26 de diciembre 2014 - 20:41hs

Decapitados, cuerpos quemados, tres balas en la cabeza y una moto que desaparece de la historia con los sicarios habiendo cumplido su trabajo. Estas noticias que llegaban usualmente desde Brasil, Colombia o México, son cada vez más comunes en Uruguay, y ya no solo en Montevideo.

Varios homicidios de este año y en particular el crimen de un delincuente en Minas, capital de Lavalleja, el fin de semana pasado, y el de su hermano, horas después, a la salida del entierro y a cinco cuadras del cementerio, demuestran que las ejecuciones por parte de sicarios crecen en cantidad y expansión territorial. En los últimos cuatro años, se duplicaron los ajustes de cuentas, según datos del Ministerio del Interior a los que accedió El Observador.

En 2011 hubo 40 homicidios por ajuste de cuentas, como llama el Ministerio del Interior a aquellos crímenes producidos por conflictos entre delincuentes, ya sea por deudas generadas por narcotráfico o por favores impagos. En 2012, los ajustes de cuentas casi de duplicaron en relación al año anterior, llegando a 77. Este crecimiento se consolidó en los últimos dos años. En 2013, hubo 81 muertes por ajuste de cuentas y en 2014, hasta el 30 de noviembre, 83.

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Por este crecimiento sostenido, entre otras razones, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, que mantendrá su cargo en el próximo período de gobierno, anunció que la Dirección General de Información e Inteligencia se focalizará en aclarar homicidios y rapiñas.

Hasta ahora, las divisiones de Homicidios de las cuatro zonas de la jefatura de Policía de Montevideo eran las encargadas de aclarar los crímenes. En el interior, esta tarea estaba a cargo de la división de Homicidios de las jefaturas departamentales.

Por su parte, la Dirección General de Información e Inteligencia se encargaba hasta ahora de otros asuntos, pero no de los homicidios.

A su vez, el Ministerio del Interior le encargó a la jueza penal Julia Staricco el seguimiento de los homicidios sin aclarar, y creó una división especial para tal fin, con el propósito de encontrar conexión entre unos y otros casos.

La captura de una banda de sicarios que operaba desde el barrio Casabó es otra prueba de que el delito está cambiando hacia modalidades que hace unos años resultaban extrañas por estas latitudes y parecían propiedad de México o Colombia.

El martes 9 de diciembre fue capturado por investigadores de Homicidios de la zona 3 de Montevideo el Rey, un joven de 21 años adicto a las drogas que integraba la banda de sicarios de Casabó que mataba por $ 3.500 a pedido de narcotraficantes, informó El País. En los días siguientes, cayó el resto de la banda: el Sebita, Dibu, Aron y el Purri.

A la hora 14.20 del 6 de diciembre, la banda, que tenía amordazado al barrio bajo amenazas, cometió el error que no podía. Se colocaron capuchas y fueron a realizar un “trabajo”, a ejecutar a un adolescente de 14 años. Sebita manejaba la moto y el Rey llevaba el arma. Disparó dos tiros. Una de las balas rebotó en el piso e impactó en el abdomen de una niña de cuatro años. Esa herida provocó el alarido del barrio y el fin de la banda de sicarios.

Este tipo de asesinatos aumenta los casos sin resolver, cuando el homicidio era el delito con mayor índice de aclaración.

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