El Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP) trabaja en la implementación de un plan destinado a evitar episodios de violencia en las escuelas, y que se basa en una mayor coordinación de esfuerzos entre los maestros comunitarios y la Policía comunitaria, informó a El Observador el director general de Primaria, Héctor Florit.
El plan es similar al programa “Comunidad Educativa Segura”, que ya existe en los liceos desde 2008, tras ser concebido por el Consejo de Educación Secundaria y el Ministerio del Interior, con el propósito de proteger a los alumnos no solo en los centros educativos, sino también en sus alrededores, involucrando a toda la comunidad, incluida la Policía.
El plan establece que el agente recorra la zona en la que está inserto cada centro educativo y esté atento a las situaciones que enfrentan los alumnos camino a las paradas de ómnibus, ante la falta de iluminación en las calles o ante la presencia de grupos de jóvenes ajenos a cada institución, entre otros aspectos.
Vilna Martirena, inspectora de Primaria, encargada de coordinar el plan para las escuelas, dijo a El Observador que el objetivo principal es “crear un protocolo de actuación de la policía comunitaria en las escuelas, que salga de ambas partes (maestros comunitarios y policía comunitaria)”, con el fin de prevenir situaciones de violencia en los centros educativos, como las registradas en los últimos meses, en las que padres agredieron a distintos maestros.
El plan involucra a maestros comunitarios y apuntará básicamente a aquellos centros que cuentan con este tipo de docentes, las escuelas Aprender, ubicadas en zonas de contexto crítico.
Según manifestó Martirena, el trabajo entre policías y maestros comunitarios se realiza, pero de forma descoordinada y “de acuerdo a las circunstancias de cada zona o escuela”. “Lo que nosotros queremos hacer ahora es institucionalizar este trabajo”, explicó. Entre los aspectos a definir, mencionó: hasta qué punto el policía comunitario debe apoyar al maestro comunitario, cómo debe ser el trabajo con el barrio y cómo se debe colaborar con el centro educativo.
“No queremos que esto quede al libre albedrío porque a veces incluso se duda de cómo debe actuar el policía si el alumno falta mucho. El protocolo busca poner a todos los actores de acuerdo”, señaló la inspectora. “Queremos buscar puntos en común, pero no solo para que un padre no ataque al maestro, también para que el niño sea protegido”, agregó.
En la comisión de Educación Diputados, a la que las autoridades del CEIP concurrieron la semana pasada, Martirena advirtió: “Nos preocupan los niños que en su casa viven situaciones de violencia, que luego trasladan a la escuela. Los maestros lidian a diario, no solo con problemas de conducta simples, que todos conocemos, sino también con hechos de violencia que son resultado de ls que viven en sus hogares”.
En tanto, en diálogo con El Observador, la inspectora aseguró que la idea es “generar un trabajo en conjunto, un trabajo en red, reforzando el vínculo entre los maestros comunitarios y policía comunitaria para prevenir, preservar, cuidar y evitar” hechos de violencia. Con este propósito, el jueves 24 Martirena mantendrá una reunión con representantes de los maestros comunitarios y de la policía comunitaria.
Maestros comunitarios
El programa Maestros Comunitarios comenzó a implementarse en 2005 con la intención de apoyar a los escolares provenientes de los contextos más desfavorecidos de la sociedad. El CEIP cuenta hoy con 550 maestros comunitarios, entre cuyas funciones principales se encuentra restituir el deseo de aprender de los niños y recomponer el vínculo entre la familia y la escuela. De esta manera, el maestro comunitario se convierte en un agente de alfabetización del núcleo familiar, y no solo del alumno.
Según un relevamiento realizado por el CEIP en 2012, uno de cada ocho directores de escuelas públicas considera que el vínculo familia - escuela es “problemático”.