30 de octubre de 2011 21:39 hs

Son unos 300 jinetes en todo el trayecto, de unos 500 kilómetros, más un centenar que se suma en cada tramo. Para todos es una fiesta. Ayer la marcha fue de Colonia Kennedy a Sánchez Chico, por la mañana, y en la tarde, desde Sánchez Chico hasta la ciudad de Young, todo en el departamento de Río Negro.

Arnoldo Olivera (62) es de Young y se sumó para hacer el tramo de ayer. Forma parte de un grupo tradicionalista y llegó con unas 30 personas a la marcha. Olivera dice haber trabajado en todo tipo de tarea rural, pero también hace 28 años que tiene un programa en la radio Young, 680 AM, El payador en el tiempo.

Lo que lo lleva a participar de estas patriadas es, justamente, “el amor a la patria y el idealismo de Artigas”, porque, “como dicen, los pueblos que olvidan su tradición tienden a desaparecer”. Para él, ese periplo de hace 200 años “no fue derrota, fue un triunfo”. Olivera aclara que “esto no es comercial, esto es grandeza, heroísmo, libertad”.

Más noticias
Guillermo Stirling (18) sobrino nieto de aquel que fuera legislador, ministro y candidato a presidente, también se sumó en el tramo de ayer, porque “todo esto es una gran garufa”. Él es de Young, pero este año empezó a cursar Agronomía, en Montevideo, y sus amigos de la capital no entienden muy bien la idea: “Me dicen: ‘¿Sos loco? ¿a caballo? ¿cuántos kilómetros?’”

Stirling dice que es más que una fiesta, que no son solo los fogones, sino “que esté tanta gente tan distinta en esto, todos atrás de una sola bandera; eso es emocionante”.

La marcha que empezó el 23 de octubre en San José estaba ayer a mediodía en Sánchez Chico, acampando alrededor de la escuela rural 54, donde se plantaría un ibirapitá y habría un intercambio de moñas con los niños, a quienes les darían una conmemorativas del Bicentenario.

Los campamentos son organizados por el Ejército. Ellos arman las carpas, instalan los baños químicos y preparan la comida. Según Bruno Gadea, uno de los coordinadores generales de los festejos del Bicentenario, a estos militares se les da el arte culinario.

El ambiente de fiesta era tan evidente como un reconocimiento de la importancia del momento, los “viva la patria” y el coro de respuesta “viva” se hacían sentir con fervor, además de las risas y el correr del tinto y la carne asada.
Uno de los ilustres que está entreverado en la marcha desde el principio es el intendente de Soriano, Guillermo Besozzi, que pidió dos semanas de licencia para estar a lomos de caballo en la fiesta. Para él, en lo personal, es una gran alegría y se nota que lo está pasando muy bien. Ayer desplegaba elegancia desde las alpargatas hasta el impecable sombrero negro. Besozzi entiende que no se puede pretender “parecernos a aquellos bravos, pero podemos homenajearlos y sentirnos orgullosos de los que somos 200 años después. Es importante darse cuenta”.

En cuanto al espíritu de la marcha, el intendente dice sentirse orgulloso de la unidad que hay entre todos. “Sin divisas ni distinciones de ningún tipo. Ojalá nos sirviera para aprender a ponernos de acuerdo en cosas que queremos todos”, dijo.

El jefe comunal de Soriano también exaltó los fogones: “Da gusto sentarse a conversar con un gurí de 8 años, yo que tengo 50, y parece muy bueno esto de visitar las escuelas y mantener viva la tradición”.

Periplo
Todos coinciden en celebrar lo bien que está saliendo todo, aunque algún incidente hubo. El jueves hubo una estampida de una cantidad de caballos estimada en los 760. Quienes lo presenciaron dicen que fue un espectáculo extraordinario, ya que el suelo era pedregoso y los cascos sacaban chispas entre la polvareda.
El asunto no pasó a mayores, pero también hubo alguna patada de caballo, motivada por la cercanía de demasiados equinos. Hay una persona con tres costillas fisuradas y otras lastimaduras menores.

Uno de los participantes más destacados es Chiquito, un perro labrador que camina junto a la caravana y no da muestras de cansancio. Su dueño, Gabriel Díaz, está en la marcha “desde tres días antes del principio, cuando salí a caballo de Suárez para empezar la marcha en San José”.

Lo mejor, según Díaz, es “la camaradería, en los fogones, y las polcas y las guitarreadas”. También cuenta que se dan situaciones únicas, como “los gauchos nadando en la represa de Palmar y también los caballos, y algún sombrero que flota”.

Díaz también destaca la honestidad y el espíritu de ayuda en el grupo: “Te falta alguna pilcha y siempre aparece, y si necesitás algo, no tenés más que decir”.

Mujeres hay muy pocas en la caravana, tal vez una docena. Hay unos cuantos niños y hombres de todas las edades, desde muy jóvenes hasta ancianos. Una de las infaltables es Lilliam Mireya Rivas (59), quien asegura ser descendiente de Artigas, “por el lado de Santiago, Fidela y Florencia Dalmao, que era mi bisabuela”. Rivas va con un poncho en el que resume su árbol genealógico, que quede claro que en la caravana hay alguien de la familia del principal homenajeado.

Durante la cabalgata, la gente al costado de los caminos de tierra y de balastro, se acerca para saludar como si fuera la Vuelta Ciclista pero con el consabido “viva la patria” en la boca.
Entre los más orgullosos de los jinetes hay un hombre de ciudad, Marcos Reyes (37), de San José. Como funcionario de la intendencia maragata, le tocó ser uno de los organizadores de la marcha y está encantado: “Me gustan los caballos”, explica.

Reyes trabaja en la ciudad pero vive en el campo, solo con sus seis equinos. Para él las convesarsaciones durante la marcha y en los fogones, son la mejor parte de la fiesta, aunque también destaca la llegada a las escuelas rurales. “Llegamos a una que tenía un solo alumno. Saludamos, plantamos el árbol, le cambiamos la moña. ¿Te imaginás lo que fue para ese gurí?”

A lo largo de la recreación se aprecian elementos que se parecen a aquellos que hace dos siglos ya usaban los orientales: cada jinete hombre lleva su cuchillo a la espalda, sobre el cinto. Pero de pronto suena un celular, y el jinete atiende, jopeando dos siglos en un gesto. También se ven muchas banderas de Artigas y uruguayas, ambos pabellones aun inexistentes en 1811. La continuidad está presente en el mate y en la carne. El cambio surge en la noche, por ejemplo ayer, cuando la comitiva hizo noche en Young, una ciudad que no existía hace 200 años.

La fiesta va a terminar el 5 de noviembre, cuando la caravana llegue a Salto, pero para unos cuantos el recuerdo va a durar toda la vida.

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos