Espectáculos y Cultura > NUEVA PELÍCULA EN CINES

Ricardo Darín, el actor que se volvió a enamorar de la comedia romántica

El actor argentino habló de su nueva película –El amor menos pensado–, de su regreso a la comedia romántica y de la responsabilidad y el privilegio de ser quién es

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09 de octubre de 2018 a las 12:52

Es casi imposible que Ricardo Alberto no hable de Ricardo Mario. 

Darín –así se apellida Ricardo Alberto– siempre termina mencionando al otro Darín, al que se llama Ricardo Mario y que le dicen el Chino. Y esto pasa porque los caminos con su hijo están cada vez más cruzados. Se cruzan, por ejemplo, en la cartelera uruguaya, donde hay cuatro películas de los Darín en funciones. Pero pasa también en El amor menos pensado, la película por la que el actor de 61 años está ahora sentado en un sillón de un hotel de la rambla, cansado, con lentes negros y voz rasposa. “Disculpame por esta voz de zócalo”, dice, y se aclara la garganta con agua.

El amor menos pensado es la primera producción de Kenya Films, la productora que padre e hijo fundaron con la intención de tener aún más control sobre sus proyectos. Sin embargo, en esta producción Darín padre prefirió dedicarse exclusivamente al personaje de Marcos, un hombre que enfrenta junto a su mujer (Mercedes Morán) una crisis matrimonial que tiene mucho del cine de Campanella, que está dirigida por un director debutante –Juan Vera–, que trae al actor de nuevo a la comedia romántica y que se puede ver, desde el pasado jueves, en cines locales.

¿Cómo se siente volver a la comedia después de tantos dramas y thrillers?

Es difícil. La comedia si no está bien escrita es una pena, porque es un género fantástico, muy generoso además, te devuelve mucha gratitud. Pero tiene que estar bien escrita y no es lo habitual. Y si la buena comedia es difícil de encontrar, la comedia romántica es todavía más difícil. Sobre todo si pretendés que tenga nivel, que tenga elegancia, que no sea la comedieta de chiste fácil. A mi gusto, la más interesante es la que está apoyada en diálogos que son verosímiles, que son factibles. Pueden estar mínimamente virados, pero tienen que tener un piso real.

Y en El amor menos pensado estaba.

Sí, sin dudas. Cuando lo leí lo primero que noté fueron los diálogos. Son normales, son diálogos posibles entre personas que se quieren. Como no hay un conflicto real concreto, no hay un obstáculo traumático que atravesar, esos diálogos eran muy importantes. En esta comedia el nudo se produce casi imperceptiblemente, llega a través de un diálogo que empieza medio en broma en este matrimonio, y terminan arribando a un lugar insospechado. 

Juan Vera dijo que después de estar tanto tiempo trabajando con Juan Campanella, se había empapado mucho de sus códigos. ¿Notó eso, usted que trabajó con ambos directores?

Sí. Lo que pasa es que cuando intentás, como lo hizo Juan (Vera), de mostrar una situación dramática de la que se desprenden líneas de humor, aunque sea humor ácido o negro, necesariamente remitís un poco a Campanella, porque es lo que a él más le gusta, que a su vez se apoya en lo que a él más le gusta que es el neorrealismo italiano, donde el tema es reírse de uno mismo, no del otro. Y las comedias inteligentes son las que te hacen reír de vos mismo.

Su personaje queda en medio de una crisis generacional que también toca a varios de sus amigos. ¿Conectó de algún modo con esta etapa de la vida del personaje?

No siento demasiadas conexiones entre este personaje y mi vida personal, pero sí es muy verosímil. Sí es algo que le puede ocurrir a un tipo de mi edad. Porque a esta edad no es que desaparecen los conflictos, lo que hacen es cambiar de esencia. Mutan, pero no se van, porque se basan en entender qué estamos haciendo, a dónde vamos, si de verdad estamos parados en el eje de lo queríamos para nuestra vida. Si estamos compartiendo nuestra vida con quien queremos, o a lo mejor estamos acostumbrados y adormecidos en esa instalación aparentemente cómoda. 

 

En Uruguay tiene dos películas en cartelera (Todos lo saben y El amor menos pensado)…

Sí, y dos del Chino también (La noche de 12 años y El ángel), de mi hijo. Es un caso raro, ¿no?

Sí. ¿Y eso de que haya tantos Darín en una sola cartelera de qué habla para usted?

De una epidemia de Darínes (risas). Es raro, pero se da por cuestiones de distribución, algo alejado de las elecciones de cada uno. Se toma como viene y es un tema distintivo, porque es raro. Esto de estar los dos con dos películas da mucha gracia. En España me pasó una vez que por cuestiones rarísimas tenía seis películas en cartel. Te ponés a pensar cómo puede pasar algo así. Los periodistas lo destacaban porque nadie recordaba que hubiese pasado algo así antes.

Ya que saca la familia a colación, ¿cómo fue la decisión de pasar a ser productores con su hijo? Produjeron El amor menos pensado y también preparan la adaptación del libro de Eduardo Sacheri La noche de la usina.

Hasta ahora el tránsito ha sido muy amable. Más allá de las decisiones previas que ahora tomo en la preproducción, incluso de las decisiones posteriores de la estética, te diría que es algo que vengo haciendo desde hace veinte años. Yo me meto cada vez que puedo y siempre he sido invitado a participar de algunas pequeñas decisiones en las películas, entonces estoy un poco acostumbrado. Afortunadamente, en esta película casi no lo hice. Cuando vos tenés el peso de la historia sobre tu espalda, como actor lo más inteligente que podés hacer es despegarte de todo eso. Y así fue. No se cómo funcionará a futuro, pero supongo que La noche de la usina, que es un proyecto que desarrollamos nosotros dos, va a ser un poco más comprometido. Ya lo está siendo, porque es una película grande y porque hay mucho que decidir.

¿Cómo toma la convocatoria casi unánime a cada una de sus películas? ¿Le genera presión tener que satisfacer las altas expectativas del público continuamente?

Es una responsabilidad añadida que hay que asumir, pero no puedo patear contra eso porque es un privilegio. Lo único malo es que genera un nivel de expectativa enorme y vos tenés la incertidumbre de no saber si estás a la altura. Por eso sucede que lo único que me importa, más allá de las críticas y la factura final del largometraje, es cómo recibe la audiencia a la película. El momento de tensión es ese, el instante en que vos necesitás ver cómo llega la historia y cómo te la devuelven. Después, esa convocatoria no es un elemento que me dé demasiadas preocupaciones. Por otra parte, siempre me pareció un poco injusto para las personas que se desloman tan o más que yo en cada película. Sí, eso de "vamos a ver la nueva de Darín" siempre me sonó un poquitito injusto.
 

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