 36 años a causa de una sobredosis de barbitúricos

Monroe nunca dejó de ser un ícono cultural desde que llegó a esa posición en la década de 1940, pero su figura ha recobrado su relevancia en la actual revisión del impacto que la exposición pública permanente y el consumo de la vida de las celebridades tienen sobre los personajes célebres.

Una combinación de distintos debates contemporáneos – atravesados también por la presencia creciente de los movimientos feministas a nivel global, y de otros más específicos como el #MeToo dentro de la industria del espectáculo estadounidense – han reavivado el interés en este tipo de figuras, algo así como los “casos madre” (en el caso de Monroe ya casi un “caso abuela”) de situaciones actuales, y una reescritura histórica de su figura, una reapropiación que es al mismo tiempo desmitificación, revalorización, disculpa, resarcimiento y un cuento con moraleja sobre los peligros de la fama.

El vestido, el cuadro y el documental

Monroe en el festejo de Kennedy

Primero fue la pintura. El pasado 10 de mayo el retrato que el artista estadounidense Andy Warhol hizo de Monroe en 1964, Shot Sage Blue Marilyn, se subastó por US$ 195 millones, la cifra más alta pagada hasta ahora por una obra de arte hecha en el siglo xx.

Alex Rotter, director del departamento de arte de los siglos xx y xxi de la casa de remates Christie’s, a través de la que se hizo el remate, considera que la Marilyn de Warhol es “la cúspide absoluta del pop americano y la promesa del sueño americano, encapsulando a la vez el optimismo, la fragilidad, la fama y la iconografía”. Monroe reúne en su figura tanto esa posibilidad de que Norma Jeane Mortenson, una muchacha pobre del campo, hija de un romance clandestino pudiera convertirse en la cara más famosa de Hollywood, como también el lado oscuro de la década de 1960, con toda su violencia, sus drogas y sus escándalos.

Apenas unos días después, Kim Kardashian llamó la atención del mundo al calzarse el vestido que Monroe usó en el festejo de los 45 años del por entonces presidente de Estados Unidos John F. Kennedy – con quien a esta altura ya está comprobado que tuvo algunos encuentros sexuales, aunque nada indica que tuvieran un romance formal, y lo mismo con su hermano, el fiscal general Robert Kennedy – en la Met Gala, el evento benéfico que organiza el Museo Metropolitano de Nueva York y en el que figuras de todos los rubros portan atuendos llamativos de acuerdo a una temática preestablecida.

La estrella de la telerrealidad portó el vestido color beige y cubierto de brillantes, un diseño personalizado del francés Jean Louis que Monroe portó en el evento realizado en el Madison Square Garden neoyorquino en 1962, en el que famosamente le cantó “Happy Birthday, Mr. President” a Kennedy. Kardashian, que acompañó el vestido con una estola blanca (presuntamente usada para ocultar que no había podido prender el cierre de la prenda) y tiñendo su pelo de rubio platinado.

El acto de Kardashian, que recibió el vestido a préstamo del museo de Ripley believe it or not (si, los de aquel programa de televisión, el de Aunque usted no lo crea), fue criticado por anónimos y figuras del mundo de la moda, incluyendo Bob Mackie, el diseñador encargado del dibujo original del vestido. “Fue un gran error", dijo Mackie a Entertainment Weekly. “Marilyn era una diosa. Una diosa loca, pero una diosa. Era simplemente fabulosa. Nadie fotografía así. Y fue hecho para ella. Fue diseñado para ella. Nadie más debería verse con ese vestido".

Por su parte, el Consejo Internacional de Museos criticó el uso de una prenda histórica como esa. Kardashian se defendió, y explicó que usó el vestido solamente en la alfombra roja, para luego cambiarse por una réplica. “Soy extremadamente respetuosa con el vestido y lo que significa para la historia estadounidense. Nunca querría sentarme en él o comer en él o correr el riesgo de dañarlo y no usaré el tipo de maquillaje corporal que suelo usar”, aclaró la celebridad.

La reverencia con la que se trató al vestido y la polémica generada por su uso por parte de la famosa marca el estatus que Monroe sigue teniendo como ícono cultural y de moda, pero también sigue teniendo peso su vida personal, el contraste con su figura pública y con el lugar que ocupaba en el imaginario colectivo de su época y el espiral de oscuridad que la fue consumiendo en los últimos años de su vida, y que la llevaron a su presunto suicido a los 36 años, apenas tres meses después de su versión del feliz cumpleaños para Kennedy.

Monroe en el festejo de Kennedy

Sobre eso versa el documental El misterio de Marilyn Monroe: las cintas inéditas, que se estrenó en Netflix a fines de abril de este año. Dirigido por Emma Cooper, la película se basa en los hallazgos del escritor irlandés Anthony Summers, quien en 1985 publicó la biografía de Monroe Goddess.

Además de tomar material del libro, el documental apela como pieza central a una serie de cintas de audio con más de 650 entrevistas a figuras del entorno de la actriz y a otras personas vinculadas con la investigación de su muerte, tanto a la original como a la que se llevó adelante en 1982, cuando el caso fue reabierto por la policía de Los Ángeles ante las diferentes teorías conspirativas surgidas en torno al hecho, y que terminó por determinar que no hubo ningún tipo de manipulación, y que no se trató de un asesinato encargado por el gobierno para proteger a los Kennedy ni nada parecido.

Aunque el documental de Netflix bien podría haber sido un podcast, cumple con el objetivo de ilustrar como una infancia traumática (con presuntos abusos sexuales, una madre poco preparada para la maternidad y marcada luego por enfermedades mentales que llevaron a su internación y a que Monroe tuviera una crianza signada por mudanzas regulares con períodos en orfanatos) y la presión constante impuesta tanto por ella misma como por Hollywood, la opinión pública y hasta por el FBI, que la investigó por las conexiones de su tercer esposo, el escritor Arthur Miller con el comunismo, y por sus propias ideas más cercanas a la izquierda política la terminaron llevando a la muerte.

Y eso también estará presente en otra versión de la vida de la icónica actriz que llegará próximamente a la plataforma de la gran N roja.

La vida de Norma

Monroe en 1953

En el año 2000, la escritora estadounidense y perenne candidata al Nobel en los últimos años Joyce Carol Oates publicó Blonde, su obra más extensa, por la que está segura que será recordada en el futuro, y uno de sus libros más famosos. Si bien es una obra de ficción, que recurre a algunas de las teorías incomprobables vinculadas a la muerte de Monroe, cambia algunos nombres y disfraza otras identidades, se trata de una biografía de la actriz cuya versión cinematográfica llegará este año al catálogo de Netflix, su empresa productora.

La película está dirigida por el australiano Andrew Dominik, responsable del cautivante wéstern El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford y de algunos episodios de la serie Mindhunter, y está en vueltas desde 2014. Después de dos cambios de protagonista  - Naomi Watts y Jessica Chastain estuvieron en distintos momentos atadas al papel principal – y de demoras generadas por la pandemia, la película se filmó con la cubana Ana de Armas (Entre navajas y secretos, Sin tiempo para morir) en la piel de Monroe y está pronta para su estreno.

El festival de Cannes, que acaba de terminar, invitó a Dominik a estrenar su obra allí, pero la disputa que enfrenta desde hace algunos años al evento cinematográfico francés con Netflix hizo imposible que eso sucediera, por lo que se estima que la película – que estará en competencia para los próximos Oscar – tenga su debut mundial en otro de los festivales de primera línea que se vienen en los próximos meses, antes de su llegada al streaming, presumiblemente en setiembre, aunque la fecha no está aún confirmada.

La actriz en la película Los caballeros las prefieren rubias

La película, cabe aclarar, no será ni una versión edulcorada de la vida de Monroe ni una historia apta para ver en familia. “Hay en ella cosas como para ofender a todos”, anticipó Dominik en lo que seguramente también es una estrategia de autobombo. “Es una película exigente. Si al público no le gusta, es un puto problema de la gente. La película no se está postulando a un cargo público. Yo quiero ir y ver la versión no apta para menores de la historia de Marilyn Monroe”, comentó el director en una entrevista con el sitio estadounidense Vulture, luego de que se conociera que Blonde estará calificada en Estados Unidos como no apta para menores de 17 años.

Mientras que Hollywood ve esa calificación como casi una sentencia de muerte para las películas, el equipo detrás de Blonde – que incluye a Brad Pitt como uno de sus productores - está tranquilo. Y hasta Joyce Carol Oates quedó conforme con la versión primaria del filme que le mostraron. La escritora tuiteó que la película le pareció “asombrosa, brillante, muy incómoda y quizás como lo más sorprendente, con una interpretación absolutamente ‘feminista’. No creo que ningún director hombre haya logrado algo así alguna vez”.

Más allá de la sorpresa de la autora, este último ítem de su lista no resulta tan llamativo, ya que el feminismo ha convertido a Monroe en uno de sus íconos, tanto porque se trató de una mujer que se adueñó y explotó el rol de objeto sexual en el que el mundo del espectáculo la puso de forma consciente y hasta lo subvirtió por momentos, pero que también fue víctima de abusos, cosificada hasta el extremo y con su talento genuino dejado de lado en detrimento de su apariencia física.

Ya en el año 2001, el diario británico The Guardian publicaba al respecto. En una nota titulada Happy birthday, Marilyn, escrita en la previa del que habría sido su cumpleaños 75, la activista feminista estadounidense Erin Johansen comentaba que Monroe “le pone cara a las dificultades que las mujeres enfrentan día a día en este país – abuso sexual, embarazos no deseados, relaciones abusivas, objetificación sexual. Pienso que de esa forma, un montón de jóvenes feministas la ven como una suerte de mártir del feminismo moderno, como un ejemplo impactante de como una mujer puede ser destrozada por la codicia, la lujuria y la coerción de los hombres de su vida”.

Y esa quizás sea la gran razón por la que la figura de Monroe sigue despertando tanto interés y tantas obras que la tienen como eje están apareciendo en estos tiempos. Porque encarna todo lo bueno y lo malo. La que se abrazó a la fama pero que también dijo “La fama es como el caviar. Es bueno tener caviar, pero no cuando lo tienes en cada comida”.

En un perfil de 1979 firmado por el periodista y escritor Truman Capote, amigo cercano de Monroe, llamado Una adorable criatura y parte del compilado Retratos, Monroe dice “Nunca conseguiré el papel adecuado, nada que me guste verdaderamente. Mi físico está contra mí”. Sus intenciones de interpretar otro tipo de papeles por fuera de las típicas comedias que protagonizaba se veían por lo general frustradas por un poderoso sistema de estudios de Hollywood que asignaba a cada estrella un determinado rango de papeles y difícilmente les permitía salir de él.

Atada a ese rol de “rubia tonta”, la figura de Monroe desde entonces está asociada a un cierto perfil, pero hay también un interés reciente de mostrar su complejidad y todos los matices de su vida y su figura. De alguna forma, resumir lo que en ese perfil de Capote dice la actriz y docente británica (y que fue tutora de Monroe), Constance Collier: “Es tan frágil y delicada que sólo puede captarlo una cámara. Es como el vuelo de un colibrí: sólo una cámara puede expresar su poesía. Pero el que crea que esta chica es simplemente otra Jean Harlow o una ramera, o algo por el estilo, está loco”.

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