Ignacio Ruglio, presidente de Peñarol

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Ignacio Ruglio en Peñarol: sus encantos, los leones y quedar atrapado en una telaraña

Mientras Uruguay sigue disfrutando de la magia de ser campeón del mundo sub 20 y Nacional de los efectos que genera Álvaro Gutiérrez en su plantel principal, Peñarol está sumergido en una crisis institucional con nombre y apellido: Ignacio Ruglio
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19 de junio de 2023 a las 14:39

Peleado con todos, incluso distanciado de sus pares, y atrapado en la telaraña que construyó desde diciembre 2020, Ignacio Ruglio busca una solución mágica para que el exitismo del fútbol lo saque de los pelos del fondo del pozo. La solución la tiene Marcelo Broli, el que mejor conoce a estos jugadores

Nacional y Peñarol marcan a diario el sentir del fútbol uruguayo. Sus triunfos y sus derrotas, definen cada día el humor del hincha en la vida cotidiana y las gastadas pasan a formar parte de los grupos de Whatsapp, del ambiente de trabajo y de cualquier vínculo, porque el fútbol en Uruguay es lo más importante dentro de lo menos importante.

Nacional, afectado por el estado de salud de su presidente José Fuentes, aún internado en un CTI, y con una comisión directiva que intenta reconstruirse en silencio, encuentra en la crisis de Peñarol el mejor aliado para transitar sus horas más difíciles.

Mientras ello ocurre, Peñarol está envuelto en una crisis, promovida por el presidente, que ingresa en sus últimos seis meses de gestión con un lastre que encrispa a todo el club; y los resultados, que incluso en las situaciones más incómodas son los que pueden sacarlo de los pelos del pozo, tampoco le ayudan.

Este Peñarol, que no tiene paz, es el resultado del camino recorrido. Desde 2020, con la llegada de Ignacio Ruglio a la presidencia, se acostumbró a vivir en una montaña rusa perversa.

El 7 de diciembre, apenas concretado el batacazo en las urnas con el triunfo de Ruglio sobre Damiani, escribí en una nota que se tituló Ruglio, un encantador de serpientes en la jaula de los leones, un análisis sobre el camino que comenzaba a recorrer el histório presidente aurinegro.

“Durante sus nueve años como presidente, Damiani modernizó la gestión y potenció el trabajo en juveniles, aunque mantuvo un presupuesto insostenible para la realidad económica del fútbol uruguayo. En los últimos tres años, Barrera hizo el trabajo que menos lució y que hoy deja a Ruglio con todo a disposición como para encauzar la institución”.

A sus 41 años, Ruglio, llegó a la presidencia con un cheque de US$ 10.000.000 para cobrar y otros ingresos, con la habilidad y fortaleza de convencer con sus palabras, y en ese momento definía su desembarco como la mejor versión de un encantador de serpientes en la vida cotidiana del fútbol que ingresaba andar en la jaula de los leones.

En esa jaula, en la que sobrevive y triunfa el más hábil en el arte de la política y de construir alianzas, además del más astuto en la administración, Ruglio con Peñarol se enfrentó a todos y contra todos.

En estos dos años y medio, Peñarol (porque las decisiones de Ruglio no fueron del presidente a tono personal sino en nombre del club) se fue embretando.

Se peleó con el presidente de la AUF, al extremo que por primera vez en la historia y en un hecho sin precedentes, Peñarol quedó fuera del gobierno del fútbol.

Ignacio Ruglio impulsó la candidatura de Pablo Ferrari

Se peleó con su propio representante en el gobierno del fútbol (Gastón Tealdi), el mejor dirigente de Peñarol que se formó en la AUF en 25 años y que arrancó de raíz, sin argumentos políticos en beneficio del club.

Jamás leyó correctamente la política de la AUF, esa en la que Peñarol tuvo grandes maestros. Nunca tendió puentes, solo los dinamitó, al punto que también se distanció de los clubes que funcionan bajo el sistema de Sociedad Anónimas Deportivas (SAD) (que son el 50% de los clubes profesionales de la AUF), que terminaron apropiándose de la silla de los aurinegros y asumiendo el rol de uno de los grandes del fútbol uruguayo. Ahora, los dos grandes políticamente en la AUF son Nacional y las SAD. Peñarol pasó a ser un representante más en la organización política (en lo popular y deportivo no está en discusión la grandeza de Peñarol).

