El colapso de Venezuela, los tropezones de Daniel Ortega en Nicaragua y Evo Morales en Bolivia, el drástico giro político y económico en Ecuador y cambios de gobierno en otros países han liquidado saludablemente el sueño de Hugo Chávez de que su bloque bolivariano llevara a la región al socialismo. Chávez confiaba en que la abundancia de gobiernos de izquierda años atrás facilitaría la expansión de sus confusas concepciones socialistas. Pero no contó con el hartazgo popular, con el autoritarismo estatal y con la incompetencia gobernante. El primero en caer fue la propia Venezuela, bajo el dictador Nicolás Maduro que lo sucedió.
Esa otrora rica nación petrolera se ha despeñado en todos los campos. Las libertades civiles están coartadas y la disidencia política es reprimida a sangre y fuego por las fuerzas de seguridad y el Ejército, único sostén del régimen y que ocupa nueve de los 14 ministerios. Vive una terrible crisis humanitaria por falta de
alimentos, medicinas y otros insumos esenciales, con un 87% de la población bajo la línea de pobreza. Millones de sus desesperados habitantes huyen a Colombia, Brasil y otros países para sobrevivir. Grafica el desastre la predicción del Fondo Monetario Internacional de que la hiperinflación llegará al 16.000% este año, con una caída del 15% del Producto Interno Bruto (PIB). Maduro se encamina igualmente este mes a una reelección fraudulenta, condenada por el mundo democrático, aunque lamentablemente nuestro país no lo ha hecho.
El nicaragüense Ortega y su cónyuge y vicepresidenta Rosario Murillo, con fama de hechicera y de enorme poder en el gobierno, han perdido la popularidad de décadas atrás en el liderazgo marxista de la revolución sandinista, que contribuyó en 1979 al derrocamiento de la dinastía de los Somoza. Después de 11 años en el poder, hoy enfrentan una rebelión popular que ha dejado decenas de muertos. Se mantienen por ahora en el poder con sangrienta represión armada, similar a la de Maduro. Y el presidente boliviano y aprendiz de autócrata ha dividido a su país, con manifestaciones callejeras en las principales ciudades contra el intento de Morales de postularse para un cuarto mandato consecutivo, pese a que la Constitución lo prohíbe. La dócil Corte Suprema lo ha habilitado invocando el Pacto de San José Costa Rica.
A estos derrumbes, naturales cuando los pueblos se hartan del autoritarismo que los oprime, se agrega el provechoso cambio en Ecuador. Cuando Rafael Correa legó la presidencia a Lenín Moreno confiaba en que mantendría su régimen de socialismo autoritario. Pero Moreno dio un vuelco total. Además de eliminar leyes represivas, resolvió cerrar siete de las 22 empresas públicas y promover la presencia privada en sectores básicos de la
economía, como el petróleo, la energía, la infraestructura, la minería y las telecomunicaciones. Su sensato achicamiento del Estado está dirigido a bajar para 2021 el
déficit fiscal actual del 6% del PIB al 2,5%. Incluso logró la aprobación de un referéndum para impedir el retorno de Correa a la presidencia. Paralelamente al gradual derrumbe bolivariano, Argentina y Brasil zafaron de regímenes populistas y simpatizantes de la Venezuela chavista al elegir gobiernos más republicanos. De las esperanzas socialistas regionales, fracasadas rotundamente en el mundo entero, solo va quedando Cuba. Pero el peligro regional va en firme camino de disiparse.