13 de julio de 2011 16:03 hs

El principal mérito de José y Pilar -el documental del portugués Miguel Goncalves Mendes sobre unos meses en la vida del escritor José Saramago que se presenta este jueves en Cinemateca 18- es la capacidad de haber penetrado el cerco de intimidad del hogar del escritor en la isla de Lanzarote (una de las Canarias) y haber podido registrar imágenes de cotidiano realismo entre Saramago y su círculo más cercano, o sea, básicamente su esposa, la periodista española Pilar del Río.

Es desde esa cercanía que la película gana en interés, porque el espectador comienza a meterse en el día a día de Saramago y de su hiperactiva mujer, con sus pequeños momentos muertos, sus banalidades (como cuando el escritor describe la belleza de las cartas bailando por el monitor cuando gana una partida de solitario en su computadora), sus desvelos, sus risas, incluso en sus discusiones.

La cámara de Goncalves Mendes rodó más de 200 horas de material y es fácil imaginar que el trabajo de edición de la película debió ser arduo.

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Paradójicamente, el principal punto a favor del filme puede transformarse en el punto más negativo de José y Pilar. Porque el retrato que el documental hace (creo yo, incoscientemente) de la pareja protagonista está lejos de ser laudatorio.

Por un lado tenemos a un Saramago que ya tiene 81 años en sus espaldas, y que no puede seguir el ritmo alocado de giras, conferencias, firma de autógrafos, entrevistas y cientos de horas de avión, más cercana a un tour de los Rolling Stones que a la vida de un anciano (aunque los Rolling se salteen la cédula). El ritmo lo impone su esposa, Pilar, quien tiene una visión vital de continuo trabajo y de una positividad maquinal. En uno de los viajes por carretera por la hermosa y volcánica Lanzarote, Pilar del Río confiesa casi su declaración de principios sobre lo que creee que está bien para su marido. No desea que viva como un jubilado, sino que debe vivir al máximo de su resistencia.

El registro de la cámara es tan certero que la cara de Saramago va mutando en la pantalla: sus ojos se van hundiendo, su boca se arquea hacia abajo, se duerme de cansancio, se confunde las palabras; en fin, está agotado. Y la consecuencia es previsible. Debe ser internado durante cinco semanas para recuperarse.
Recién entonces, su esposa parece entender que no tiene al lado a un muchacho, si no a alguien a quien ya sigue la Parca.

Cuando se recupera, Saramago va a su aldea natal de Azinhaga, en Portugal, donde como homenaje bautizaron a una calle con su nombre. Pero esto no es todo.También le pusieron a otra calle, que cruza la anterior, con el nombre de Pilar del Río. Uno se pregunta cuál es el mérito de señora. Pero la respuesta llega en seguida. Pilar del Río es la presidenta de la Fundación José Saramago, quien administra la obra del escritor.

Es extraño que Saramago hable poco de literatura en la película. Apenas una linda anécdota de por qué se decidió a escribir El viaje del elefante,y no mucho más. El resto son opiniones simples sobre sus convicciones como comunista y ateo, de una argumentación un tanto ingenua. De todos modos, José y Pilar vale la pena como documento

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