Aunque al líder le costó arrancar, desconectado por un Villarreal muy bien plantado al inicio, terminó el partido encantado de haberse reencontrado consigo mismo, feliz por el extraordinario gol de Ronaldinho, broche de un encuentro completo para el conjunto azulgrana, superior frente a un Villarreal obligado a resignarse.
Estático en su papel de delantero-boya, acostumbrado a fajarse con la zaga rival, el islandés Eidur Gudjohnsen se limitó a trabajar en la sombra, a fijar a los centrales y a buscar algún remate suelto, hasta que rompió. Lo hizo recibiendo de espaldas en la frontal del área y cayendo ante el leve agarrón del francés Pascal Cygan, ya en la zona de castigo.
El gol cambió la cara del Barcelona, mucho más alegre tras ponerse por delante en el marcador, y enmudeció al Villarreal, tan molesto por la decisión arbitral que prefirió dejarse llevar hasta el descanso y encomendarse al buen hacer de su meta argentino Mariano Barbosa, extraordinario en los remates a bocajarro de Ronaldinho y el holandés Giovanni van Bronckhorts, cuando la grada ya cantaba gol.
Disfrutó de un par de aproximaciones con peligro el equipo de Rijkaard al inicio de la segunda mitad, fruto de la mejor cosecha azulgrana: un gran Ronaldinho, un Deco más sobrio y un Edmílson perfecto en el desplazamiento largo. Su segundo gol parecía cuestión de minutos.
El Villarreal protestó un posible fuera de juego y sobre todo, que el gol llegó mientras el mexicano Guille Franco, tumbado en el césped, se dolía de un balonazo.
Sin embargo, lo anotó poco después, llegando al punto de penalti libre de marca para rematar a lo grande un buen balón del italiano Zambrotta.
El uruguayo Diego Forlán pudo establecer el 3-1 en un remate al palo, pero lo mejor del partido llegó al final, como cierre de un espectáculo muy agradable para la hinchada culé. Ronaldinho se desmarcó entre Javi Venta y Cygan para recibir con el pecho un pase de Xavi, darse media vuelta en el aire y conectar una chilena con la pierna derecha que Barbosa no atrapó.
(EFE)