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Promesas electorales

"La única promesa válida e importante es bajar el gasto público”

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11 de octubre de 2019 a las 05:00

Por Luis Romero Álvarez, especial para El Observador

Llegó el tiempo de las promesas electorales y, por lo tanto, debemos afinar la capacidad de análisis y exigir sensatez a todos los candidatos.

La promesa más presente es “no subiré impuestos”, la cual para mí es la peor promesa de todas.

La buena promesa y esa sí indeclinable debe ser “bajaré el gasto público”. Porque si no se baja el gasto público, con la promesa de no bajar impuestos pueden suceder dos cosas: se cumple o no se cumple.

Si se cumple, nos van a liquidar como país con todavía más deuda externa, más emisión de dinero y más inflación.

Si no se cumple, ¿para qué se dio esa promesa que al final fue un engaño?

Desde el punto de vista de las finanzas públicas, la única promesa válida e importante es bajar el gasto público, porque eso depende sólo de nosotros y es condición necesaria, aunque no suficiente, para no subir impuestos.

El Frente Amplio aprovechó la década de bonanza nunca vista en la historia de nuestro país para gastar de más y gastar mal; cuando el ciclo se revirtió en 2014 ya era adicto a gastar como un marinero borracho y no podía parar, aunque los recursos ya no caían del cielo gracias a los súper precios de nuestras exportaciones y las bajas tasas de interés internacionales –lo que el ministro (Danilo) Astori llamó el “espacio fiscal”–.

El propio Astori, quien con su equipo en los puestos claves condujo la economía del país durante 15 años, dijo que tenemos un exceso de funcionarios públicos que debemos combatir (porque no los necesitamos y nos cuestan US$ 1.000 millones anuales que no tenemos y debemos pedir prestados). Le faltó decir al ministro Astori que ese exceso de funcionarios públicos lo crearon ellos mismos y que fue un gravísimo error, que estamos y seguiremos pagando todos. El exceso de funcionarios públicos se puede corregir sin echar a nadie (aunque deberíamos echar a los funcionarios que actúan con desidia y falta de atención y esfuerzo en su tarea); hay unos 20.000 contratos de trabajo de validez anual que no se deberán renovar y por año se van de la plantilla entre jubilaciones, muertes y otras causas unas 10.000 personas. De esta forma y sin reponer vacantes en un solo período de gobierno se puede corregir el problema de exceso de funcionarios públicos que el ministro Astori creó y ahora reconoce.

 

Con respecto a los impuestos, lo que sí deben prometer los candidatos y sus equipos técnicos es qué tipo de impuestos usarán, porque esto también depende sólo de nosotros.

 

A la izquierda le encantan los impuestos ciegos, como el impuesto al patrimonio por aquello de “quien tiene más que pague más”, aunque después a veces la realidad la obligue a actuar al revés; por ejemplo, si yo me formé profesionalmente y trabajando muchísimas horas semanales gano US$ 20.000 por mes pago hasta 25 pc de IRPF, pero si tengo apartamentos en alquiler y recibo US$ 20.000 por mes en alquileres pago 10.5 pc de IRPF. Esta es la reforma tributaria del FA de 2006/2007: el que tiene más (capital en apartamentos) paga menos.

Pero siguiendo ese mantra de que pague más el que tiene más, se empujan los impuestos ciegos a la tierra por ejemplo. Los impuestos se pagan con ingresos, no con ventas de pedazos de activos, porque ese camino de tener que vender bienes para pagar impuestos es devastador para cualquier sociedad.

Los activos rinden (como bien demuestra Thomas Picketty en su libro El Capital) históricamente y en todos lados entre un 3 y un 4 pc en forma sostenible. Contra ese rendimiento del capital y no contra el precio de los bienes hay que comparar los impuestos ciegos.

Un capital en tierra que rinde un 3 pc debe pagar un 1.5 pc de impuesto al patrimonio, más contribución inmobiliaria, más primaria, más BPS por ha y todavía después pagar IRAE. ¿Y quedará algo para el dueño? ¿Y se justificá invertir?

Estas son las promesas sobre el tema impuestos que los candidatos deben hacer y cumplir: un sistema tributario sensato que recaude cuando uno gasta mucho (IVA) y cuando uno gana mucho (renta), pero que facilite y estimule la inversión, porque sin inversión no hay crecimiento, no hay creación de los puestos de trabajo del futuro y no habrá recaudación de impuestos mañana, sin lo cual no habrá recursos para educación, salud y seguridad como todos queremos.

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