En Argentina, mi padre solía planificar a largo plazo. Pensaba siempre en un horizonte a 25 o 30 años. Recuerdo que, cuando compró su segunda cosechadora (sin saber que yo iba a terminar relatando a Boca en Radio Mitre), me miró y me dijo: “Esto será tuyo y de esto vivirás”. Siendo yo su hijo, hoy con 52 años, entré a la vida económica planificándome hacia unos 10 o 15 años para adelante.
Sin embargo, hoy en día, observo que los amigos de mi hijo y muchos jóvenes planifican sus vidas semana a semana. Esta mentalidad se hizo evidente cuando, días antes de las elecciones, los supermercados estaban llenos de personas tratando de abastecer sus alacenas, previendo la inminente escalada de precios del lunes posterior a las elecciones. Hemos pasado de una mirada a 25 años a una mirada a 7 días.
El filósofo y teólogo medieval Guillermo de Ockham, conocido por su principio metodológico llamado “Navaja de Ockham”, afirmaba que la explicación más simple es la mejor. Y creo que hay que ir por la explicación más simple: la visión de corto plazo ha llegado lamentablemente a convertirse en un fenómeno perdurable en Argentina.
Entonces, como los argentinos hemos pasado de maratonistas a corredores de 100 metros, todo puede pasar en el balotaje que se viene. La acelerada de Massa (poniendo plata en el bolsillo de muchos) y la acelerada de Milei (proponiendo dolarización, terminar con la inflación de un día para el otro y acabar con la casta) superaron a una corredora de media maratón como Bullrich.
En Argentina nos acostumbramos a analizar fotos. Por eso, se nos hace imposible ver el final de la película. No podemos ver lo que pasará hacia adelante. La esperanza de vida en Lesoto, al sur de África, es de 50 años, mientras que en Japón es de 86. En Lesoto, a los 35 años, ya se es considerado anciano, lo que significa que debés pensar y planificar más rápido que en Tokio u Osaka. A los argentinos el martes se nos hace viernes y el viernes se nos hace lunes. Acá últimamente los relojes andan más rápido y dos más dos nos está dando cinco. Pero hay un estímulo que no cambia nunca: el miedo.
Pareciera que aquí el miedo motoriza más que la expectativa. ¿Y quién puede venir a criticarnos esto con todo lo que hemos pasado en estos años? Los argentinos vivimos preparándonos permanentemente para lo que nos puede tocar. Y el miedo nos ha entrenado.
Vale la pena citar a Seligman, un psicólogo de los años 70, que sostuvo que las personas y los animales pueden desarrollar ansiedades y reacciones negativas hacia estímulos que históricamente representaron una amenaza para su supervivencia. Las emociones, según él, tienen un alto valor adaptativo y facilitan la supervivencia.
En definitiva, hoy se nos hace imposible detectar lo que va a pasar. Se acumulan errores o sorpresas porque hay un mundo hiperexpresado, caótico, un mundo que pasó de la neurosis a la psicosis a la hora de opinar, sobre todo en las redes sociales. Jean Baudrillard denunció este exceso de expresividad como "el trastorno esencial del régimen postindustrial". Las discusiones en plataformas como Tik-Tok y otras redes sociales complican aún más la capacidad de anticipar los resultados electorales. El paisaje neurótico descrito por Freud es reemplazado por una explosión psicótica de flujos de inconsciencia que invaden el espacio del discurso político.
Por último, mi actitud respecto a cómo se vota en Argentina es bastante pesimista. El posestructuralismo, en la versión de Jacques Lacan, sostiene que el inconsciente está estructurado como un lenguaje y que el Inconsciente es el lenguaje del otro. Es decir, no es que el hombre hable un lenguaje, sino que el lenguaje habla al hombre. El lenguaje es preexistente a mí como ser humano. Llego al mundo y el lenguaje está antes que yo. Conectando esta teoría con nuestro tema, advertimos que ya hay mucha gente que no vota, sino que es votada. El voto es preexistente a la decisión.
Y no es porque le den a la persona una boleta y le digan “votá a tal candidato”. Se trata de una especie de voto filogenéticamente determinado, que lleva a muchos a votar siempre de la misma manera. No digo ni que esté bien ni que esté mal. Pero creo que es
un voto que no se piensa. El voto parece estar predeterminado, forzando a muchos a votar de la misma forma una y otra vez. Tal vez esto explique el voto peronista.
Quizás debamos aceptar que en Argentina votamos desde una “zona de confort”, que no deja de ser una gran prisión donde el miedo es el carcelero. El maestro del terror, H. P. Lovecraft, afirmaba que el miedo es la emoción más antigua y poderosa del ser humano. Habrá que ver en el balotaje qué miedo triunfa sobre el otro: si el miedo a lo desconocido representado por Milei o el miedo a seguir como hasta ahora personificado por Sergio Massa.