Se peleó con los árbitros una y otra vez. Lo salvaron los mismos árbitros cuando fue por primera vez al Tribunal de Ética. Y se volvió a pelear, hasta que no pudieron concederle más licencias y lo sancionaron.

Sus expresiones desafiantes en estados de Whatsapp sobre la actuación de los árbitros ya no surten efecto. Generan burlas.

Descalificó a toda la organización, a la que acusa de conspirar contra Peñarol, y quedó aislado.

Finalmente, y aquí está lo peor, se quedó solo dentro del club. Sus rivales en las elecciones de diciembre 2020, a quienes acercó en los primeros meses y luego los dejó fuera de las decisiones, lo transformaron en minoría en el Consejo Directivo y tuvo que apelar a recursos que entienden no son válidos para imponer su autoridad.

Este domingo se fue del Campeón del Siglo a los 70 minutos del partido ante River Plate, después del tercer gol darsenero y, sin consultar a sus compañeros del consejo directivo, resolvió cesar a Alfredo Arias.

Evaristo González, secretario general del club y el mejor socio que tuvo Ruglio en todo este tiempo, incluso siendo oposición, dio la cara este domingo en el CDS ante la ausencia del presidente y le enmendó una plana con todas sus actitudes.

Y hay más: en forma inconsulta decidió nombrar una cancha del nuevo complejo deportivo de Peñarol en homenaje Federico Valverde, determinación que apoyaba toda la directiva, pero que no pasó por directiva.

Peñarol está primero en la Tabla Anual, ganó el Apertura y está en las finales del Campeonato Uruguayo 2023, sin embargo, la telaraña que construyó con el relato que viene estableciendo desde hace dos años y medio, lo exponen a una inestabilidad impropia para el lugar que ocupa.

También, en medio de esta crisis extendida por un año y medio y profundizada al extremo, el fútbol tiene la capacidad de reconstruir con triunfos los peores escenarios deportivos y hacer olvidar las peores crisis.

Ignacio Ruglio, presidente de Peñarol

Sin embargo, como ganar es todo en el fútbol y lo que ocurre en la cancha maquilla el resto (estar peleado con todos, con los rivales y en su propia organización) tampoco será el fin del mundo sin en los próximos cinco meses conquista el Campeonato Uruguayo, lo que en este escenario parece difícil (aunque no imposible).

Para ello necesita un salvador y nadie mejor que Marcelo Broli para este momento.

¿Por qué Broli es un salvador?

1) formó y conoce como nadie a los jugadores del actual plantel de Peñarol.

2) está identificado con el triunfo por su conquista en la Libertadores 2022 con Peñarol y en el Mundial sub 20.

3) está identificado con el club.

4) Peñarol está en la final del Uruguayo, lo que se transforma en una ventaja enorme en medio de esta crisis.

5) no juega copas internacionales en el segundo semestre y solo debe enfocarse en armar un equipo para pelear el título, independientemente del resultado en el Clausura;

6) tiene 20 partidos, cinco del Intermedio y 15 del Clausura para dar forma a esa estructura futbolística para llegar fortalecido a las finales.

No hay nadie mejor que Broli (salvo Diego Aguirre, por ese ángel especial que tiene con Peñarol, pero no está disponible por su vínculo con Olimpia de Paraguay) para este momento (como ocurrió con Álvaro Gutiérrez en 2016 en Nacional).

En diciembre hablará el fútbol, que dará el dictamen final.

Lo que empieza a quedar claro, y le costará recuperar al club, es la confianza en el resto de los actores del fútbol, porque Ruglio en nombre de Peñarol se encargó de pelearse con todos a través de un relato que se transformó en un búmeran, incluso con sus pares, y allí está lo del principio: que se precisa algo más que encantar con el discurso, sino hacer buena política y buenas alianzas para andar en la jaula de los leones del fútbol.

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