19 de agosto de 2011 22:06 hs

La inversión en el mercado inmobiliario, ya sea urbano o rural, se convierte en estos tiempos de inestabilidad internacional en una opción para invertir con niveles de seguridad.
En Uruguay el mercado se presenta con un fuerte dinamismo en un sector que incluso recluta personal femenino para hacer frente a las carencias de mano de obra que muestra la construcción, actividad que este año volverá a tener valores altos en cuanto a los metros cuadrados autorizados.
En un foro realizado ayer por la revista Portfolio y Gales Servicios Financieros en el hotel Radisson, el economista Fernando Sader, experto en temas inmobiliarios, marcó algunas oportunidades de negocio en Uruguay. En tal sentido, señaló la compra de campos y viviendas del tipo Premium en Punta del Este y Montevideo. En el caso de la capital, el sector Premium refiere a propiedades grandes, pero también a otras de menor porte, explicó.
En la primera línea de dónde invertir también mencionó al World Trade Center, el complejo de edificios de Montevideo que, según dijo, corre a favor con “su marca”, que da tranquilidad a los compradores del exterior. También detectó un buen negocio en las viviendas en mercados con desajustes entre la oferta y la demanda. En particular se trata de unidades pequeñas unipersonales con todos los servicios que ofrecen los edificios modernos y bien ubicadas en la ciudad. Dentro de ese segmento están también las casas de barrios privados o semiprivados “donde la oferta está por debajo de la demanda”.
Una característica de Uruguay es que el crédito bancario a la vivienda es muy bajo, aunque ahora está volviendo al ruedo el Banco Hipotecario.
Sader trazó también un panorama del escenario internacional inmobiliario donde se registran precios sobrevaluados.
“El barrio es caro”, dijo al referirse a la región. En Europa los inmuebles están sobrevaluados más de 40%, por ejemplo en España y Francia, y en EEUU 10%, pese a que el valor de los inmuebles cayó en 2008 con la crisis de las hipotecas subprime (de baja calidad).
El analista marcó incluso “señales de alerta” al considerar la existencia de eventuales ajustes de precios en Europa y EEUU. Este país incluso puede registrar una segunda devaluación de los precios de activos inmobiliarios.
En lo regional, el alerta viene por el lado del enlentecimiento de las economías, en particular de Argentina, de donde provienen los primeros inversores cuando las cosas andan bien pero son los primeros en retirarse cuando el viento cambia.
Para Uruguay, Sader marcó en la columna de las preocupaciones “el fuerte costo en dólares de la mano de obra, rubro que representa entre 40% y 50% del total de una obra”.
Tierra
Sobre los campos, el ingeniero agrónomo Nicolás Lussich recordó que la tierra tiene el valor “de la seguridad del activo” y hoy, además de su rol productivo, se observa como un refugio en un país que ofrece un marco institucional “robusto y con garantías”. Dijo, asimismo, que la tierra “por definición tiene baja rentabilidad”, pero su precio sube cuando las tasas bancarias –como en la actualidad– están muy bajas.
De hecho, comentó Lussich, el precio de la tierra en Uruguay se multiplicó por cinco desde los mínimos registrados en 2001 y 2002. En un mercado de venta que se presenta “quieto”, los precios de los campos varían según su destino de producción.
Los campos agrícolas del litoral, que son los más cotizados, pueden rondar los US$ 9.000 la hectárea, los agrícolas de la zona centro se pagan entre US$ 4.500 y US$ 6.000, los campos ganaderos entre US$ 3.500 y US$ 4.500 y los forestales (que son de menor calidad) US$ 3.000 la hectárea.
Lussich también comentó que el impuesto a los campos mayores a 2.000 hectáreas que impulsa el gobierno puede terminar concentrando más la tierra, que es precisamente lo que la administración Mujica busca combatir.
En el foro varios panelistas coincidieron en señalar que habrá una desaceleración global de la economía.

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