4 de julio 2023 - 5:03hs

Por Ruchir Sharma

"Resiliencia" es una de las palabras de moda del año. Se está utilizando ampliamente para describir la economía estadounidense, que sigue evitando la recesión e impulsando el crecimiento mundial, a pesar de las subidas de tasas de interés más pronunciadas en décadas. Pero hay una historia de fortaleza más sorprendente que se está desarrollando en el mundo en desarrollo.

Entre las 25 mayores economías emergentes, tres cuartas partes de las que han reportado datos han superado las previsiones de crecimiento este año, algunas, como India y Brasil, por un amplio margen. Los pronósticos de crecimiento mundial para 2023 están aumentando y la mayor parte de ese repunte procede de las economías emergentes.

Pocos analistas vieron venir esta revitalización. Esperaban que las economías emergentes fueran especialmente vulnerables a la subida de tasas y esa percepción sigue prevaleciendo, basada en las debilidades de China — lastrada por su enorme endeudamiento — y de algunos países más pequeños, como Ghana o Bolivia. Pero este panorama excluye a las grandes naciones en desarrollo fuera de China, desde India hasta México, que representan la mitad del mundo emergente por producción económica y más de la mitad por población.

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Es cierto que la subida de las tasas de interés provocó crisis en el mundo emergente en las décadas de 1980 y 1990, pero muchas de las grandes economías emergentes entraron en la pandemia de 2020 con sistemas bancarios reparados y una mayor disciplina financiera. Se endeudaron menos para el gasto de estímulo y sus déficits aumentaron un promedio del 15 por ciento del producto interno bruto (PIB) entre 2020 y 2022, la mitad que EEUU. La vieja noción de que "emergente" es otra palabra para imprudente ya no se aplica.

Ahora, es la historia de EEUU la que se basa en cimientos cuestionables. El mercado bursátil estadounidense está repuntando nuevamente gracias en parte al auge de la inteligencia artificial, el cual, como todas las manías, probablemente resulte en parte exagerado. Mientras tanto, el crecimiento económico se mantiene vivo gracias a los miles de millones de dólares en fondos de estímulo que aún permanecen en las cuentas de ahorro estadounidenses, y a unas condiciones financieras que siguen siendo mucho más laxas de lo que la Reserva Federal desearía. A pesar de la magnitud de las subidas de las tasas de interés hasta ahora, la Reserva Federal dice que aún falta mucho para que la inflación esté bajo control.

En comparación, al haber subido las tasas antes que la Reserva Federal, los bancos centrales de los países emergentes están más cerca de alcanzar sus objetivos de inflación y están bajando las tasas nuevamente. Normalmente, la inflación es mucho mayor en las economías emergentes pero, excluyendo los casos atípicos, la tasa media se sitúa ahora entre el 5 y el 6 por ciento, no más alta que en las economías desarrolladas. Eso no había sucedido en cuatro décadas. Algunos bancos centrales del mundo en desarrollo han empezado a bajar las tasas y es probable que muchos otros los sigan pronto.

Las economías emergentes están en vías de crecer más de un 4 por ciento en promedio durante el próximo año, es decir, cuatro veces más que las desarrolladas. Aunque las economías en desarrollo suelen crecer más rápidamente que las desarrolladas, esa diferencia se redujo la pasada década y ahora está volviendo a aumentar. Y el dinero está siguiendo el crecimiento: la inversión extranjera en los grandes mercados emergentes está aumentando. Sus monedas se han fortalecido frente al dólar desde finales del año pasado.

Mientras que el déficit fiscal está en vías de mantenerse inusualmente alto en EEUU durante la década de 2020, ya se está reduciendo en la mayoría de las grandes economías emergentes. Como resultado, la recuperación del mundo emergente podría ser más sostenible.

Sin embargo, los comentaristas siguen advirtiendo de crisis inminentes en el mundo emergente, como si nada hubiera cambiado. En la década de 1980 y principios de 1990, nunca hubo menos de 25 países emergentes en situación de impago, y eso incluía a menudo a países importantes como Brasil y Turquía. Hoy sólo hay cinco, todos pequeños como Bielorrusia y Zambia.

Aunque las principales economías emergentes generalmente están en buena forma financiera, cada una tiene sus propias fortalezas. En lo que va de año, gran parte de Asia está subiendo gracias a la fuerte demanda interna. En América Latina, el principal impulsor son las exportaciones, sobre todo de productos básicos, cuyos precios se mantienen. Las exportaciones netas han aportado 2 puntos al crecimiento latinoamericano, y hasta 8 puntos en Chile, en parte gracias a las ventas de metales utilizados en los vehículos eléctricos.

También están "desvinculándose" de China. Las economías emergentes solían crecer al unísono con China, su principal socio comercial, pero ese vínculo se ha debilitado en los últimos años. Cuando Beijing dio un giro hacia adentro, los países desarrollados intentaron reducir su dependencia del comercio con China, creando oportunidades para otras economías emergentes.

El mundo en desarrollo nunca encaja perfectamente en una sola narrativa. Hay 155 países emergentes y si el endurecimiento de las condiciones financieras termina desencadenando una recesión en EEUU, como muchos siguen previendo, se extenderá hacia el exterior y provocará problemas en algunos de ellos. Pero, su historia hasta ahora refleja, según el término de moda, una auténtica "resiliencia".

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